sábado, 7 de septiembre de 2019

Hay cosas que solamente fe hombres

Hay cosas que son solamente de hombres

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Hay juegos y cosas que son solamente de hombres, y que las mujeres no pueden comprender. Una de esas cosas son las historietas de Editorial Columba. Historias contadas para ser leídas por hombres, sin ofender a la mujer ni exarcebar un machismo retrógrado. Eran historias para el goce masculino, al igual que la novela negra norteamericana que salió de la pulpa de las alcantarillas para goce del barón. Nippur y Dago son las mejores, a mi entender. Pero estaban otras como Capitán Camacho o Pepe Sánchez o Mi novia y yo, que eran excelentes. Robin Hood, ese paraguayo que no tenía la primaria completa y vino del Paraguay a la Argentina sin un centavo, fue el más grande de los guionistas de Columba. Y junto a Lucho Olivera crearon Nippur, quizás la mejor historieta de aventuras del mundo. Historias bien masculinas, bien de machos. Otra cosa que son bien de hombres son las figuritas. Nacen en el siglo 19 como una forma publicitaria de los cafés y los cigarrillos, y van transformándose en algo particular para los niños, cuando en los años 40 se empiezan a vender en paquetes. Fue el juego de los hombres. Las nenas coleccionaron otras figuritas, de brillantes pero por juntar no por pasión. El chupi y la arrimadita fueron bien masculino. Es que el hombre siempre fue un acumulador de objetos. El hombre colecciona y la mujer tira a la basura. Cuando un hombre se casa su esposa le hace limpieza: autos, revistas y libros a la basura, porque "hay que hacer espacio". En tiempos de un feminismo retrógrado y mal interpretado donde la mujer en vez de avanzar en derechos avanza en masculinizar lo femenino, no es "correctamente político" hablar de esto, pero tengo ganas de hablar sin ofender a las pavotas feministas de cartón que pueblan la red y la sociedad neoliberal. Una cosa es ser mujer con plenos derechos e igualdad ante la Ley y ante la vida, y otra cosa ser una mujer resentida de los vicios masculinos y renegar de un machismo necesario que todo hombre debe conservar para ser hombre. Creo que me estoy metiendo en terreno no fértil, y puedo ser mal entendido. No me interesa, nunca me interesa quedar bien con nadie y si alguna estúpida feminista moderna se ofende que me chupe la pija.
Hay cosas bien del macho, como el café con leche y las medialunas y eructar y tirarse un pedo. También es bien de hombres no barrer el cuarto y dejar que el polvo cubra los libros: barrer y hacer la cama no se hizo para hombres. Aunque yo soy muy limpio, extraño a mi ex novia que sabía barrer y limpiar y abrir la puerta para que yo vaya a tirar la basura al contenedor. Hay cosas que son bien del macho. El macho, el hombre, el tipo o simplemente el pelotudo del hogar necesita expandir su cabeza en objetos. Los objetos como soldaditos, juguetes, autitos, etiquetas de cigarrillos y figuritas son para coleccionistas masculinos. Por eso esas cosas cuestan dinero, porque fueron creadas para el hombre. Como dice un viejo más machista que un machista de los años cuarenta: "en mi época no había putos". El viejo es un viejo machista, porque la verdad putos hubo siempre. Esa es otra cosa que se ha perdido, hablar con ese lenguaje barrial bien de hombre: "concha, putos, reventada, histérica, conchudas, gordas pedorras, vieja petera...." Y el viejo la sigue: "mi mujer nunca me chupó el pito". Bueno, en algo sirve el feminismo moderno: "ahora todas tiran bien la goma". Pero cada día hay más cucharitas. ¿Me entienden lo que quise escribir en este pequeñito ensayo?

Fabián Ariel Gemelotti

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