La mujer del vecino
(f.a.g)
Cuando tenía 16 años fueron a vivir al barrio una pareja grande, de unos cuarenta años. Ella era delgada, de pelo corto castaño y muy alta. El era delgado y alto y de rostro muy blanco. Era verano y mi adolescencia transcurrió en la pileta del Club Echesortu. Este club, el Libertad y Rowing Club fueron mis pasiones de verano. Siempre me gustó nadar, y la playa. Cuento que era verano, porque el verano tiene que ver con este relato. La pareja se instala en una casa grande, la más bella del barrio. Esta casa fue propiedad de gente muy rica que murieron misteriosamente. Y estos nuevos vecinos aparecen de la nada con dos camiones de mudanza. Veníamos una tarde de Rowing con mi novia de entonces, Anita que tenía 14 años, y nos quedamos asombrados al ver las cosas que bajaban los nuevos vecinos de los camiones de mudanza. Entre los muebles que iban entrando a la casa nos llamó la atención cuatro cajas muy grandes tapadas con sábanas. Anita me mira y me dice qué será. Nos sentamos en el cordón a ver la mudanza, cosa linda porque una mudanza llama la atención, más cuando uno es chico y curioso. Nos abrazamos con Anita y nos dimos besos, éramos muy pegados. Fue un gran amor. Ella murió a los 17 en un accidente de tránsito, y todavía la recuerdo con afecto porque era muy linda y buena y muy sensual. Cinco años estuvimos juntos. Nos estábamos besando y siento una mano que toca mi cabeza. Nos separamos y miramos para arriba y vemos a una mujer muy bella que nos sonreía. Ese fue mi primer encuentro con la nueva vecina. Y fue el comienzo de los sucesos que voy a narrar.
Mucho calor ese verano, y todo el día a Rowing con Anita. Era muy lindo, porque ahí nos cruzábamos a las islas y hacíamos el amor a toda hora. En el bote, en el río y entre los yuyos. A la noche no se podía dormir, y mi familia no tenía aire. Así que abría las ventanas y prendia un ventilador turbo y me desnudaba completo para dormir. Enfrente de mi casa era la casa grande de los nuevos vecinos. Y desde mi ventana podía abarcar esa propiedad con total libertad. Una noche no podía dormir y me pongo a leer a Poe. Me lo regaló Anita, ella leía mucho. Leía y leía y estaba todo transpirado. Me arrimo a la ventana para respirar un poco y veo la ventana abierta de enfrente y luz. Miro bien y veo a la vecina desnuda con un cigarrillo en los labios y al vecino también desnudo. El vecino la empuja contra la pared y le hace el amor. Yo desde enfrente miraba y me puse duro y eso que habíamos estado cogiendo con Anita todo el día. Pero me puse al palo. La vecina se movía de una forma muy rápida y el hombre bombeaba como si fuera un animal salvaje. Así estuvieron cuarenta minutos hasta que veo que el tipo deja de moverse y se retira y ella lo sigue y apagan la luz. Tengo que confesar que tuve que masturbarme esa noche. Al otro día cuando hacía el amor con Anita pensaba en la vecina. No podía sacármela de mi pensamiento. Me había calentado mucho.
A la noche miro de vuelta por la ventana y veo al hombre desnudo y a su mujer también desnuda. Agarro un largavista y así puedo ver bien a la mujer: miro sus tetas y su cuerpo. Me vuelvo a excitar mucho pero sigo mirando. La luz del ventanal de los vecinos era muy fuerte y abierta la ventana de par en par me daban una visión perfecta. La vecina se agacha y agarra la verga del tipo y se la mete en la boca. Y succiona un buen rato, sacándosela de la boca y chupando los huevos del vecino. Yo a esa altura estaba muy caliente. Y el vecino acaba y chorrea todo el semen en las tetas de la mujer. Esa noche no dormí. A la mañana me sentía mal, dos noches sin dormir y Anita quería sexo en la isla. Entre el sexo con Anita y las noches en el ventanal me estaba destruyendo. Así transcurren varias noches, y a la mañana quería dormir en la playa y en el bote. Anita me ve mal y me pregunta qué me pasaba. Y le cuento. Su reacción fue de celos y me empujó del bote. Quedé en el medio del río y ella siguió hasta la playa. Tuve que nadar y me acalambraba a cada brazada. Me dolía todo el cuerpo.
Mis noches eran mirar por la ventana y ver a la mujer del vecino hacer el amor. Pero una noche veo al vecino desnudo y a su mujer también desnuda que se dirigen a la ventana. Los dos apoyan las manos en el borde de la ventana y miran a mi ventana. Y me ven espiando. Y hacen una seña para que me cruce. Yo estaba muy caliente y asustado a su vez. Y bajo por la ventana con agilidad y en calzoncillos llego a la calle. Y me cruzo de los vecinos. Y la puerta se abre e ingreso a la propiedad. No veo a nadie y veo una escalera y subo y veo al vecino cambiado con un traje negro. El vecino se acerca y me mira fijo a los ojos. Y me dice si busco a la mujer. Yo no sabía qué decir, tenía vergüenza y miedo. Y el vecino me indica con la mano unas cajas grandes (eran las cajas que habíamos visto entrar tapadas con sábanas). Las cajas eran blancas y estaban abiertas. El vecino se arrima y saca una cabeza de una caja. Y después saca tres cabezas más. Eran todas las cabezas igualitas a su esposa. Y así saca de cada caja partes del cuerpo. Yo estaba asustado. El vecino me miraba y se reía. Y empieza a unir las partes y forma así cuatro mujeres. Eran esas mujeres la vecina. Yo temblaba de miedo. Y el vecino me dice que me siente y me sirve Coca cola y me dice que preste atención que va a contarme una historia: "mi nombre en Abrahan Libaskul, soy ingeniero de profesión y nací en Israel. A los 20 años me casé con Mayle, la mujer que vos veías por la ventana. Fue el amor de mi vida. Teníamos mucho sexo. Hace cuatro años ella murió de una enfermedad muy rara. Tenía una infección en la piel que la fue matando poco a poco. Yo quedé muy mal y solo. Así que un día fui al cementerio, robé el cadáver de mi mujer y le di vida nuevamente. Soy un gran científico y pude conectar la vida nuevamente. Y así volvió a la vida nuevamente Mayle. Y tengo repuestos por si pasa algo. Acá ves cuatro Mayle más". Cuando el hombre termina de hablar aparece su mujer Mayle. El hombre me mira y me dice: "¿querés probar cómo funciona?". Yo me asusté y le digo que amo a mi novia. Era muy leal en esos tiempos. Creo que Anita fue la única mujer que nunca engañé con otra. Entonces el hombre me mira serio y me dice: "vete y no cuentes nunca esto o volveremos y tendremos que matarte". Me voy corriendo y entro a mi casa asustado.
A los días al venir de Rowing con Anita vemos una mudanza. Los vecinos se iban y nuevamente vemos las cajas con sábanas pero esta vez subir a una mudanza. Anita me abraza y me dice: "estaba celosa de esa vieja".
Hace unos días pasé con la moto por la zona de barrio Martin. Y veo dos camiones de mudanza y unas cajas con sábanas que bajaban. Y miro bien y veo a Mayle y al hombre alto. Yo tenía puesto el casco y no me reconocieron.
Por favor si ves a una pareja adulta entrar cajas con sábanas a una propiedad, no mires por la ventana a la noche. Tu vida corre peligro.
Fabián Ariel Gemelotti
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