sábado, 18 de enero de 2020

El femo

El demonio (relato)

(f.a.g.)

La Biblia no dice toda la verdad sobre la creación. Cuando habla de demonios es parcial, porque no cuenta que Jehová también es un demonio. En el libro Demonios, del jesuita José de la Marqués  (siglo 18) se cuenta que Adán era un ángel guardián de las llaves de los demonios. Eva era un ángel también de esas llaves, de una hermosura como nunca hubo en mujer de la creación. Jehová, que era un demonio rebelde, es desterrado del Cielo y en la Tierra funda su mundo. Adán y Eva son sus hijos y los herederos de Jehová. En esa relación incestuosa entre Adán y su hermana nace Maricaní, un pequeño demonio de las noches. Este demonio es el causante del destierro de sus padres. Maricaní desea a su madre, y un día la posee. Y Adán los ve en el acto de amor. Maricaní mata a su padre, y el dios supremo del reino de los Cielos (Satán) destierra a Eva y a Maricaní de las tierras paradisíacas de Jehová. Esa es la razón del odio universal entre Jehová y Satán.
La Biblia es un libro de demonios, de odio y de venganza. Jehová, un demonio desterrado, funda su pueblo a fuerza de sangre. Esa sangre vertida para crear un pueblo elegido, es la sangre de la vida terrenal. Cuando Jesús llega a la Tierra viene a matar a Jehová. Jesús es el hijo de Satán, el verdadero Dios de los Cielos. Jehová va encarnando a lo largo de la historia, y de ser un demonio desterrado pasa a habitar cuerpos humanos. No cuerpos de poderosos, sino cuerpos de guardianes de los Infiernos. Por eso Jesús vagaba por cementerios, porque en esos lugares habitaba Jehová.

Mi tío Cacho, un hombre de mucho dinero, siempre contaba que de chico jugaba en los cementerios. Un chico travieso y muy despierto. Y con el don de ver a los muertos. Yo me asustaba mucho, y con todos mis primos reunidos alrededor del fuego en las noches del campo escuchábamos a Cacho. Mi tío era un galán y un tipo que daba dinero a todo el mundo. En esos tiempos vivimos en Casilda, y los campos eran mi pasión. Recorrer a caballo a los diez años y ver a la peonada trabajar era algo que amaba.
Un día iba a caballo y veo a una nena de mi edad tendida al lado de un árbol. Paro el caballo y desciento y al observarla me enamoro de su rostro. Ese fue mi primer amor. Y nos hicimos amigos y jugábamos a las escondidas y nos trepábamos a los árboles. Una noche me dice mi amiga: "vamos al cementerio y te voy a dar un beso". Yo no lo pensé dos veces y fui al Cementerio con ella. Nos sentamos en una tumba y nos dimos un beso. Siento frío en mis labios, y mi cuerpo de niño tiembla. Y de pronto veo a mi amiga con alas y me invita a descender a un pozo que había en el Cementerio. Y también veo a mi tío que grita que corra y yo corro y mi amiga se ríe a carcajadas. Y llego a mi casa temblando. A la mañana encuentran a mi tío muerto en el Cementerio.
Nunca conté este episodio a nadie, porque nadie iba a creerme. Pero hace unos días paso por una Iglesia Católica y miro el ventanal de arriba y mi amiga de la infancia me saluda (la veo más grande y mucho más bella). Siento frío y tiemblo. Y recién me despierto de una pesadilla y escribo esto. Estaba soñando con mi tío y él me decía: "esa niña era Eva encarnada y quería llevarte al Infierno para sacrificarte para gloria de Jehová".
Ahora estoy temblando porque estoy solo en mi casa. Y sé que los demonios vienen por mí.

Fabián Ariel Gemelotti

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