jueves, 9 de enero de 2020

Te amaré

Te amaré eternamente

(relato de amor)

(f.a.g.)

Esta historia, como toda historia, tiene un principio. Y así comienza.
Judith al conocer a Uriel se enamoró perdidamente. Esos amores puros de adolescentes. Ella 15 años y él 17. Ella rubia de ojos azules y él también rubio. Todo el día juntos y el amor iba creciendo a cada caricia y a cada beso y a cada momento del día. Pero un día ocurre la tragedia. Todo amor puede terminar en forma brusca o en forma lenta, esos amores que se van apagando día a día. Pero este amor estaba en la cúspide y fue la tragedia lo que puso punto final al amor. Un día estaban haciendo el amor en la habitación del muchacho y era un sexo puro y de mucha ternura. El sexo no tiene por qué ser salvaje ni animal. El buen sexo es tierno y de caricias y de besos apasionados. El la penetraba y la acariciaba. Era todo suavidad de movimientos lentos en el interior de ella. La humedad de ella y el falo de él jugaban y esa sensación de amor era única. Pero ella de pronto queda quieta. Y él saca el pene y la agarra de los cabellos y la sacude. Pero estaba muerta. La muerte fue el final de ese amor "eterno".
Uriel se siente triste y no soporta esta pérdida. Pasan los años y pasan rápido. La vida pasa más rápido de lo que pensamos. Una vez a la semana Uriel iba a la tumba de su amada a llorar y a dejar flores. Eran lágrimas de angustia. Si la angustia persiste se transforma en melancolía. Y la melancolía puede durar toda una vida. La angustia es parte de la vida. Uriel tenía melancolía y nunca pudo superar la pérdida de Judith. ¿Un duelo mal trabajado? En definitiva ese es el condimento que lleva a la melancolía. Mandame Bovary es un ejemplo.
El muchacho todos los domingos iba al cementerio. Pero un día se queda dormido sentado en la tumba. Y al despertar era de noche. Uriel no siente miedo. Y las lágrimas empiezan a llenar su cara. Y besa la foto de su amada. Y de pronto siente frío en su cuerpo. Un frío extraño. Un frío de muerte. Y siente que se muere. Y sí, Uriel tiene un infarto y la muerte es ahí sobre la tumba de su amada. Una muerte bella, quizás una muerte soñada.
Hay amores eternos que van más allá de la vida. Y la muerte es el fin de la angustia.

Fabián Ariel Gemelotti

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