domingo, 29 de septiembre de 2019

La ignorancia

Las jerarquías en la Argentina

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La Argentina es un país de jerarquías bien marcadas. En definitiva el mundo tiene jerarquías, pero acá lo que me interesa es hablar de Argentina. Ayer miraba por internet mientras estaba recostado en la cama y mi amiga se pegaba una ducha (miraba el culo de ella y miraba la pantalla de mi computadora), miraba la marcha de apoyo a Macri. Eran las ocho de la noche y jugaba Newell's y miraba tres cosas: el cuerpo de mi nueva amiga y el jabón que se lo pasaba por las tetas y el partido de Newell's y Boca y la marcha macrista (creo que fue de tarde, en internet se pierde la noción de tiempo y espacio y uno no sabe si es directo o repetición algo que está viendo). Veía a esos pelotudos que todavía apoyan a Macri. Gente grande de más de cincuenta años, esos son los que apoyan al macrismo, las generaciones frustradas de la Argentina. Los viejos de más de setenta años son muy jodidos en este país. En 2015 los mayores de sesenta años votaron a Macri y los mayores de cuarenta también. Hasta treinta y cinco años votaron a Scioli. O sea, Macri llega al poder con el voto de gente vieja, frustrada y ese discurso machista y católico retrógrado de la Argentina jerárquica. Natalli, mi nueva amiga después de dos meses de duelo por una gran amor que me ha dejado, me dice: "tenés muchos libros Fabi, yo nunca leí un libro entero". Bueno, ella tiene 19 años y no lee libros pero no es retrógrada ni macrista ni le interesa hacer la diferencia entre macristas y no macristas. Hacer la diferencia me interesa a mí, porque escribo y porque tengo lectura. Me gusta la gente joven, porque creo en la juventud del país. Pero los jóvenes también están quemados en el país: falta de oportunidades laborales, maltrato laboral al que tiene laburo estable y falta de acceso a la educación a los sectores de clase media baja.
La Argentina tiene estratos sociales muy bien marcados. Dentro de las clases sociales hay estratos. No se puede simplificar algo a las tres categorías básicas: clase alta, media y baja; porque dentro de cada clase hay estratos bien marcados. La clase alta es macrista, porque los valores del macrismo son sus valores de vida. No los culpo, ellos defienden sus intereses económicos. Sería tonto querer "cambiarlos". Aparte la clase alta es minoría, pero esa minoría concentra el mayor capital en el país. Dentro de los sectores altos hay mucha "igualdad" de pensamiento y uno los identifica fácilmente: muy buena ropa, casas de lujo, blancura en la piel y gustos caros y ese desprecio al pobre propio de los ricos del país. Después tenemos una parte de los "nuevos ricos", esa clase media que hizo una moneda durante el menemismo. Entonces la clase alta se empezó a llenar de morochos, y de vulgaridades (no porque sean morochos, sino porque llegan a clase alta con odio de clase a sus pares, o sea son los llamados culos rotos); un sector que odia al Peronismo pero que no es admitida en el Jockey Club por ser "morocha y negrita vulgar". A los ricos de alcurnia les molesta los nuevos ricos, porque "le quitan identidad cultural a su clase".
Después tenemos a los sectores medios, una clase social con mucha variante. El macrismo la está eliminando de a poco. Ahora hay poca clase media, y descienden a clase baja. La clase media es un concepto económico y cultural. Un maestro que cobre treinta mil pesos es clase media aunque no llegue a fin de mes. Un camionero que cobra cien mil pesos es clase media en ingresos, pero clase baja en nivel cultural. Entonces el maestro, que es un muerto de hambre, desprecia al camionero que cobra tres veces un salario docente. Ahí vemos una división de estratos en la clase media. El macrismo destrozó al sector medio, y cuatro años más de macrismo lograría "emparejar" al país en clases como en todos los países de América latina donde no hubo Peronismo; el Peronismo creó a la clase media y cierta igualdad dentro del capitalismo. El Peronismo dio accedo a la educación y refinó los gustos "del negraje" que puede tener el mismo celular que su patrón. El Peronismo creó una sociedad de goce, dio igualdad sexual: se mezclaron negros sobaqueros con blanquitas. Lamborghini los caracteriza en sus cuentos. Y Manuel Puig en sus novelas. Boquitas pintadas es una novela de "un negro de mierda" que se coge a una "blanquita educada". Manuel Puig era un excelente retractador de estratos sociales. Roberto Arlt también, y Florencio Sánchez otro genio en retractar jerarquías en Argentina.
Los sectores bajos también son jerárquicos. Hay "negros que viven en casas de chapa" y "negros que viven en la misma villa en casas de material". El de casa mejor llama al de casa de chapa "negro". Los dos son de piel obscura, pero uno discrimina al que menos tiene. La chica de barrio humilde que obtiene un título universitario discrimina a la otra chica que limpia casas o es empleada de un comercio de baja categoría. El pibe que vende merca y anda en una moto cara discrimina al pibe que labura en una fábrica. Todo es cuestión de moneda y la guita y los ingresos crean las condiciones del pensamiento de clase.
Natalli me ve escribir y me pregunta qué escribo. Le digo que escribo sobre el país. Se ríe y me dice con su sonrisa franca: "¿para qué tantos libros?"; "Amo leer", le digo. Y me dice: "leer, ¿para qué sirve leer tantos libros?"
Extraño todavía a mi último gran amor. Hace dos meses que no la veo. Extraño su blancura, su inteligencia y sobre todo extraño su nivel cultural. No solamente coger es importante para el goce de clase.
Mi nueva amiga es de piel "negrita". Hacia años que no estaba con "una negrita". Amigo lector no me tildes de "racista". No lo soy, pero me gustaron siempre mucho las rubias, porque las rubias son muy inteligentes y muy mimosas. Es una cuestión de clase.

Fabián Ariel Gemelotti

(Domingo 29 de septiembre de 2019)

sábado, 28 de septiembre de 2019

El

El saber se transmite por el semen
(Por: Fabián Ariel Gemrlotti)

La pendeja es una negrita, esas negritas sudadas que a los blancos y educados nos atrapan en algún momento de la vida. La conocí en la facultad, yo iba a almorzar al bar enfrente de Derecho: "¿hoy qué vas a comer?", la negrita siempre me miraba bien, provocando y tratando de levantarme. Yo iba con mi novia rubia y bien blanquita, una abogadita de 46 años, cuatro más que yo. La pendeja bsmboleaba el orto, un orto bien trabajado y lo movía cuando me daba la espalda después de servir la comida. Como decía, yo iba siempre con mi novia, y nunca podíamos entablar una conversación, la negrita y yo. La negrita me calentaba y no me dejaba dormir. Yo en esos tiempos tenía la cátedra de Procesal Uno. Y un estudio jurídico donde currábamos a los  incautos delincuentes que vendían merca. Todo es un arreglo, policía, estudio y delincuentes. La trilogía de la droga. Dejaba mucha guita eso, pero mi pasión era dar clases. Soy docente de alma. Mi novia la blanquita se fue de vacaciones a España y me dejó el terreno libre para levantarme a la negrita. Entro al bar solo, y la veo apoyada a la barra y veo lágrimas en sus ojos. Me arrimo y le pregunto qué le pasa: "mi novio me dejo"; "no te hagas problemas querida, ya lo vas a olvidar"; "noooo... lo amo". Eran la una de la tarde y ya me iba a mi casa desilusionado porque la negrita estaba enamorada y no me la iba a coger. Llego al estacionamiento y me subo a la camioneta y siento que golpean el vidrio de la ventana y miro y era la negrita: "por favor, ¿me lleva a mi casa"; "subí". Desparrama su cuerpo en el asiento y sus piernas delgadas me rozan. No digo nada pero encaro para la ruta a toda velocidad. Y meto la camioneta en un telo, y ella sinrie. Entramos a la habitación y estoy nervioso y ella se arrima y me toca el bulto y me besa el cuello y sube con su boca hasta la oreja y me la muerde: "hoy me vas a coger lindo". Suena el celular y era ni novia rubia que me llamaba de España. Me habla "bla bla bla bla bla", y la negrita se desviste al compás de la voz de mi novia, que yo había puesto el alta voz. La pendeja se arrima y me muerde y me lame la mano. Mi novia seguía hablando "bls bla bla bla". Y le corto la comunicación y me desvisto y me tiro en la cama. La negrita se acuesta a mi lado y me empieza a besar. Su lengua va de un lado a otro e ingresa a mi boca y sale y entra y sale. La aparto y prendo un pucho: "yo nunca leí un libro", me dice la negrita y la miro con ojos tristes y la beso. Se pone a llorar en mi pecho y agarro su cabeza y la voy bajando hasta mi pija. Me la chupa un buen rato y sus lágrimas bañan mi verga y mis huevos. Y me dice la negrita: "nunca leí nada, quiero que vos me eduques". Le digo que la voy a educar y se pone en cuatro patas. Y la penetro y le doy con toda mi alma. Acabo y ella acaba. Y nos recostamos y me abraza y la abrazo y me dice cosas lindas y yo también. Y le digo mirándola a los ojos: "el saber se transmite por el semen. Te voy a enseñar todo.". Ella se ríe y me dice: "yo quiero que me cojas nada más, no quiero educación. Recién te pedí que me eduques por decir algo". Y desde esa tarde la negrita sobaquera y rústica chupa pijas se transformó en mi fantasía y en mi amante. Yo un blanquito abogado he caído en la tentación.

Fabián Ariel Gemelotti

El saber

El saber se transmite por el semen

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

En la playa estoy fumando y el sol golpea mi cuerpo. Son las once de la mañana y me estoy aburriendo. Soy Joaquín Piedrabuena, un escritor de folletines para revistas de amor. Me siento solo y angustiado, y el mar me abruma. El sol penetra y la gente pasa a mi lado sin mirarme. Tengo setenta años y veo que la muerte se me acerca, tan cerca la veo que las lágrimas derrochan en mi rostro un suspiro de amargura. La veo pasar, joven y solitaria. La observo sentarse en la arena y me levanto de la reposera y me arrimo a ella: "soy Joaquín Piedrabuena"; "yo soy Milagros, ¿usted es de Mar del Plata?"; "soy de Quilmes"; "quiero un trago"; "lo que gustes Milagros". Caminamos

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Al kirchnerismo

Al Kirchnerismo le falta una gran novela de la picaresca

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

El Peronismo tiene su relato ficcional en Adán Buenosaires, la gran novela que sin ser una novela Peronista es una novela del Peronismo. Cuando a uno le preguntan sobre lo ficcional como relato del Peronismo cita a la gran novela de Marechal, porque en este relato está toda la idiosincrasia Peronista. El Peronismo, como movimiento político, se hace carne en la ficción. Lo ficcional siempre le dio identidad a lo real en el país. Amalia de Mármol crea el relato anti rosista. Y el Facundo recrea el sentir de la oligarquía que se va asentando con el nacimiento de la Argentina. El Martín Fierro es el relato del oprimido, y recrea el sentir del gaucho heredero de la tierra saqueada por el primer Imperialismo cultural. Los anarquistas también tienen su relato. Y los socialistas también. Pero el gran relato es Peronista, no hay otro relato ficcional tan grandioso como el de los intelectuales peronistas. Manuel Puig, sin ser Peronista, fue un escritor peronista; ácido como pocos y un tipo que buscaba las debilidades de la militancia Montonera y Peronista y ahí pegaba. Manuel Puig hablaba de sexo, algo que molestaba mucho al Peronismo de Montoneros. Pino Solanas también es un grande del Peronismo, que hizo un cine Peronista. En Pino se ve los vericuetos del Peronismo más popular. En 1993 Leonardo Favio con Gatica viene a mostrarnos ese Peronismo salvaje a través del cuerpo de un boxeador que de la gloria muere en la pobreza. En Gatica vemos el empuje y el declive de un movimiento de integración. El Peronismo tiene un relato ficcional propio; tiene literatura. El Peronismo es literatura de la buena: "la concha de tu madre, con Perón cogíamos rubias y nos cogían a nosotros los negros del mercado" (Osvaldo Lamborghini, La pija en el culo. Obras completas, tomo 2).
El Kirchnerismo no tiene intelectuales. No tiene una novela que uno pueda decir: "mierda, esta es la gran novela kirchnerista". Nooooo, no hay intelectuales propios. José Pablo Feinmann viene de la izquierda más furiosa y cae al Peronismo y de ahí al Kirchnerismo. Quizás sea el único que hizo un relato del Kirchnerismo desde la ficción. Horacio González es otro, pero viene del Peronismo. El Kirchnerismo es "lo más político del relato argentino".
El Kirchnerismo puede ir camino al relato lineal de una realidad que agobia. Sigo sosteniendo y lo voy a sostener hasta el día que me muera (que ojalá me muera pronto de un infarto porque ya viví todo lo que hay que vivir y no me interesa más vivir) que fue un error no hacer del Kirchnerismo un hecho revolucionario y sacarlo a la calle a combatir cuerpo a cuerpo. Los riesgos que se corren con este nuevo Kirchnerismo "tibio" de Alberto Fernández es que los Kirchneristas nos hagamos todos unos tibios y vayamos camino a una social democracia de capitalismo de acumulación de los grandes industriales. Como dice un fan amigo que fue dirigente de Montoneros: "estamos a las puertas de algo nuevo, gracias que existe Kristina"
Por la única que pongo las manos en el fuego es por Kristina. Todo lo demás es reciclar mucha basura para lograr que los hambrientos tengan un plato de comida.

Posdata: 4 años más de macrismo y nos comemos entre nosotros. Aunque Alberto sea un monigote tenés que votarlo, nunca me cayó bien la gente que habla suave y habla de conciliación. Después vendrán tiempos de purgas.

La hija de un amigo

La hija de mi amigo

Ayer a la noche me dice un amigo: "si me entero alguna vez que uno de mi edad se acuesta con mi hija le pego un tiro en la cabeza". Yo no sé por qué dijo eso, pero me puso nervioso. Y me remata: "la nena empezó la facultad, y está contenta". Le digo que muy bien, que debe estudiar. Mi amigo siempre me remata con frases contundentes: "siempre escribiendo contra la clase media, no seas así de malo. Vos sos clase media". Le digo: "a tu hija le gusta". Mi amigo se pone rojo y me mira fijo: "¿qué cosa le gusta?", " mis escritos", "a mí no me gustan para nada", "a ella le gusta mucho", "¿qué cosa", "mis escritos, ya te dije", "nunca te metas con mi hija", "tengo códigos", "recién cumplió 18", "ya lo sé", "todavía no tuvo novio", "es muy gordita, por eso", "¿le dijiste gorda a mi hija?", "cariñosamente", "te voy a cagar a puñetes si me entero que te fijas en mi hija", "no me gustan las gorditas", "otra vez, no le digas gorda", "cariñosamente", "mi nena es inocente", "todavía no la conoce", ¿qué cosa?", "eso", "no digas esas cosas de la nena", "sos un mal pensado", "cambiando de tema, mi mujer se hizo los senos", "era hora, los tenía caídos", "no digas eso, si me entero que te fijas en mi mujer te mato", "no me gustan las viejas, me gustan las pendejas", "mi mujer no es vieja", "pasó los cuarenta tu mujer", "pero todavía se moja", "ya lo sé", "¿cómo sabés?", "digo", "nunca me engañó", "uno nunca sabe", "yo lo sé", " quizás", "ahí viene la nena con una amiga", "¡qué cara de puta!", "¿qué dijiste?", "la amiga", "tiene 19", "¿no eran 18?", "la amiga digo", "eso dije que la amiga debe ser ligera", "tiene buenas gomas", "es la amiga de tu hija", "no es mi hija", "pero puede ser tu hija", " verdad", "me voy", "chau". Y me subo a la moto y la saco a toda velocidad.

Fabián ARIEL GEMELOTTI

martes, 24 de septiembre de 2019

El progreso

La clase media y el progreso

(Por: Fabián Ariel Gemelotti

La clase media cuando se llena los bolsillos deja de ser "progresista" para sentirse identificada con los sectores patronales. ¿Por qué pasa eso? No hay explicación "científica" (aunque las ciencias sociales no son ciencias empíricas ni ciencias como se entiende en el habla cotidiano), ni tampoco es fácil explicarlo con palabras académicas. Me remito a decir que la clase media tiene aspiraciones de grandeza y tapa su mediocridad con esa fantasía de pertenencia a las clases dominantes. En Bolivia Evo Morales está sufriendo este proceso, y acá lo hemos sufrido muchas veces. Evo la tiene complicada en octubre, porque "los cholos" (los indígenas urbanizados) en los últimos años adquirieron un alto nivel de vida, y por lo tanto dejaron de sentirse identificados con la revolución de Evo Morales. Ahora se sienten ligados en pertenencia al nivel de vida de las clases altas de Bolivia. La clase media, en los países emergentes, tiene una necesidad "urgente" de sentirse parte del poder, por muchas cuestiones: años de postergación, racismo de las oligarquías y esa cosa de "ser blanquito entre los negritos". El cabecita negra en Argentina de ser un postergado y un "negro de mierda" en los doce años de Kirchnerismo pasó a ser "integrado al capitalismo de bienes de consumo de las clases altas", esa pertenencia pegó fuerte. Se llenó el estómago, y con una muy débil conciencia de clase (algo de conciencia hay, pero muy poca) en 2015 votó al macrismo, porque "los negros cobraban subsidios y el estado repartía  jubilaciones". La clase media debe comprender que "la clase media es el negro sobaquero de las clases altas". El verdulero en el shopping se siente patrón de estancia. La empleada con título universitario de la universidad pública sueña con ser "la científica exitosa de la TV del mediodía". El abogado muerto de hambre recién recibido aspira a ser juez pero tiene el bolsillo vacío, y se frustra porque no tiene ni para cambiar los zapatos. El empleado bancario se siente dueño del capital. La maestra Jacinta Pichimaguida que come mortadela manda a la hija por los 15 a Disneylandia.  Y así y así podría dar miles de ejemplos. Esa falta de conciencia clasista se produce en gran parte por el discurso mediático, que penetra fácilmente desde la TV y la internet. Contra eso es muy difícil luchar, a no ser que haya una TV progresista y los monopolios mediáticos pierdan espacios televisivos y en la internet. Los medios forman la conciencia de pertenencia de las clases medias y de las clases bajas. Los medios son manejados por las clases dominantes. Las clases que forman la pertenencia en los "súbditos" son los acumuladores de capital, y esa acumulación la logran gracias a que las clases expoliadas se identifican en parte con los ideales de los exploradores.
En 2019 las clases explotadas (la clase media es explotada, pero no se siente explotada) tocaron fondo: el "ajuste" y la "deuda" los fundió. Ahora están desesperados y vuelven en manada al progresismo. Por eso vuelve el Peronismo, no porque haya conciencia de clase, vuelve por la desesperación de bolsillos flacos y vacíos. Si no se logra una ley de medios que quite poder a los medios patronales, en cuatro años la oligarquía local vuelve al poder, no con Macri si no con otro monstruo que ellos crearán para volver. Los oligarcas se reproducen fácilmente y llegan al poder cuando los estómagos están satisfechos y la clase media es vulnerable y los vota. Sin conciencia de clase, todo se transforma en cíclico: vamos de un progresismo de bienestar a una oligarquía de endeudamiento constantemente, una variante que se da muy fácil en los países emergentes.

Fabián Ariel Gemelotti  

domingo, 22 de septiembre de 2019

La ignorancia y el odio en facebook

La ignorancia y el odio en Facebook

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Facebook es una red social. ¿Qué es una red social? Una red social es un montón de gente hablando sin saber de lo que hablan. Las redes nacieron para que vos descargues tus frustraciones y tus odios. Miro facebook (el muro donde aparecen mis "amigos virtuales") y lo primero que veo son miles de faltas ortográficas, gente que no puede conceptualizar algo por falta de lectura previa, y gente que de lo único que habla es de política o de fútbol. Primero aparecen los "amigos Kirchneristas", que de Kirchneristas lo único que tienen es el insulto a Macri y esa forma de descargar tensiones repitiendo lo escuchado en canales de TV Kirchneristas. Después tenemos a 'los amigos Macristas" que no comprenden mucho de lo que se trata el macrismo, y repiten frases escuchadas en TN o en el taxi o en la verdulería. Todo es política llana y vulgaridades. La política es algo más complejo y teórico. En las redes veo un desprecio a todo lo que sea intelectual. Hay un tipo que leo en mi muro (Lucio Geller) un socialista que escribe muy pero muy bien. Un hombre grande que respeto mucho. Lo viven sacando, nadie valora su estilo que es único. Un lujo para un medio tan mediocre como Facebook. Pero Facebook está llena de mediocres. No comparto el pensamiento de Lucio, pero sí su estilo literario, el cual me parece muy bueno. Un tipo que tiene impronta y sabe escribir. Ante que las ideas, siempre me interesó la forma literaria. Me gusta Céline, que era un nazi confeso, pero escribió la novela más grandiosa de la literatura. Viaje al fin de la noche es un lujo de estilo. Uno novela que marcó a fuego a generaciones posteriores de escritores. En Viaje... la literatura se eleva sobre la vulgaridad y sobre los estilos llanos y opacos. Viaje al fin de la noche y el Ulises son mis novelas favoritas en estilo literario y de las cuales he aprendido a escribir. Pero las redes son vulgares, nadie ve estilos. Hay mucha gente con estilo en mi muro, y también mucha gente vulgar que no sabe escribir. Hay tres chicas que tienen algo muy pero muy bueno: estilo propio que sobresalen sobre el resto. Una es Mariela Álvarez, una chica que me gusta mucho su ingenio y las cosas que sube: picardía, humor y desenfreno. Siempre imprimo sus cosas y las guardo en una carpeta. Otra chica, que ahora no me sale el nombre, escribe muy buena poesía. De alto vuelo. Y hay otra chica que sube fotografías excelentes, alguien con ojo fotográfico. Pero son los menos, generalmente el muro es llano y lleno de gente muy vulgar, agresiva al extremo y que no lee libros (se les nota porque no pueden conceptualizar una idea). Después tenemos al amigo Giacosa que sube mucho sobre desaparecidos y que es excelente eso, porque es un tema que se habla poco. Me gusta su estilo ácido y es alguien con mucha cultura. Y otro amigo es Walter Alvez, alguien que sube mucho sobre libros y fotografías excelentes sobre comida. Tiene ojo fotográfico y sabe de lo que habla, se nota que lee mucho. Pero en general las redes son vulgares, esa vulgaridad propia de un pueblo leído por los medios y sin pensamiento propio. Uno se puede equivocar, tener un pensamiento que no encaja en nada, pero eso no debe interesar. Lo que interesa de un escrito es la impronta y el individualismo de quien escribe. Todo lo demás no interesa, porque alguien puede ser un kirchnerista como yo (soy Kirchnerista) y no gustarme su estilo. A mí me interesan estilos, no pensamientos. Me formé en Literatura y en Historia, no soy periodista ni político. No me interesa para nada el periodismo ni la política institucional. Me interesan la literatura, la historia, el cine, la historieta y la fotografía. Pero eso es tema mío, simplemente lo digo; que no venga alguno a decirme ahora que estoy equivocado, porque esa es "mi verdad" y no existen verdades absolutas. No soy dogmático, simplemente escribo desde mi impronta y mi pensamiento. Puedo estar equivocado, pero mi "error" es mi "error" y puedo convivir tranquilo con mi "error" porque un "error" no es "error" porque lo que para vos es un "error" no me sirve que vos me lo marques. No me interesa lo que opines de mis escritos. Mi verdad es verdad porque es una construcción personal la verdad, no una construcción tuya.
Internet es una cosa que abruma, agobia y agota. El otro día un cordobés me insultó mal, me sacó y reaccioné mal. Después borré lo que había dicho. Hoy me arrepiento de haberlo borrado, porque yo no lo agredi, simplente le dije mi verdad. "Pero a la verdad no le interesa la verdad de las cosas, porque una cosa no hace a la cosa". La pregunta de la cosa, un libro que todavía recuerdo de mis años universitarios.
Malditas redes sociales, vivíamos tan tranquilos antes de que apareciera. Las redes, el Wassap y todo esa mierda moderna agobia y nos crea confusión y nos enreda en odios personales. Ya nadie lee libros o se detiene a tomar un café y mirar desde la ventana del bar a la gente caminar bajo la lluvia. Ahora mires para donde mires todo el mundo está con el aparatito del celular mandando mensajes o viendo internet en las redes sociales. Es como que el mundo real pasó a segundo plano, y viviríamos en un mundo de fantasía donde el amor carnal fue reemplazado por la histeria virtual y la política de libros y de intelecto por la vulgaridad del insulto y la agresión. Ya nadie discute teorías políticas y filosóficas, todo se reduce ahora a repetir discursos armados por los medios para,que vos repitas como un loro.
Ayer miraba mi muro, nunca lo miro, salvo pocas veces, y ayer lo miraba y me prendo en un discurso sobre Sarmiento. Yo admiro el estilo de Sarmiento. Me subió la presión discutir con gente que no lee Historia y opina sin lectura previa. Pero eran amigos, y me sentí muy mal. Me deprimí. Odio discutir en las redes, porque todo es agresión. Después veo la foto de una gorditas que se hacía la linda. En internet las gordas son histéricas y las viejas engañan a los maridos con pendejos. Internet es el gran sueño del Imperialismo cultural.
Apago el celular, me desconecto hasta mañana a las siete de la mañana. Hoy leí todo el día, así que nadie me moleste, porque leo a Nippur el tomo 48.

Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo, 22 de septiembre de 2019, dos de la tarde. No fui a la cancha, me levanté a la una y cuarto) 

sábado, 21 de septiembre de 2019

El tatuaje

Los tatuados

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Nunca me hice un tatuaje ni me haría uno. No me gustan. Hace unos diez años que veo a todo el mundo tatuado, desde niños a ancianos. Es la moda, es el futuro. En los ochenta y noventa nadie se tatuaba porque la piel era algo sagrado. Pero las modas siempre llegan. Y cuando llegan no se van. El tatuaje es muy antiguo, quizás más antiguo que el aro y los collares. El hombre primitivo se hacía tatuajes. Los egipcios tenían tatuajes en colores. Los espartanos se pintaban el rostro. Y las tribus precolombinas se tatuaban. Ciertas tribus africanas se tatuaban las nalgas y el rostro, una forma de demostrar poder ante el hombre blanco Cristiano. Pero el tatuaje que vemos ahora es un moda que llegó de importación de Europa y Estados Unidos.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Dios

La venganza en la Literatura

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La literatura nos habla de venganzas, porque la literatura no es política (aunque lo político esté presente) y al no ser política puede hablar sin traicionar la moral del discurso político. Alejandro Dumas en El Conde de Montecristo nos habla de venganza. La novela, que son más de mil páginas, tiene una historia principal y otras historias secundarias que se van enredando con la principal. El personaje principal es traicionado y confiscado en una prisión en una isla. Ahí conoce a un anciano, el cual es un anti napoleónico confiscado por el Imperio de Napoleón. El anciano tiene un mapa de un tesoro oculto, el cual es una fortuna que lo hará rico si escapa de la prisión. El anciano muere y el joven prisionero escapa envuelto en la bolsa de cadáveres y es tirado al mar. Se desata y es recogido por un barco pirata. Al tiempo alquila un pequeño bote y se dirige a la isla de Montecristo y encuentra el tesoro. El personaje aparece en su ciudad natal ya no como Edmundo Dantés, sino como el Conde de Montecristo, un rico que sorprende a la sociedad de su época por su fortuna y su misteriosa vida anterior(nadie lo reconoce a Dantés y todos desconocen el pasado del Conde) La historia es un relato de amor y venganza. Pero sobre todo la historia es una maravillosa apología de la venganza, de como el Conde va armando una venganza personal para cada personaje que lo traicionó. Alejandro Dumas inicia la literatura folletinesca: escritos que se publican por entregas en periódicos y en libros de papel económico. Con Dumas, Salgari y Verne la literatura deja de ser un placer exclusivo de la nobleza y los comerciantes ricos para pasar a ser de consumo masivo. El capitalismo favorece este tipo de textos, porque el obrero necesitaba lectura rápida sobrecargada de aventuras y romance. Lo bueno del Conde... radica en que es una novela de pasiones y como tal hace identificar al lector con el personaje. Los paradigmas literarios cambian con el capitalismo, porque los tiempos de ocio pasan a ser otros: el folletín es nuestra internet. Los que leyeron esta maravillosa novela no necesitan que les cuente el final y el desarrollo y los que no la leyeron deben leerla, porque la novela es grandiosa y no deja respirar. Lo bueno de la novela de Dumas es que la venganza no es tomada como un hecho moral, sino que la venganza es un hecho propio del individualismo del personaje que así redime su odio que lo transforma en liberación en su condición de ser humano. Una genialidad literaria.
La tradición de Occidente se construye desde la venganza. Ya Homero en sus cantos poéticos nos habla de Troya. La Guerra de Troya es una guerra de venganzas. Virgilio habla también de venganza y la Roma Imperial se construye con asesinatos vengativos. La moral cristiana pondrá en dudas a "la venganza" como hecho de liberación. El Cristianismo impone otros paradigmas de vida. Pero el discurso de la venganza también estará presente en los Evangelios. El Apocalipsis es un texto de venganza. La destrucción de Roma, que es en definitiva a lo que apunta Juan en su libro, es el fin primario del Apocalipsis. Los caballos del Apocalipsis vienen a vengarse, cortan la cabeza Imperial y redimen a la humanidad y la liberan de las garras del Imperialismo romano. El Apocalipsis es un texto revolucionario para la época, que con el paso del tiempo fue mutando en un texto obscuro y místico y se le dio un simbolismo religioso. Pero ese no era el objetivo del texto. La mitología griega está cargada de dioses vengativos. Y la mitología sumeria también. De los griegos heredamos la pasión por lo estético y lo lírico. De los romanos la pasión por el orden y los placeres carnales. Si Platón nos habla del amor como algo que no es carnal, sino "de los sentidos de lo interior", Cicerón nos habla del amor carnal: "La vida es carne". Cristo es lacerado en la carne. Cristo es carne no espíritu. Muere por las heridas en su cuerpo. Después se le dará otra forma discursiva, pero eso ya es otro cantar. San Agustín condena a la carne, porque "somos espíritu". Los seres espirituales dan la otra mejilla. La tradición del mundo antiguo se quiebra con las Confesiones de San Agustín. El paradigma Cristiano moderno ingresa al orden de Occidente. El mundo empieza a caminar de la mano de la moral Imperial con una mezcla de moral religiosa.
La literatura se construye desde lo individual y de lo individual para a ser un hecho colectivo. 20.000 leguas de viaje submarino de Verne es otro libro de venganza. La literatura es el hecho maldito del capitalismo, porque habla de venganza en el nuevo orden de producción.
Alejandro Dumas es el escritor de la venganza. Leamos Los tres mosqueteros como hecho de la tradición del honor y la lucha de la única revolución necesaria: la revolución de la dignidad, de ahí se parte para todo hecho revolucionario. Sin venganza y sin odio nadie puede redimirse. Ninguna sociedad crece como sociedad si no se cortan cabezas con la guillotina del odio.

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

lunes, 16 de septiembre de 2019

Embarrar

Los medios son el poder real

(por: Fabián Ariel Gemelotti)

Cuando pierden y saben que tienen que bajarse, el "poder real" empieza a embarrar la cancha. Son expertos en esto. Los medios masivos empiezan a generar divisiones y noticias falsas para crear falsedades que perjudiquen al nuevo Gobierno que asumirá en diciembre. TN es el padre y la madre de la confusión. Ayer decían: "hay discordias entre la Iglesia y los K". Esa frase es para crear confusión. El sábado mostraban a gatitos jugando con niños, y mientras ellos mostraban gatos en C5N hablaban de inflación y corrupción macrista. Para TN dos gatitos crean "ternura" para tapar el hambre y la muerte de los hambrientos. Mientras el 60% de la población come muy pero muy mal y los "viejos" no pueden comprar remedios y se mueren, TN habla de ecología y "asesinatos de policías muertos por moto chorros". Todo sirve para tapar la realidad, todo. Hasta una violación al poder real le sirve para tapar el hambre. Los medios son morbosos, y usan ese morbo porque saben que la gente es "morbosa" y "perversa" y goza con el sufrimiento ajeno. Todo sirve para tapar, para ponerle una pared al verdadero problema del país: el hambre. El macrismo destrozó la dignidad de la gente, pero los medios masivos lo quieren tapar. El macrismo llevó a los ancianos a la muerte y a las jóvenes a la prostitución infantil por comida y a los niños a la desnutrición infantil. El macrismo destruyó la familia y miles de suicidios son tapados como muerte dudosa.
Los medios tapan, y los medios siempre tienen poder, porque el poder es dinero y acumulación de capital. Va a serle muy duro gobernar al Kirchnerismo, porque el 80 por ciento del poder está concentrado en los medios masivos:  internet y la TV y los periódicos del grupo Clarín. Contra eso hay que luchar, porque el hambre no puede esperar y contra el hambre hay que poner toda la energía para que el país sea inclusivo para todos y para todas.

Fabián Ariel Gemelotti

sábado, 7 de septiembre de 2019

Hay cosas que solamente fe hombres

Hay cosas que son solamente de hombres

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Hay juegos y cosas que son solamente de hombres, y que las mujeres no pueden comprender. Una de esas cosas son las historietas de Editorial Columba. Historias contadas para ser leídas por hombres, sin ofender a la mujer ni exarcebar un machismo retrógrado. Eran historias para el goce masculino, al igual que la novela negra norteamericana que salió de la pulpa de las alcantarillas para goce del barón. Nippur y Dago son las mejores, a mi entender. Pero estaban otras como Capitán Camacho o Pepe Sánchez o Mi novia y yo, que eran excelentes. Robin Hood, ese paraguayo que no tenía la primaria completa y vino del Paraguay a la Argentina sin un centavo, fue el más grande de los guionistas de Columba. Y junto a Lucho Olivera crearon Nippur, quizás la mejor historieta de aventuras del mundo. Historias bien masculinas, bien de machos. Otra cosa que son bien de hombres son las figuritas. Nacen en el siglo 19 como una forma publicitaria de los cafés y los cigarrillos, y van transformándose en algo particular para los niños, cuando en los años 40 se empiezan a vender en paquetes. Fue el juego de los hombres. Las nenas coleccionaron otras figuritas, de brillantes pero por juntar no por pasión. El chupi y la arrimadita fueron bien masculino. Es que el hombre siempre fue un acumulador de objetos. El hombre colecciona y la mujer tira a la basura. Cuando un hombre se casa su esposa le hace limpieza: autos, revistas y libros a la basura, porque "hay que hacer espacio". En tiempos de un feminismo retrógrado y mal interpretado donde la mujer en vez de avanzar en derechos avanza en masculinizar lo femenino, no es "correctamente político" hablar de esto, pero tengo ganas de hablar sin ofender a las pavotas feministas de cartón que pueblan la red y la sociedad neoliberal. Una cosa es ser mujer con plenos derechos e igualdad ante la Ley y ante la vida, y otra cosa ser una mujer resentida de los vicios masculinos y renegar de un machismo necesario que todo hombre debe conservar para ser hombre. Creo que me estoy metiendo en terreno no fértil, y puedo ser mal entendido. No me interesa, nunca me interesa quedar bien con nadie y si alguna estúpida feminista moderna se ofende que me chupe la pija.
Hay cosas bien del macho, como el café con leche y las medialunas y eructar y tirarse un pedo. También es bien de hombres no barrer el cuarto y dejar que el polvo cubra los libros: barrer y hacer la cama no se hizo para hombres. Aunque yo soy muy limpio, extraño a mi ex novia que sabía barrer y limpiar y abrir la puerta para que yo vaya a tirar la basura al contenedor. Hay cosas que son bien del macho. El macho, el hombre, el tipo o simplemente el pelotudo del hogar necesita expandir su cabeza en objetos. Los objetos como soldaditos, juguetes, autitos, etiquetas de cigarrillos y figuritas son para coleccionistas masculinos. Por eso esas cosas cuestan dinero, porque fueron creadas para el hombre. Como dice un viejo más machista que un machista de los años cuarenta: "en mi época no había putos". El viejo es un viejo machista, porque la verdad putos hubo siempre. Esa es otra cosa que se ha perdido, hablar con ese lenguaje barrial bien de hombre: "concha, putos, reventada, histérica, conchudas, gordas pedorras, vieja petera...." Y el viejo la sigue: "mi mujer nunca me chupó el pito". Bueno, en algo sirve el feminismo moderno: "ahora todas tiran bien la goma". Pero cada día hay más cucharitas. ¿Me entienden lo que quise escribir en este pequeñito ensayo?

Fabián Ariel Gemelotti

viernes, 6 de septiembre de 2019

Las maquinitas

Las maquinitas de los ochenta

(Cuarta parte)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Si tendría que elegir a tres escritores argentinos que admiro y dar mi alma para escribir como ellos, eligiría al Turco Asis y a Osvaldo Lamborghini y a Sarmiento. Estilos ácidos y que me llegan. Los ochenta se marcan en Literatura con esa gran novela que es Flores robadas en los jardines de Quilmes, donde el sexo y el nihilismo y el cuestionamiento a una militancia inútil juegan un papel importante en el cambio de década. Después vendrán el Turco menemista, un Turco que siempre me gustó en sus disparatados (pero tan profundos) análisis de la realidad. Después vendrá un Turco crítico de Kristina, un ácido como ninguno cuando todo el Peronismo era kirchnerista o se acercaba a la derecha gorila. Me divertía el Turco, porque el Turco supo darle un toque de frescura a los mediocres que jugaban de amigos del poder. Un nihilista más cercano a Foucault que a un David Hume de la democracia burguesa. Y los jueguitos de videos tienen mucho que ver con la Literatura. A los cinco años lo llevaba al Maxi a jugar a las maquinitas. Y nunca me pudo ganar al futbol. Pasaron los años y no podía. Pero en la computadora nunca pude vencerlo. Yo soy de la generación de las maquinitas. Y el nene (que ya no es un niño) de la generación de las computadoras y el tatuaje y los celulares ultra modernos. Los jueguitos fueron nuestros, y por esa cosa que es la transformación del tiempo pasaron al olvido. El tiempo, esa cosa terrible que sufrimos todos y no podemos detener, es cruel con nosotros; porque el tiempo no es solamente las arrugas de la piel o los dientes manchados o el desgaste físico, el paso del tiempo también es "el olvido" de las diversiones que nos transformaron en la persona que somos. En los ochenta las maquinitas marcó a una generación entera, que gracias a esas salas de juegos pudo transformar su impronta generacional en algo potable. Si los setenta fueron la década del fusil y la militancia, los ochenta fueron la década del nihilismo y la decadencia de la sobra del setenta. De Tosco y Montoneros y El Padrino pasamos a Sumo y a Reto al destino y a Carpenter. Si una década fue muy política, otra década fue más retro o vintage. Como decía Faucault: "cada época produce la forma en que piensan las personas". No somos libres, somos sujetos que reproducimos discursos que circulan en la sociedad. Lo discursivo no está solamente en los medios, el discurso que producimos es más profundo, porque parte de la familia y del sistema educativo y de la Iglesia. Pero ese es tema para otro ensayo, no para este. Los ochenta fueron una década hermosa, porque esa juventud pudo experimentar una "libertad" pocas veces vivida en el país. Como diría Lamborghini: "todo me chupaba la pija". En los ochenta aparecen los pantalones rotos y el arito y las remeras ajustadas negras y las gafas negras. Uno iba a Sacoa y se prendía a un flipper y se jugaba la vida. El pantalón roto lo imponen esas modas del rock bando de Los Abuelos y el Sumo alcohólico y degenerado. Ya Charly estaba envejeciendo y Pescado Rabioso era un olvido. Surgía Ataque 77 y Los ratones. Eran los ochenta que ingresaban a los noventa menemistas. Un Menem cogedor, provocador y cagador que entregó al país con una sonrisa falsa.
Las maquinitas de vídeos son un invento bien yanqui. Llegan al país en los sesenta, pero la juventud de los sesenta pensaba en hacer "la revolución" en un país con 4% de pobres. Entonces esas maquinitas no funcionaron. En los setenta después de López Rega y la pobreza que empezaba a cristalizar en la Argentina y los pibes militantes asesinados por la Triple A, las maquinitas empezaban a funcionar como algo alienante para tapar el genocidio de estado. De ser un instrumento para tapar el saqueo del país pasó a ser un ícono generacional. Recuerdo que el Avenue era un lugar donde podías hablar con con ex militantes de Montoneros. Había un flaco alto que era un experto al flipper y que había estado preso durante la dictadura. Como en El beso de la mujer araña, ese flaco te contaba cada noche un filme de los setenta. Gracias a él pude conocer a directores de cine setentistas. Montoneros era una triste realidad en los ochenta. La mayoría desaparecidos o asesinados. Quedaban vivos los buchones de la dictadura o los que lograron escapar o los más jóvenes, como este flaco que era un Peroncho muy pibe en los setenta. Los flipper del Avenue eran viejos y polvorientos. Algunos te comían la ficha y con una patada hacías funcionar la maquinita.
El tiempo es muy cruel y no perdona. Sarmiento hablaba del tiempo y supo atraparlo y volcarlo en su obra literaria. Una ex novia hace dos meses (cuando todo era felicidad y caricias y amor) me dijo: "yo siempre me cuido, nunca voy a envejecer". Tiene 24 años, o sea, va camino al envejecimiento. El tiempo es cruel, y nadie puede detenerlo.

Fabián Ariel Gemelotti

Las maquinitas de video

Las maquinitas de los ochenta
(Tercera parte)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Todo se recicla y el mundo avanza devorando el pasado. Lo que fue ya no vuelve, pero queda en nuestra memoria por siempre. Nada se borra. Nada se puede olvidar. Insert coins era lo que te marcaba que la maquinita pedía ficha para funcionar. Los autos de carreras, esos autos que te hacían sentir que estabas sobre una pista y que vos eras un gran corredor. En la modernidad neoliberal vendrán Rápidos y furiosos, pero todo reciclado y conservador. Me vi todas, pero nada comparado con apretar el acelerador de una maquinita de video. Sacoa por calle Córdoba, esa casa de juegos única donde siempre enganchabas una minita. Minas rápidas y cogedoras, porque eran los ochenta y todo era sexo, nada de histeria y nada de vivir con límites. También había jueguitos en casas de familia: compraban tres maquinitas y ahí confluían pibes del barrio a jugar. Todo precario, familiar y lindo. Máquinas de los cincuenta o de los setenta. Se jugaba por la Coca y por la dignidad del jugador. Siempre Súper Mario presente, ese juego que hizo furor y fue uno de los primeros juegos de culto. En los noventa tuvo su filme de culto. Mediocre película, pero fue interesante que ese juego sea llevado a la pantalla grande.
Todo cambia. El mundo que vivimos aburre y abruma. Ya todo no es igual. La economía de agonía va matando todo. La fichita se transformó en tarjeta en el 2000. Y las casas de juegos en ciber. Y los ciber en negocios vacíos. Todo cambia. Ahora se juega desde una computadora, vos encerrado en tu domicilio y solitario sin nadie frente a tu computador ultra moderno. La naranja mecánica y Calles de fuego pasaron al olvido, en esta vida cotidiana devorada por los mercados y reciclada en una economía de agonía.
¿Tenés una fichita para la maquinita?

Fabián Ariel Gemelotti

La fichita

Las maquinitas de vídeo de los ochenta (segunda parte)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Los ochenta fueron una época muy rara en Argentina. Veníamos de una dictadura con 30.000 desaparecidos y una agonía económica. La clase media empezaba a declinar mal. La juventud de los ochenta escuchaba rock en inglés. Eran los tiempos de Sumo y Los abuelos de la nada. Eran los tiempos del porro y el porrón y los tiempos de los cigarrillos importados de Inglaterra y Estados Unidos, que todavía llegaban al país, consecuencia de la importación que abrió la dictadura destruyendo la industria nacional. Digo que rara porque la juventud de los ochenta no era la misma que la de los setenta: no fue "guerrillera" ni militante de Montoneros ni de la izquierda contra la dictadura. Era una juventud distinta, no era hippie ni creía en "el amor y la palomita de la paz". Los ochenta eran tiempos de Expreso de medianoche, de Rambo y de Después de hora. Otro cine más nihilista y menos "comunista". Eran los tiempos que las utopías se iban cayendo. La Guerra Fría estaba terminando, y la caída del Muro le daba al neoliberalismo la posibilidad de imponer un capitalismo de mercado salvaje. El mundo siempre cambia, el mundo está en constante cambio. Como diría Faucault: "reproducimos el discurso que el poder del momento nos impone. No hay libertad de pensamiento". Moría Faucault, quizás el pensador más grande que dio el siglo veinte. Y con él moría una forma de ver y escuchar a la Historia. La Historia en los ochenta cumple ese mandato que decía Nietzsche de que la Historia se destruye día a día y avanza hacia la nada. Era el triunfo de un nihilismo posmoderno. Eran los tiempos del posmodernismo en el pensamiento.
En mi primer artículo sobre el tema no hablé de una casa de jueguitos muy importante: La Fontana. En Barrio Echesortu, mi barrio, estaba el boliche y la casa de jueguitos de Poli Román, ese tipo flaco y muy fumador que tenía ese programa de radio de culto llamado El Expreso de Poli. En esa casa de juegos había muchos flipper y los primeros juegos de autos de carrera y una máquina para sacarse una foto con la novia. Arriba estaba el boliche. Era famoso que cuando bajabas del boliche te sellaban la mano con un sello fluorescente, el cual servía para volver a ingresar. En ese boliche había muchas barras, esas barras de peleas fácil y pelo largo y mucha merca. Eran los ochenta, eran los tiempos del cine de peleas y barras. Eran los tiempos del cine revisionista de Vietnam y del cine de terror de Carpenter. En esa casa de juegos había un flipper sobre la Segunda Guerra Mundial, muy lindo y muy bélico. Y un juego de carreras de autos donde se competía por la ficha. La fichita, jugar por la ficha era lo más lindo, porque ahí si jugabas bien tu chica se te entregaba e iban a los telos de la Terminal. El Metro, ese telo enfrente del Patio de la Madera, era el preferido de las chicas: espejos en todas las paredes y cama suave. Hace poco fui al Metro con una amiga y le encantó. Todavía este telo sigue siendo mi preferido de la Terminal. Si tenías auto te ibas a Las Brujas o a los telos de Gálvez. O de Pérez. Pero sólo si tenías auto. Otra casa de juegos que no hablé es la que quedaba por Sarmiento a una cuadra de la Peatonal. Cuando vivía en los noventa con Alejandra en Sarmiento al 400 me escapaba a jugar una fichita. Ahí hice muchos amigos, pibes marginales y de clase media que amaban las maquinitas. Cerró en 2003. Y pusieron internet, cuando los ciber reemplazaron a las casas de jueguitos.
La Historia está en constante cambio. Estamos en tiempos muy diferentes a los ochenta y noventa. Todo ahora se recicla.
Tiempos de internet y shopping y juegos en red y de una juventud muy conservadora y un neoliberalismo que alienó las conciencias de la gente. En los ochenta Eroticón y La Cotorra hablaban de vaginas y tetas y vergas. En estos tiempos la internet e ha transformado en el discurso del poder y todo es histeria berreta y ya nadie usa ese lenguaje que en los ochenta hizo un culto de una literatura muy particular.
Dai, que tiene 22 años, y es parte de mi vida hace más de un año, me dijo cuando estábamos tirados en la cama del Metro: "tantos espejos me asustan, pero me gustan porque veo mi culo perfecto". Mierda, es septiembre de 2019, en los ochenta Judith(mi novia de entonces) me decía en el Metro: "me gustan los espejos porque me gusta ver cuando cogemos".
Estamos en 2019. Faucault es mi pensador de culto.

Fabián Ariel Gemelotti

(Viernes 6 de septiembre de 2019,)

jueves, 5 de septiembre de 2019

La ficha

Las maquinitas de los ochenta

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La fichita o fichón era una pasión en los ochenta. ¿Quién no se jugó una ficha en los bolos o cualquier otra casa de maquinitas? En Rosario supo haber muchas casas de juego y fueron cerrando en los noventa y el ajuste macrista actual terminó de cerrar la última casa de maquinitas. Enfrente del Monumental por calle San Luis había una casa de jueguitos. Llena de máquinas de pinball (flipper) y jueguitos de fútbol y Súper Mario y submarino y de autos. Esa casa cerró en 1992. Después construyeron un estacionamiento. Pero hubo miles de casas de juegos. Por calle San Martín hubo dos: una al lado del Monumental que funcionó hasta 1999. En esa casa se armaban torneos de fútbol de maquinita. Una noche cayó a la sala de juegos todos los integrantes de un grupo de rock famoso y compraron miles de fichas y los pibes de la calle jugaron y tomaron Coca Cola y comieron pebetes con salchicha. Había un pibe que vivía en la calle y era un experto del juego de fútbol. Nadie podía ganarle. Un genio. Esa noche se alzó con mucha guita, porque siempre se apostaba dinero. Y la otra casa de jueguitos de calle San Martín quedaba donde ahora hay un negocio de plástico. Después hubo otra casa por calle Entre Ríos, a una cuadra de Humanidades. Cerró en 1991. En Provincias Unidas y Rioja hubo una casa grande en los ochenta. Cerró a principios de los noventa. Ficha chiquita y de colores. Ahí tenían un flipper de Rambo, una novedad que hacían cola para jugar. En Empalme hubo dos casas. En la Zona Sur hubo tres casas. En Alberdi cuatro. En Zona Oeste cinco. Todas cerraron con el menemismo y con el surgimiento de las consolas y juegos de internet. La internet mató esta pasión. Jugarse una fichita era algo único, y había mucho respeto. Los más chicos dejaban que los grandes jueguen y no los interrumpían. Por Santa Fe a la vuelta de Humanidades estaba el Avenue. Lugar de chicos grandes y mucha intelectualidad de izquierda y Peronistas. Ahí había flipper y mesas de billar. Mucha cerveza y mucho cigarrillo. Muchas rubias y mucho sexo. La Quinta Avenida paraba ahí. Después quedaron los bolos por calle Córdoba, el cual cerró hace tres meses. Siempre que pasaba me jugaba una fichita al fútbol. Pero ya no era lo mismo, porque la decadencia invadía ese ambiente poblado de sombras y algún nostálgico o grupos de chicos jugando al tejo. Los bolos que quedaban arriba fueron perdiendo impulso y ya casi nadie jugaba. En los ochenta era hermoso ir a los bolos con tu novia y después a un telo de la Terminal.
Los ajustes, la internet y las generaciones modernas que no conocen esta pasión y tienen otros gustos, fueron cerrando el círculo de una ciudad donde la noche eran boliches, cine, maquinitas y telos.
Es la modernidad que te chupa el cerebro. Las nuevas generaciones tienen otros gustos, otras diversiones y otra forma de ver la vida. Vivimos en dos mundos diferentes. Vivimos en una grieta generacional.

Fabián Ariel Gemelotti

martes, 3 de septiembre de 2019

La grieta.

AMO LA GRIETA

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La grieta es inevitable, siempre hubo grieta en el país. La grieta es ideología, "es la grieta ideológica"(como dice mi amigo Walter Alvez). En 1810 hubo grieta, y a Moreno lo asesinan por la grieta. San Martín tuvo su grieta y el Gobierno de Buenos Aires quería a un San Martín obediente a los intereses de la burguesía del Puerto. Pero San Martín desafió a la grieta, y liberó a América de las cadenas del Imperialismo europeo. Las guerras civiles fueron por grieta. Dorrego y Lavalle lucharon y se enfrentaron por ideología.Todo asesinato es por grieta. Viene Rosas y une al país. Los unitarios odiaron a Rosas, por la grieta. Rosas "un salvaje asesino" decía Echeverría en un panfleto de los anti rosistas. Sarmiento escribe el Facundo por la grieta, porque Sarmiento fue el primer ideólogo del anti populismo en Argentina. Sarmiento fue un genio con su pluma, pero un hijo de puta como persona y como político. Amo el Facundo, porque es un libro que habla de la grieta y en este texto se ve claramente el odio de las clases dominantes a las clases expoliadas. El mejor libro de nuestra literatura y después vienen todos los demás. Amalia de Mármol es una novela de la grieta. Todo es grieta.
A Yrigoyen lo voltean por la grieta. A los anarquistas lo matan por la grieta y los anarcos meten bombas por la grieta. Hubiese sido anarquista antes del Peronismo. Respeto al anarquismo de principios del siglo veinte, porque era la grieta ideológica de las clases expoliadas. Viene Perón y a Perón lo odian por la grieta, porque Perón viene al país a hacer justicia y a repartir las riquezas del capitalismo a todos por igual. Los oligarcas ven perder sus privilegios de clase y odian a Perón. Pero más odian a Evita, porque "era una negrita que llegó a la Casa Rosada"(Las Flores robadas en los jardines de Quilmes). El Turco Asis, que amo sus novelas, siempre dice: "la grieta está presente hasta cuándo se coje". Grande el Turco, un genio de nuestra literatura erótica y política.
El bombardeo a la Plaza es por grieta, es el odio al Peronismo. Es ese odio "que los ricos sentían por los cabecitas negras"(Manuel Puig). El Eternauta es un libro que habla de grietas, de esas grietas universales de todos los tiempos. Nippur de Robin Hood también habla de grietas, porque siempre hubo grietas. Siempre hubo explotación y clases sociales y reyes y esclavos y ricos y pobres. Siempre hubo grieta.
El Proceso es por grieta, porque la dictadura es la mayor grieta de nuestra Historia. Se asesina por grieta, se desaparece por grieta. El genocidio es una grieta ideológica. Matar y torturar es la ideología de las clases dominantes.
El odio al Kirchnerismo es una grieta de los poderosos. Y los dsclasados y pobres que se prenden a esa grieta absorben todo el odio de las clases dominantes.
Vivimos en una grieta que nunca va a terminar, porque mientras haya ricos que acumulan capital y pobres ajustados y explotados van a existir grietas. Y como decía ese libro grandioso escrito por De Fante: "la única grieta que puede ser penetrada y vas a gozar sin discutir es la vagina"(Échale la culpa al polvo).
¡Aguante la grieta!!!!!

Fabián Ariel Gemelotti

domingo, 1 de septiembre de 2019

La pendeja

Las edades de la mujer

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

A cierta edad te empiezan a gustar las pendejas, porque te sentís viejo o porque queda lindo ir a comer con una pendeja y que te miren todos. El amor es la mirada
del otro. Uno ama o se deja amar en determinadas etapas de su vida, amores que otros miran y que vos gozás. A los veinte te gustan las de cuarenta, porque querés cojerte a la mujer de tu jefe o te calienta tu tía o la amiga de tu madre. No te importa a los veinte las arrugas de una cuarentona, o que las tetas no sean frescas. Te mueve el deseo a lo prohibido. La transgresión es parte del amor, sin transgresión no hay deseo. A los 23 años me acostaba con una profesora de la facultad, una vieja de cuarenta y seis años. Yo la deseaba y la admiraba porque se leía todo. Eran los tiempos que me iniciaba en las grandes lecturas, entonces nos recostábamos en la cama y hablábamos de literatura. Yo estudiaba en esos tiempos Derecho, había terminado Historia y empezado la carretera jurídica. Ella era abogada pero le gustaba la literatura. Me enamoró de ella su saber, y su "experiencia". No me importaban sus arrugas y sus dientes ya no tan blancos ni su culo con celulitis ni su voz ya cansada. Ahora no soporto la celulitis en una mujer, y me gusta la piel fresca y el aliento a juventud. Es el paso del tiempo, como diría Barthes. Después a los 24 me acostaba con la esposa de un vecino del edificio donde vivía en los noventa. El marido era un pelado con panza, y trabajaba en seguros. El tipo no estaba nunca y su esposa pasaba las tardes en mi departamento. Era una rubia de treinta y ocho años, muy pero muy linda y muy pero muy puta. No tenía arrugas y poca celulitis. Recuerdo que el marido, que era un gorila pelotudo, me lo encontraba siempre en el ascensor y me decía: "hoy laburé todo el día y ahora tengo que aguantar a la boluda de mi esposa". Yo le decía: "es la vida de casado", y me decía: "te envidio que estás soltero y podés cogerte a las pendejas que quieras". Pero yo no quería pendejas, me gustaban las casadas de cuarenta. Me enloquecía cogerme mujeres casadas, era mi especialidad. Era joven y fuerte y con músculos y pelo largo y piel fresca y dinero y mucha lectura. Entonces seducía, porque la mujer casada desea que se la cojan bien cogido alguien diferente al gordo de su esposo. Es la ley del sexo: uno desea lo que no tiene en su casa, y la mujer casada tenía a un tipo que laburaba mucho, la verga floja y que no se la chupaba bien. Entonces buscaba a un pendejo de mi edad, que la tenía bien dura y se la chupaba como los dioses.
Tenía novia en esos tiempos, novia pendeja de 19 años. Íbamos a las islas en lancha, y mi novia la rompía y calentaba a los de cuarenta y cincuenta. La pendeja se ponía sus trapitos ajustados y le marcaba bien el culo y las tetas. Se recostaba a tomar sol y yo me divertía viendo a los viejos desviar la vista para mirarle el orto. Un día veo a una pareja grande discutir y me hago el pavo y paso por la lado de ellos y escucho: "pelotudo no le mires el orto a esa pendeja" y el tipo le decía a su esposa: "yo no miro nada, miro el río" y la esposa le decía: "¡qué podés hacer vos si la tenés muy floja". Yo me divertía, porque mi novia era muy guacha y le gustaba hacer calentar a los tipos. Esa seducción de playa siempre me gustó, ver a casados cómo desvían la mirada ante un buen culo joven y ver a esposas mirar a pendejos con vergas marcadas en el pantalón. Es la vida así, y quien lo niegue no entiende nada de sexo. El porro fumado tirado en la arena con tu novia recostada en tu pecho y sentir que la verga se empieza a poner dura es algo único. Y ver que todos los otros tipos desean a tu novia, porque está muy buena y tiene cara de guacha histérica. Mi abuelo, que era muy guacho y muy mujeriego, me decía a los diez años: "Fabián, las mujeres todas quieren pija". Yo no entendía esa palabra y un día le dije al cura al ir a confesarme y me dijo: "tu abuelo es un degenerado. Rezate veinte aves María y no pienses en esas cosas sucias" Y yo me sentía culpable de escuchar a mi abuelo. A los quince años me entero que el cura de mi barrio se cogía a todas las catequistas y que lo echan de la Iglesia y lo cambian a otra de Vicente López porque los maridos de las catequistas querían cagarlo a trompadas.
A los 17 me calentaba una amiga de mi madre, y se lo dije un día. Estábamos solo en mi casa y le digo: "me gustás". Ella se quedó callada y me agarró de la mano y fuimos a mi cuarto y nos besamos y cogimos toda una tarde. Era amiga de mi vieja, muy linda y muy burguesa. Estaba separada y fue mi primera experiencia de sexo salvaje.
Fueron muchas cuarentonas que pasaron por mi vida, y muchos polvos transgresores con mujeres de otros. Un día mi novia me dijo: "me acosté con un viejo de cuarenta". No dije nada y me callé. Y me contó su experiencia sexual con otro hombre. Después le conté a mi amante de treinta y ocho y me dice: "mi esposo se cogió a tu novia, no entiendo es pelado y tiene panza". "Mierda", me dije para mis adentros. Al tiempo nos peleamos con mi novia. Y me pongo de novio con alguien más grande, diez años más grande que yo. Fueron cuatro años de amor pasional y nada de engaños, salvo algún polvo perdido en alguna aventura amorosa. Nunca creí en la lealtad ni en el amor monogámico. Creo en el deseo sexual y creo y practico el amor libre hace años. De ser un católico militante de familia burguesa y muy creyente, pasé a ser ateo desde los 22 años y practicar el amor libre. No es que sea anarco, porque yo le llamo amor libre a no ser esclavo de nadie y nadie ser mi esclava. Soy heterosexual, no soy anarco y no voy a decir esa fase teórica del amor de los anarcos de principios del siglo veinte. Lo mío es "el amor libre en las sociedades capitalistas". Yo me entiendo y no tengo ganas de andar teorizando para los boludos que no entienden lo que quiero decir. Allá ellos que son imbéciles y pacatos.
El tiempo pasa y uno se vuelve "viejo" y deja de tener la frescura que da la juventud. Entonces empezás a buscar pendejas. Te empiezan a gustar jóvenes, la frescura y la risa de mujeres de piel suave y tiernas. Ya no te bancás más a una vieja como uno. Hace un mes me dejó una "novia" de 24 años. Estuve muy triste, y me deprimí mucho. Pero hubo muchos grandes amores en mi vida, y eso me ayudó a elaborar un duelo amoroso. Conocí hace muy poquito a otra chica, esta vez de 19 años. Me gusta la mujer muy pendeja, porque me gusta sentarme en un bar y que las parejas grandes digan: "esa pendeja es muy chica para ese tipo" o que mis amigos me digan: "buscate una compañera de vida, no una hija". Es la envidia, porque ellos se cojen carne vieja y deben soportar el aliento y el mal carácter de sus esposas. Yo soy diferente, me gusta la transgresión en la cama. Me gusta gozar, porque para qué quiero una compañera de vida, yo quiero alguien con quien gozar de a dos una buena encamada.

Fabián Ariel Gemelotti
(De mi libro inédito: Me gusta cojer, 2017)

El amor

Las edades de las mujeres

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La mujer es lo más bello que le puede pasar a un hombre, porque no se puede vivir sin una mujer. Tampoco se puede vivir sin salud ni tampoco se puede vivir sin bienestar económico. Esto es capitalismo, te guste o no te guste vivimos con los valores morales del capitalismo. Siempre fui crítico del capitalismo, no es que lo ame; al contrario, lo detesto. Pero he comprendido que no hay otra salida inmediata. Entonces vivamos en un capitalismo que distribuya a la población, y que la economía sea igualitaria. Es Peronismo, más allá de las virtudes y errores del Peronismo. El amor tiene que ver con el sistema económico en el cual se vive. La economía estructura tus valores de vida, te guste o no te guste. No se puede hablar de "amor libre" dentro del sistema capitalista, ni tampoco se puede pretender "destrozar la familia", porque la familia es parte del orden económico en el cual vivimos.