viernes, 6 de septiembre de 2019

Las maquinitas de video

Las maquinitas de los ochenta
(Tercera parte)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Todo se recicla y el mundo avanza devorando el pasado. Lo que fue ya no vuelve, pero queda en nuestra memoria por siempre. Nada se borra. Nada se puede olvidar. Insert coins era lo que te marcaba que la maquinita pedía ficha para funcionar. Los autos de carreras, esos autos que te hacían sentir que estabas sobre una pista y que vos eras un gran corredor. En la modernidad neoliberal vendrán Rápidos y furiosos, pero todo reciclado y conservador. Me vi todas, pero nada comparado con apretar el acelerador de una maquinita de video. Sacoa por calle Córdoba, esa casa de juegos única donde siempre enganchabas una minita. Minas rápidas y cogedoras, porque eran los ochenta y todo era sexo, nada de histeria y nada de vivir con límites. También había jueguitos en casas de familia: compraban tres maquinitas y ahí confluían pibes del barrio a jugar. Todo precario, familiar y lindo. Máquinas de los cincuenta o de los setenta. Se jugaba por la Coca y por la dignidad del jugador. Siempre Súper Mario presente, ese juego que hizo furor y fue uno de los primeros juegos de culto. En los noventa tuvo su filme de culto. Mediocre película, pero fue interesante que ese juego sea llevado a la pantalla grande.
Todo cambia. El mundo que vivimos aburre y abruma. Ya todo no es igual. La economía de agonía va matando todo. La fichita se transformó en tarjeta en el 2000. Y las casas de juegos en ciber. Y los ciber en negocios vacíos. Todo cambia. Ahora se juega desde una computadora, vos encerrado en tu domicilio y solitario sin nadie frente a tu computador ultra moderno. La naranja mecánica y Calles de fuego pasaron al olvido, en esta vida cotidiana devorada por los mercados y reciclada en una economía de agonía.
¿Tenés una fichita para la maquinita?

Fabián Ariel Gemelotti

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