La amante
(relato/ensayo)
(f.a.g.)
Amante es una palabra casi en desuso, en tiempos donde ya las palabras están siendo desechadas por lenguajes rebuscados y fuera del canon académico. No es ni malo ni bueno eso, simplemente ocurre así. Lawrence supo plasmar la desesperación del amor en su gran novela El amante de Lady Chatterley. La mujer burguesa y el hombre bruto, donde el sexo canaliza el faltante de cada uno. Una novela única. Y Madame Bovary de Flaubert es otra gran novela de amantes, de amores furtivos que van construyendo la destrucción personal del personaje, hasta llevarla a la muerte. Pero, a mi entender, uno de los libros más lúcidos y bellos sobre el desborde del deseo es Adiós a Las Vegas, de John O'Brien. En esta novela de 1990 los personajes se cruzan y se enamoran, cada uno víctima de sus destinos de soledades. Ella una prostituta de la calle y él un alcohólico que va a la ciudad del pecado a morir bebiendo. Creo que muy pocas novelas logran mostrar que la destrucción se puede transformar en felicidad y que la muerte redime en una forma "moral" pero que no es moral tribial.
Fitzgerald supo mostrar los desbordes de las clases dominantes, las soledades de los ricos. Su obra es grandiosa y su novela El gran Gatsby desnuda ese poder del dinero que puede destruir a una persona (¿hay una moral del capitalismo en Fitzgerald?).
"El amor es desborde o no es amor", solía decir Conrad. Esta historia es una historia de desbordes y de sexo y sobre todo de soledades, porque la soledad es lo que une a los amantes.
Tirados en la cama de un hotel de la ruta Ana y Javier fumaban. El cigarrillo en los dedos de él se consumía y ella tenía las tetas sobre el pecho de su amante y el cigarrillo en sus dedos que acariciaban el pelo rubio de Javier. "Mi marido me tiene cansado, me vigila mucho últimamente", "mierda, no te hagas drama es un viejo y los viejos hacen eso", "pero me revisa el bolso y tengo miedo que descubra algo", "en tu bolsa no hay nada que pueda descubrir", "ya lo sé, pero tengo miedo". El la aparta y ella queda mirando el espejo del techo y él se sube sobre ella y juega en la concha y se va metiendo poco a poco y cuando está adentro ella grita "hasta el fondo" y el la bombea y ella se mueve y levanta su cuerpo y se mueve y ella está muy mojada y ella grita y él le acaricia el cabello y ella grita cada vez más fuerte y él la besa y ella lo muerde y así y van y vienen los golpes de verga en la concha y se abrazan y ella grita y grita y grita y él suda y el sudor cae en el cuerpo de ella y acaban y se pone cada uno en un costado de la cama y se miran desnudos mirando el espejo del techo.
En las relaciones de amantes hay desbordes, porque se transgrede las costumbres sociales del amor monogámico. Los amantes buscan placer y nada más que placer, y en las palabras que son soporte de esa relación hay complicidades que solamente sirven para calmar ese deseo frustrante del amor marital.
"Tu verga me calma y me agota Javi", "traje lubricante para hacerte el culo", "mi marido el otro día me dijo que me veía feliz", "es que ahora mi verga te da felicidad", "sí, tu pija es mi felicidad amor mío", "mi novia dice también que me ve feliz", "esa pendeja idiota me mira mal, como si supiera que cojo con vos".
La amante goza sabiendo que se coge al hombre de otra. Y el amante goza sabiendo que se coge a la mujer de otro. En ese goce transgresor está la felicidad de tener amante.
Javier mira el espejo ahí acostado en la cama y ella también lo mira a ese espejo donde los cuerpos son el deseo y ve su verga grande y las manos de Javier que juegan en una masturbación de adolescente o de adulto de paja al lado de un cuerpo desnudo.
En las relaciones de amantes la mujer entrega todo, todo lo que le niega al esposo se lo entrega a su amante. El amante es el dios que santifica su felicidad.
Javier aspira cocaína y ella mira y se levanta de la cama y sirve Coca cola y bebé y el aspira y sacude su cabeza y él se levanta y va junto a ella y agarra el vaso y lo deja en una mesita y la empuja a ella contra la pared y se arrodilla y la lengua de Javier lame las piernas de Ana y Ana lo mira y abre las piernas y Javier mete su lengua en el ano de Ana y lo chupa y lo chupa y lo chupa de una forma que ella sabe que eso es la felicidad.
Margaret supo plasmar ese deseo asiático en su novela de amantes. Fante en Échale la culpa al polvo nos habla de un amor no consumado, ese deseo que nunca llega. Eso no es amor, diría Carver en De qué hablamos... porque en los polvos de amantes la culpa no es del polvo, porque el polvo es la esencia de los amantes.
Ana siente frío y ese frío es el deseo. Javier vuelve a inhalar cocaína.(esnifar y snorting, meras palabras académicas) Ella lo mira y lo vuelve a mirar: "mi marido te mataría por estar tomando coca", "es un policía de mierda ese gordo alcahuete", "no digas eso, es buen tipo", "pero cornudo".
La amante siente compasión por su esposo, porque en las frases despectivas del amante siempre hay rencor por lo marital. La amante en el fondo solamente quiere la verga de su amante y el amante solamente quiere coger a la amante.
La amante del Teniente francés me gustó mucho. Cuando la ví por primera vez me dije que los hombres que odiamos las convenciones sociales nacimos para ser amantes.
Ella siente suciedad en su cuerpo y él la abraza y la besa y la penetra y ella goza y acaban y el semen de él es el fruto que ella ama y él saca la pija toda pegajosa y se sube sobre ella y ella lame y saborea y después lo empuja con asco.
La mujer satisfecha ha cogido con su amante. No hay culpa y a su vez la culpa flota en el aire. La amante se viste y él también se viste y se van y él se baja en su barrio y ella sigue hasta su casa y estaciona el auto y su marido la ve entrar a la casa y ella va derecho al baño y se pega una ducha y vuelve y su marido la mira "hoy atrapamos a unos vendedores de drogas", "bien amor", "a esos hijos de putas hay que matarlos, pero es todo muy difícil", "claro", "¿a dónde fuiste?", "A comprar zapatos al shopping".
La amante miente y el marido sabe que miente. En esa mentira que los dos saben que es una mentira necesaria está la esencia de toda relación matrimonial.
Fabián Ariel Gemelotti
(Mar del Plata, 15/01/2019, una de la madrugada)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario