lunes, 20 de enero de 2020

La maestra

La insoportable levedad de las maestras ciruelas (quizás sea un ensayo)

(f.a.g.)

No hay nada más insoportable que una maestra de primario. Son la personificación del "te felicito" "excelente" "día de sol". La primaria debe ser el primer tratamiento de tortura de una persona. Ahí comienza todo. Las maestras son expertas ejecutoras de la tortura, donde la tiza, la tijera y los cuadernos son los elementos de tortura. "A ver chicos, hoy van a aprender a sumar" "¿diez x veinte cuánto?". Hay tortura en esa frase, porque ahí se aprende a obedecer. Y obedecer es lo que quedará en el chico para toda su vida. Hice la primaria en una escuela católica. En primer grado me daban Latín. Nunca entendí por qué nos daban Latín. Mis padres pagaban fortunas para que aprenda Latín. Yo quería aprender inglés. Pero daban Latín. La maestra de Latín era una chica de unos treinta años. Una anciana para mí. Se sentaba y abría las piernas para dar Latín. Todos le miraban la bombacha, y cuando un pelo asomaba (en esos tiempos ninguna mujer se depilaba) nos quedábamos tratando de pensar cómo era una vagina. A los seis años nadie sabe qué es una vagina. Después cuando en la adolescencia se descubre que la vagina es para meter el pito, ahí todos pensamos que las clases de Latín sirvieron para que la imaginación nos llevara a un mundo de vaginas.
En la vida todo el mundo da consejos. Odio los consejos y a esa gente que vive dando lecciones de vida. A veces cuando público aparece alguno y me da consejos: "está mal este pensamiento" " siempre escribiendo boludeces, no me interesan tus escritos" "tenés que escribir como Onetti, lo tuyo es pésimo" "estás equivocado" "te felicito y seguí escribiendo". Y me trasladan a la primaria. La maestra de música era una vieja que nunca pudo aceptar que yo odiara la música. Me sentaba en el banquito y ponía mis manos en el piano. Nunca pude ejecutar una melodía. Y me decía: "pedazo de idiota, no entiendo que no quiera aprender a tocar el piano". Las maestras son así, nunca comprenden que un chico odie la escuela. Mi conducta era "pésima" y me mandaban a la Biblioteca de penitencia. Y me hice amigo de la vieja bibliotecaria, la cual me hacía leer a Salgari y a Julio Verne. Gracias a tener pésima conducta y odiar a las maestras me enamoré de los libros.
Las maestras son ciruelas. En Jacinta Pichimaguida eran todos llantos. Al negrito todos los curraban con las figuritas. El negrito era el "pobrecito". Jacinta era la telenovela que reivindicaba a la maestra. "Señorita voy al baño". Y me iba al baño y meaba y volvía: "¿por qué tardó tanto?" "es que también hice caca". El ir al baño en la primaria es el adoctrinamiento para la vida laboral: "cagá rápido que sino estas robando horas al trabajo". Las maestras cumplen una función de modelar cerebros. No me vengan con los medios, el primer adoctrinamiento es de la escuela. ¿Sirve para algo la escuela? La verdad que sirve mucho a las clases dominantes, porque sin primaria no hay doctrina que valga. Ahí comienza todo, y la maestra es tu primer patrón.
Colorín colorado este escrito ha terminado.
Si no te gusta este escrito "te felicito guachín".
Me voy a cagar y a dormir. Una plácida cagada sin reloj y un porrito para que la mierda salga mejor. (Seguramente algún boludo me va a decir: "¿un porro y la mierda? No tiene nada que ver con la biología")
Ya, colorín colorado me voy a cagar.

Fabián Ariel Gemelotti

Posdata: una vez me cogí una maestra de escuela, hace años. ¿Qué me dijo la boluda?: "Te felicito, me gustó como me chupaste ahí abajo"

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