La mujer
(f.a g.)
Siempre me gustaron un estilo de mujer. Y a lo largo de mi vida todas las mujeres que he amado son iguales en algo. Es un parámetro que todos tenemos, y no podemos saltearlo nunca. ¿Es el edipo y la construcción de lo femenino desde niños? En parte sí, y en parte es el lugar donde nos puso la gente a cada uno. Nos construimos por la familia y por los amigos y el trabajo y el estudio. A todos nos ponen en un lugar. Y cuando buscamos un amor lo que buscamos es ese lugar que es nuestro faltante y necesitamos para no morir. El amor es la no muerte. Sin amor hay muerte. Nietzsche decía que la felicidad no era posible y que la humanidad estaba condenada al desastre. Foucault retoma ese pensamiento y dice también que la felicidad no es posible, que nadie es feliz. Pero como sabemos Faucault vivía cogiendo. Y en ese placer que es el sexo estaba "su felicidad". El sexo es felicidad, no se puede vivir sin sexo. Pero acá me voy a contradecir, al principio dije que el amor es la no muerte. Bueno, el sexo es amor. No se puede separar el amor del sexo. No hay amor sin sexo, pero sí hay sexo sin amor. ¿Me explico?
Tengo pasión por cinco escritores que siempre leo y vuelvo a leer mil veces: Nietzsche, Foucault, Céline, Fante y Buzzati. Y tengo pasión por muchos libros, pero especialmente por El desierto de los tártaros, la Biblia (un libro de cabecera) y por Viaje al fin de la noche. No sé por qué, pero esos libros son a mi entender la esencia de la vida. Pero no voy a ponerme tan filosófico, porque estoy tomando sol y me distraen los culos en la playa. Retomo lo que empecé al principio. Siempre uno tiene un estilo de mujer. No soy muy sociable, para nada. No me interesa ser sociable, y no me interesa la gente. Las mujeres que siempre me enamoré (cinco veces he amado con intensidad) tenían algo muy particular: la mirada y esa soledad que muy poca gente tiene. Me gusta la gente distinta, solitaria y marginada. No podría ser amigo de alguien muy sociable. No podría gozar con alguien que ama vivir y ama al mundo. Yo no amo al mundo. ¿Y dónde está ese faltante que busco? Más que faltante (acá la segunda contradicción de este escrito) lo que busco es un igual. En definitiva en el amor/sexo se busca a un igual. No se busca lo diferente, porque en ese ser igual a uno está el placer.
La mujer distinta es distinta al resto de las mujeres. Hay mujeres sociables, nunca me interesaron. Hay mujeres que tienen mil amigos, no me interesan. Hay mujeres alegres, me aburren. Hay gente que ama vivir, detesto eso de la gente.
Mi primer amor fue Anita, a los 16 años. Mi primer gran amor. Yo tenía 16 años y ella 13. Mi primer gran pasión. Estuvimos juntos casi cinco años. Anita murió en un accidente de moto a los 17 años (una culpa que me persigue) Siempre me acuerdo de ella, no porque tenga un duelo mal hecho y sea melancólico. No soy melancólico, soy solitario. Pero la recuerdo siempre porque Ella era la esencia de mi ser. Era hermosa, y sobre todo tenía mirada triste. Me gustan las miradas tristes, como que la vida es un peso y cuesta vivirla. Las miradas alegres me irritan. Mi segundo gran amor fue Judith a los 22 años. Una mujer mucho más grande que yo que parecía alegre pero era muy triste. Ella me dejó. Me dijo adiós un día y me quedé muy mal, muy triste. Una chica morocha (la única mujer morocha que he amado) y de cuerpo de modelo. Alta, delgada y de cola única. Pero me dejó. Nunca más supe de ella. A los 26 años tuve mi tercer gran amor, Alejandra. Tenía Ella 30 años y fue quizás mi amor más duradero. Pelirroja, alta, delgada de ojos grises. Pero después fue cambiando su cuerpo, dejando de ser delgada y yo me fui alejando. La engañaba y volvía con ella. Un día la dejé, y me fui. Pero me marcó tanto que su inteligencia todavía está en mi mente. Fue la mujer más inteligente que conocí. Y mi cuarto gran amor fue a los 34 años. Nataly tenía 23. Fue un gran amor de inocencia. Alguien muy inocente y de una belleza de chica del Jockey Club. Nos distanciamos a los cuatro años de estar juntos.
Y dejo mi apartado para mí quinto gran amor. No digo el nombre, porque fue un amor secreto. Alguien mucho más chica que yo, y sé que le molestaría que de su nombre. Generalmente nunca cuando escribo pongo nombres de personas. No me gusta eso, yo escribo textos no hago chismerío barato. Esta chica fue mi retorno a Anita. Nunca vi dos mujeres tan parecidas. Las dos de pelo muy rubio, de mirada entre odio y asco a la gente. Las dos muy pero muy solitarias. Estuvimos casi dos años juntos, entre el secreto. Nunca juntos en público. La veía en público y no la saludaba. Fue mi gran amor de los últimos años. Nos distanciamos por cuestiones sociales diríamos: "sos muy grande para mí, no tengo vida con vos"(las amigas, siempre las amigas son causantes de muchas cosas) Sus últimas palabras me hundieron en una depresión muy fea. Ya estoy muy bien.
He tenido muchos amores más, muchísimos, pero amores no pasiones. Quizás unos diez que podrían haber sido grandes amores, pero no lo fueron. Y otros más para pasar el rato, esas aventuras pasajeras de sexo y nada más.
Retomo a Nietzsche y me quedo con su tragedia de vivir. Y retomo a Buzzati y su novela de la infelicidad. Pero prefiero terminar con Céline y una frase que amo: "coger es una pasión, y más si la mujer es delgada y de mirada triste"(Viaje al fin de la noche).
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 19 de enero de 2020, tres y media de la tarde)
Posdata: estoy tomando sol y veo a lo lejos a una mujer parecida a mi último gran amor. ¿Me estoy enamorando de vuelta o estoy caliente?
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