Entre Macri, el Alberto, el Caño lubricado y Centurión y la muchachada del FMI
(f.a g)
El asado te hace cagar y aprovecho para escribir con el celular mientras los chinchulines y la morcilla y todo se deposita. El Alberto es nuestro Señor Presidente, un Alberto panzón y bigotudo. Venimos de pasar cuatro años de aguantar al pánfilo de Macri, un pánfilo paqueto que nos endeudó y nos líquidó. En el camino hubo cómplices, y muchos de esos cómplices ahora son parte del nuevo Gobierno. El Alberto enamora, a mí nunca me enamora ese tipo de gente. Es Argentina, hay para repartir y tenemos para todos los gustos. El Centurión para los fachos de siempre: "hay que privatizar, matar a la negros, y reivindicar la dictadura"(sic).
Un país muy raro la Argentina donde parece que nadie votó a Macri en 2015 (son contados con los dedos de las manos los que admiten ese voto, poco sinceramiento). Ahora son todos "albertistas". La esperanza es un mal condimento, porque te levanta el ánimo para que entre mejor la verga del poder. En 2018 cuando entramos en deuda nadie levantó un dedo, y ahí empieza la gran inflación. Todos eran macristas en 2018(o casi todos), y Kristina casi va en cana. De ser una ideología "marginal" el Kirchnerismo tuvo que hacer alianza con los albertistas y hacer "un todo" para que las urnas exploten en un país donde nadie es sincero y todos se suben al carro del triunfo cuando la alegría es el capital de la mediocridad nacional. Pero allá a lo lejos tuvimos a la izquierda cara de nada, esa izquierda argentina que sale de las clases acomodadas: "los docentes, los docentes y los docentes y sus bajos salarios"(sic), el discurso de nuestra izquierda no puede ver que hay trabajadores más allá de los docentes. Una vieja chicana nacional: Jacinta Pichimaguida lo sabía y sus llantos fueron un ícono de la TV.
Un país donde nadie es sincero y todos esconden sus sentimientos es un país condenado a la apatía de clase. En agosto del 2019 el dólar se dispara de 40 a 60 y el Alberto nos dice: "estaba barato el dólar". Los sindicatos y la CGT aplaudían porque siempre fueron leales a la mentira y obsecuentes del carro del triunfo.
Del Caño, el Alberto y Macri o El Espíritu Santo, el Padre y el hijo. O al revés, porque esto es como las matemáticas: nada altera el producto (o algo así, siempre tuve uno en Matemáticas).
Un país muy raro, donde la clase trabajadora nunca tuvo conciencia de clase, y siempre pensó que todo se soluciona votando "a gente simpática que habla de crecimiento". Mientras tanto los muchachos del FMI gozan de buena salud y nosotros con una sonrisa brindamos por un 2020 de Reforma Previsional y Laboral. Todo sea por la felicidad.
Una linda cagada.
Fabián Ariel Gemelotti
(Jueves 1 de enero de 2020, primer escrito del año)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario