viernes, 3 de enero de 2020

La CGT

La clase trabajadora y la CGT

(f.a.g.)

Nunca vi algo tan ridículo como las centrales obreras en estos tiempos. Una CGT cada día más patronal, que pacta con el estado nacional un "aumento" en dos tramos de cuatro y tres mil pesos. La inflación en febrero ya se comió ese "aumento". Esto que está pasando en el país es muy ridículo. Un Gobierno que habla de pobreza y mete un ajuste en impuestos y libera al IVA en alimentos aumentando los productos de la canasta familiar. A los jubilados los arreglaron con cinco mil pesos que llegan a $22.000 que no alcanza a cubrir nada. Y la vida de un "viejo" depende de remedios y buena alimentación para no morir. A los "pobres estructurales" cuatro mil para paliar el hambre, pero todavía esa tarjeta no llegó a las grandes urbes como Gran Buenos Aires ni Rosario y Córdoba, donde se concentra la gran pobreza y donde hay chicos famélicos y problemas grandes de vivienda.
El país tiene un 40 a un 50% por ciento de pobreza. El país tiene a la clase media endeudada. El país tiene a la industria paralizada. El país tiene más de la mitad de los negocios del país quebrados. Y el Gobierno habla que hay que reducir jubilaciones de un sector, como si así van a solucionar el hambre. En Santa Fé Perotti corrió la fecha de pago de los salarios estatales, generando con esto recesión en el consumo y pesadumbre en los trabajadores que van a pagar alquileres e impuestos fuera de término. En vez de generar consumo con el pago de salarios en término, por capricho y bicicleta financiera lo corren de fecha y generan más crisis en la Provincia más rica del país. Si bien el Socialismo hizo estragos, no hay motivos válidos para correr el pago de salarios. Y si lo hubiese tendrían que haber llegado a un arreglo previo con los sindicatos provinciales para ver la forma de no quedar sin dinero los trabajadores. Hablando la gente se entiende, no hace falta pelear ni agredir.
Un país que toma deuda millonaria con el FMI en 2018 y las centrales obreras no dicen nada, inmovilizando a sus trabajadores en reclamos legítimos a Macri, no puede ahora la CGT hablar de defensa del trabajo cuando la misma central obrera fue cómplice del saqueo del país, por complicidad en negociados o por inútil, pero cómplice al fin y al cabo.
Un país donde el 11 de agosto de 2019 el dólar de $40 pasa a $60 y el presidente actual da visto bueno a esta disparada de la divisa extranjera diciendo: "el dólar estaba barato", le quita impronta a una gestión que se burla de la clase trabajadora.
Ya no tiene sentido a esta altura de nuestra Historia patria hablar de Peronismo, socialismo o comunismo. Un trabajador es un trabajador y un compañero de trabajo es un compañero de trabajo más allá que sea radical, Peronista o socialista o macrista. La pertenencia a un partido determinado no te quita validez como asalariado. Eso lo entendemos los que fuimos delegados alguna vez o formamos parte de alguna lista gremial. Fui parte de una lista, la Marrón donde había radicales, troskos, peronistas y Socialistas. A la hora de luchar estábamos unidos, porque nos unía nuestra fuente de ingresos y nuestra identidad laboral. Es hora que la clase trabajadora deje a un lado sus fanatismos estúpidos y dejé de repetir las consignas políticas que se le baja de las redes sociales y los medios hegemónicos (C5N también es un medio hegemónico ahora en 2020 siendo oficialista).
Ante todo uno es trabajador y recién después es Peronista o radical o socialista o comunista. Y si un gobierno es ridículo hay que decirlo, porque callarse es ser cómplice del hambre y de la muerte de la clase trabajadora.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 04/01/020, una de la madrugada)

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