miércoles, 8 de enero de 2020

El Alberto

El Alberto (relato)

(f.a.g.)

En mi barrio de chico había un tipo llamado Alberto. Pero todos le decían el Alberto. Este tipo era el rufián del barrio, pero no un rufián romántico y melancólico como el de Los siete locos. Era un rufián malo y muy malo podríamos calificarlo de "guacho". El Alberto era gordo, feo, grasiento y tenía la manía de comerse los mocos cuando hablaba. Pero tenía una virtud, prestaba plata a todo el mundo y la gente era amable con él, esa amabilidad falsa de los barrios donde si alguien tiene mosca todos están detrás de él. Y el Alberto tenía mucha plata. Una vecina, la Cachi, quería irse a La Falda en Córdoba, pero no tenía plata. Va de el Alberto, y le pide dinero prestado. Pero esta mujer tenía muchas deudas y estaba apretada de dinero. El Alberto siempre se aprovechaba de estas cosas: "pagame en especias Cachi". En el lenguaje de un barrio eso significa una tirada de goma. La Cachi no era linda, un poco gorda y tenía un grano muy punteagudo en la nariz. Ese grano despedía olor feo. Pero tenía labios grandes y sabía tirar la goma, según decían malas lenguas de las vecinas. La Cachi le dice "bueno" y el Alberto ahí mismo pela la verga y la Cachi se la empieza a tocar. Pero la Cachi era mala también, una vieja solterona y amargada. Se la toca y el Alberto goza, pero la Cachi empieza a apretar la verga del rufián y apreta fuerte. El Alberto le dice que lo suelte y la Cachi le dice que quiere mucha plata o le arranca la pija. El Alberto la escupe y la Cachi hace mucha fuerza y le estira toda la pija. El hombre le pega una cachetada y la cachi saca una navaja del bolsillo y se la corta con profesionalidad de peluquera, porque la Cachi era peluquera de gordas casadas a domicilio y también tiraba las cartas. El Alberto se desangra y la Cachi lo mira firme y con una sonrisa en los labios le "Alberto hijo de puta ya no tenés más chota".

Fabián Ariel Gemelotti

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