Las jerarquías en la Argentina
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
La Argentina es un país de jerarquías bien marcadas. En definitiva el mundo tiene jerarquías, pero acá lo que me interesa es hablar de Argentina. Ayer miraba por internet mientras estaba recostado en la cama y mi amiga se pegaba una ducha (miraba el culo de ella y miraba la pantalla de mi computadora), miraba la marcha de apoyo a Macri. Eran las ocho de la noche y jugaba Newell's y miraba tres cosas: el cuerpo de mi nueva amiga y el jabón que se lo pasaba por las tetas y el partido de Newell's y Boca y la marcha macrista (creo que fue de tarde, en internet se pierde la noción de tiempo y espacio y uno no sabe si es directo o repetición algo que está viendo). Veía a esos pelotudos que todavía apoyan a Macri. Gente grande de más de cincuenta años, esos son los que apoyan al macrismo, las generaciones frustradas de la Argentina. Los viejos de más de setenta años son muy jodidos en este país. En 2015 los mayores de sesenta años votaron a Macri y los mayores de cuarenta también. Hasta treinta y cinco años votaron a Scioli. O sea, Macri llega al poder con el voto de gente vieja, frustrada y ese discurso machista y católico retrógrado de la Argentina jerárquica. Natalli, mi nueva amiga después de dos meses de duelo por una gran amor que me ha dejado, me dice: "tenés muchos libros Fabi, yo nunca leí un libro entero". Bueno, ella tiene 19 años y no lee libros pero no es retrógrada ni macrista ni le interesa hacer la diferencia entre macristas y no macristas. Hacer la diferencia me interesa a mí, porque escribo y porque tengo lectura. Me gusta la gente joven, porque creo en la juventud del país. Pero los jóvenes también están quemados en el país: falta de oportunidades laborales, maltrato laboral al que tiene laburo estable y falta de acceso a la educación a los sectores de clase media baja.
La Argentina tiene estratos sociales muy bien marcados. Dentro de las clases sociales hay estratos. No se puede simplificar algo a las tres categorías básicas: clase alta, media y baja; porque dentro de cada clase hay estratos bien marcados. La clase alta es macrista, porque los valores del macrismo son sus valores de vida. No los culpo, ellos defienden sus intereses económicos. Sería tonto querer "cambiarlos". Aparte la clase alta es minoría, pero esa minoría concentra el mayor capital en el país. Dentro de los sectores altos hay mucha "igualdad" de pensamiento y uno los identifica fácilmente: muy buena ropa, casas de lujo, blancura en la piel y gustos caros y ese desprecio al pobre propio de los ricos del país. Después tenemos una parte de los "nuevos ricos", esa clase media que hizo una moneda durante el menemismo. Entonces la clase alta se empezó a llenar de morochos, y de vulgaridades (no porque sean morochos, sino porque llegan a clase alta con odio de clase a sus pares, o sea son los llamados culos rotos); un sector que odia al Peronismo pero que no es admitida en el Jockey Club por ser "morocha y negrita vulgar". A los ricos de alcurnia les molesta los nuevos ricos, porque "le quitan identidad cultural a su clase".
Después tenemos a los sectores medios, una clase social con mucha variante. El macrismo la está eliminando de a poco. Ahora hay poca clase media, y descienden a clase baja. La clase media es un concepto económico y cultural. Un maestro que cobre treinta mil pesos es clase media aunque no llegue a fin de mes. Un camionero que cobra cien mil pesos es clase media en ingresos, pero clase baja en nivel cultural. Entonces el maestro, que es un muerto de hambre, desprecia al camionero que cobra tres veces un salario docente. Ahí vemos una división de estratos en la clase media. El macrismo destrozó al sector medio, y cuatro años más de macrismo lograría "emparejar" al país en clases como en todos los países de América latina donde no hubo Peronismo; el Peronismo creó a la clase media y cierta igualdad dentro del capitalismo. El Peronismo dio accedo a la educación y refinó los gustos "del negraje" que puede tener el mismo celular que su patrón. El Peronismo creó una sociedad de goce, dio igualdad sexual: se mezclaron negros sobaqueros con blanquitas. Lamborghini los caracteriza en sus cuentos. Y Manuel Puig en sus novelas. Boquitas pintadas es una novela de "un negro de mierda" que se coge a una "blanquita educada". Manuel Puig era un excelente retractador de estratos sociales. Roberto Arlt también, y Florencio Sánchez otro genio en retractar jerarquías en Argentina.
Los sectores bajos también son jerárquicos. Hay "negros que viven en casas de chapa" y "negros que viven en la misma villa en casas de material". El de casa mejor llama al de casa de chapa "negro". Los dos son de piel obscura, pero uno discrimina al que menos tiene. La chica de barrio humilde que obtiene un título universitario discrimina a la otra chica que limpia casas o es empleada de un comercio de baja categoría. El pibe que vende merca y anda en una moto cara discrimina al pibe que labura en una fábrica. Todo es cuestión de moneda y la guita y los ingresos crean las condiciones del pensamiento de clase.
Natalli me ve escribir y me pregunta qué escribo. Le digo que escribo sobre el país. Se ríe y me dice con su sonrisa franca: "¿para qué tantos libros?"; "Amo leer", le digo. Y me dice: "leer, ¿para qué sirve leer tantos libros?"
Extraño todavía a mi último gran amor. Hace dos meses que no la veo. Extraño su blancura, su inteligencia y sobre todo extraño su nivel cultural. No solamente coger es importante para el goce de clase.
Mi nueva amiga es de piel "negrita". Hacia años que no estaba con "una negrita". Amigo lector no me tildes de "racista". No lo soy, pero me gustaron siempre mucho las rubias, porque las rubias son muy inteligentes y muy mimosas. Es una cuestión de clase.
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 29 de septiembre de 2019)