Las edades de la mujer
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
A cierta edad te empiezan a gustar las pendejas, porque te sentís viejo o porque queda lindo ir a comer con una pendeja y que te miren todos. El amor es la mirada
del otro. Uno ama o se deja amar en determinadas etapas de su vida, amores que otros miran y que vos gozás. A los veinte te gustan las de cuarenta, porque querés cojerte a la mujer de tu jefe o te calienta tu tía o la amiga de tu madre. No te importa a los veinte las arrugas de una cuarentona, o que las tetas no sean frescas. Te mueve el deseo a lo prohibido. La transgresión es parte del amor, sin transgresión no hay deseo. A los 23 años me acostaba con una profesora de la facultad, una vieja de cuarenta y seis años. Yo la deseaba y la admiraba porque se leía todo. Eran los tiempos que me iniciaba en las grandes lecturas, entonces nos recostábamos en la cama y hablábamos de literatura. Yo estudiaba en esos tiempos Derecho, había terminado Historia y empezado la carretera jurídica. Ella era abogada pero le gustaba la literatura. Me enamoró de ella su saber, y su "experiencia". No me importaban sus arrugas y sus dientes ya no tan blancos ni su culo con celulitis ni su voz ya cansada. Ahora no soporto la celulitis en una mujer, y me gusta la piel fresca y el aliento a juventud. Es el paso del tiempo, como diría Barthes. Después a los 24 me acostaba con la esposa de un vecino del edificio donde vivía en los noventa. El marido era un pelado con panza, y trabajaba en seguros. El tipo no estaba nunca y su esposa pasaba las tardes en mi departamento. Era una rubia de treinta y ocho años, muy pero muy linda y muy pero muy puta. No tenía arrugas y poca celulitis. Recuerdo que el marido, que era un gorila pelotudo, me lo encontraba siempre en el ascensor y me decía: "hoy laburé todo el día y ahora tengo que aguantar a la boluda de mi esposa". Yo le decía: "es la vida de casado", y me decía: "te envidio que estás soltero y podés cogerte a las pendejas que quieras". Pero yo no quería pendejas, me gustaban las casadas de cuarenta. Me enloquecía cogerme mujeres casadas, era mi especialidad. Era joven y fuerte y con músculos y pelo largo y piel fresca y dinero y mucha lectura. Entonces seducía, porque la mujer casada desea que se la cojan bien cogido alguien diferente al gordo de su esposo. Es la ley del sexo: uno desea lo que no tiene en su casa, y la mujer casada tenía a un tipo que laburaba mucho, la verga floja y que no se la chupaba bien. Entonces buscaba a un pendejo de mi edad, que la tenía bien dura y se la chupaba como los dioses.
Tenía novia en esos tiempos, novia pendeja de 19 años. Íbamos a las islas en lancha, y mi novia la rompía y calentaba a los de cuarenta y cincuenta. La pendeja se ponía sus trapitos ajustados y le marcaba bien el culo y las tetas. Se recostaba a tomar sol y yo me divertía viendo a los viejos desviar la vista para mirarle el orto. Un día veo a una pareja grande discutir y me hago el pavo y paso por la lado de ellos y escucho: "pelotudo no le mires el orto a esa pendeja" y el tipo le decía a su esposa: "yo no miro nada, miro el río" y la esposa le decía: "¡qué podés hacer vos si la tenés muy floja". Yo me divertía, porque mi novia era muy guacha y le gustaba hacer calentar a los tipos. Esa seducción de playa siempre me gustó, ver a casados cómo desvían la mirada ante un buen culo joven y ver a esposas mirar a pendejos con vergas marcadas en el pantalón. Es la vida así, y quien lo niegue no entiende nada de sexo. El porro fumado tirado en la arena con tu novia recostada en tu pecho y sentir que la verga se empieza a poner dura es algo único. Y ver que todos los otros tipos desean a tu novia, porque está muy buena y tiene cara de guacha histérica. Mi abuelo, que era muy guacho y muy mujeriego, me decía a los diez años: "Fabián, las mujeres todas quieren pija". Yo no entendía esa palabra y un día le dije al cura al ir a confesarme y me dijo: "tu abuelo es un degenerado. Rezate veinte aves María y no pienses en esas cosas sucias" Y yo me sentía culpable de escuchar a mi abuelo. A los quince años me entero que el cura de mi barrio se cogía a todas las catequistas y que lo echan de la Iglesia y lo cambian a otra de Vicente López porque los maridos de las catequistas querían cagarlo a trompadas.
A los 17 me calentaba una amiga de mi madre, y se lo dije un día. Estábamos solo en mi casa y le digo: "me gustás". Ella se quedó callada y me agarró de la mano y fuimos a mi cuarto y nos besamos y cogimos toda una tarde. Era amiga de mi vieja, muy linda y muy burguesa. Estaba separada y fue mi primera experiencia de sexo salvaje.
Fueron muchas cuarentonas que pasaron por mi vida, y muchos polvos transgresores con mujeres de otros. Un día mi novia me dijo: "me acosté con un viejo de cuarenta". No dije nada y me callé. Y me contó su experiencia sexual con otro hombre. Después le conté a mi amante de treinta y ocho y me dice: "mi esposo se cogió a tu novia, no entiendo es pelado y tiene panza". "Mierda", me dije para mis adentros. Al tiempo nos peleamos con mi novia. Y me pongo de novio con alguien más grande, diez años más grande que yo. Fueron cuatro años de amor pasional y nada de engaños, salvo algún polvo perdido en alguna aventura amorosa. Nunca creí en la lealtad ni en el amor monogámico. Creo en el deseo sexual y creo y practico el amor libre hace años. De ser un católico militante de familia burguesa y muy creyente, pasé a ser ateo desde los 22 años y practicar el amor libre. No es que sea anarco, porque yo le llamo amor libre a no ser esclavo de nadie y nadie ser mi esclava. Soy heterosexual, no soy anarco y no voy a decir esa fase teórica del amor de los anarcos de principios del siglo veinte. Lo mío es "el amor libre en las sociedades capitalistas". Yo me entiendo y no tengo ganas de andar teorizando para los boludos que no entienden lo que quiero decir. Allá ellos que son imbéciles y pacatos.
El tiempo pasa y uno se vuelve "viejo" y deja de tener la frescura que da la juventud. Entonces empezás a buscar pendejas. Te empiezan a gustar jóvenes, la frescura y la risa de mujeres de piel suave y tiernas. Ya no te bancás más a una vieja como uno. Hace un mes me dejó una "novia" de 24 años. Estuve muy triste, y me deprimí mucho. Pero hubo muchos grandes amores en mi vida, y eso me ayudó a elaborar un duelo amoroso. Conocí hace muy poquito a otra chica, esta vez de 19 años. Me gusta la mujer muy pendeja, porque me gusta sentarme en un bar y que las parejas grandes digan: "esa pendeja es muy chica para ese tipo" o que mis amigos me digan: "buscate una compañera de vida, no una hija". Es la envidia, porque ellos se cojen carne vieja y deben soportar el aliento y el mal carácter de sus esposas. Yo soy diferente, me gusta la transgresión en la cama. Me gusta gozar, porque para qué quiero una compañera de vida, yo quiero alguien con quien gozar de a dos una buena encamada.
Fabián Ariel Gemelotti
(De mi libro inédito: Me gusta cojer, 2017)
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