Leer historieta
(f.a.g.)
La historieta argentina me apasiona. Siempre fui lector de historieta, desde los cuatro años que aprendí a leer. En mi casa siempre hubo libros, pero de niño leía mucha historieta. Y todavía leo mucha historieta, nacional y norteamericana. Pero tengo una gran devoción por lo nacional en historieta. De chico empecé con Anteojito, más de mi niñez que la Billiken. Anteojito era un ritual que me traía mi abuela todos los domingos y me la leía encerrado en la pieza. Después una amiguita del jardín me las pedía, a ella no le compraban historietas. Y se las prestaba, esos amores de jardín de infantes sin besos apasionados y sin nada. Una mirada y jugar al novio. Lo que nunca prestaba eran los libritos chiquitos clásicos de literatura que traía Anteojito y Larguirucho y también la Hijitus. García Ferré fue un genio, lo amaba. Me gustaban mucho Pucho y Oaky. Y los muñequitos de los chocolates Jack. Había plata en mi casa y se compraba todo. Y amaba Gattin y su equipo y la revista Fitito y Jaimito y a escondidas Piturro. José carioca era también una gran revista, con la camiseta de Boca. Yo le pintaba la de Newell's. Voy a la cancha desde los dos años. Época de soldaditos, bolitas y figuritas. Siempre fui más de la figurita, por esa cosa que tiene de afinidad con la historieta. El álbum de la Pantera Rosa fue uno de los mejores. Y los chapines con escudos de fútbol y de marcas de autos. Y las gomitas que venían en las chapitas de gaseosas. Era devoción eso. Cuando estoy en Capital Federal las busco y las compro. Una vez compré una metralleta con luces, esas clásicas de los setenta japonesas de chapa. La tenía en la mochila y el nene era chiquito (seis años) y me abre la mochila y la ve y se pone a jugar. Yo se la saco y lloraba. Y toda mi familia diciendo que le de la metralleta. Yo no quería y el nene a los gritos. Ahora que es grande se acuerda, pero a él le gustan también esas cosas. Al otro día de la metralleta le compré una moderna pero quería la mía. Fue una discusión en un bar, él seis años y yo explicándole que esa metralleta es de colección. Y le dí la metralleta. Pero a la noche se me acerca y me la devuelve: "te la devuelvo", y se reía. Siempre me acuerdo de esto, los niños perciben la tristeza del adulto por un objeto. Esas cosas son de coleccionistas. Esa locura que tenemos los que amamos lo antiguo y raro. Nunca me gustaron los autitos, no tengo ni uno. Lo mío eran figuritas y revistas y la gomera para romper vidrios y los soldaditos. La guerra de piedras y trompadas. Las artes marciales y sus revistas. Y de los clásicos chiquitos de Anteojito se pasa al libro clásico no resumido, y uno va entrando en la Literatura. Y se escribe el primer cuento y se lo muestra a una novia. Y la novia que es más culta que uno, la mejor de la escuela dice: "la ortografía querido". Y uno sigue leyendo y mejorando la redacción y la ortografía. Los cuadernos y los diccionarios.
Y llega a las manos de uno revistas como Satanik, y descubre uno la fotonovela policial y de ahí se va al policial negro. Y después en una librería de usados se descubre Escalofríos y se descubre el terror. Poe fue un descubrimiento que me marcó. Y Stoker y Drácula. Pero todo es fotonovela, ediciones viejas de cuando los padres de uno eran chicos. Las librerías de viejo te brindaban todo, desde el policial berreta a Borges. Uno leía todo. Patoruzú e Isidorito, devoción por eso. La historieta es todo en la vida de uno, te va llevando poco a poco al libro. Editorial Columba, y Dago y Nippur. Y de Nippur a la historia antigua. Y de ahí la pasión por Sumeria. Y en Columna se lee a Julio César y la vida de Cleopatra. Y el cine en la TV y el Madre Cabrini. Y uno tiene diez años y ya leyó todo Salgari y Julio Verne. Y sueña con el Capitán Grant. Y de Verne se pasa a Borges, a Arlt, a Sarmiento, a El Quijote. Y Cervantes te revoluciona la mente. Uno ya tiene quince y habla de libros con los amigos, no hay internet ni celulares. Y va a la librería de usados y canjea libros o compra con el dinero de la mensualidad familiar. Y llega la facultad y uno descubre a los norteamericanos. Y se obsesiona con Miller. Y quiere cogerse a todas las mujeres, pero no es posible. Y llega Borges y llega Flaubert y llega el materialismo histórico con las primeras lecturas marxistas. Y llega Gramsci. Pero la historieta está ahí, fue tu primer lectura. Fue tu primer amor a leer. Leer porque se lee por pasión, no por obligación o para aparentar. Todos leíamos, el que no leía no era nada.
Mis historietas preferidas siempre fueron las de Columba. Y Fitito y Gattin y Piturro y Jaimito. Tengo devoción por estas historietas. Y Larguirucho. Y hace poco una chica al ver mi biblioteca me dice: "esas porquerías al lado de libros serios no van". Ella no comprendía que "esas porquerías" eran el inicio del camino a mi vida de lector. El que no lee subestima al que lee mucho. El que no sabe de libros siempre es agresivo en sus opiniones sobre libros, porque asi cubre su falta de lectura. Tengo amigos que desprecian la historieta y lo antiguo, y te dicen: "Una gomera de adorno al lado de un libro de psicoanálisis desentona". Yo no respondo, no lo van a entender nunca. Es como hablar de política con alguien que repite lo que escucha en la TV, es perder el tiempo y amargarse y ceder ante la ignorancia del Otro. Me gustan las historietas que estén mezcladas con clásicos. Borges al lado de la revista Crimen. Y mezclado con los libros marxistas Larguirucho. Es lindo eso. Y soldaditos de plástico grandes apuntando a mi colección de ciencia ficción. Y una Biblia en latín durniendo al lado de un revólver marca Coyote. Cada cual con su locura y cada biblioteca es un mundo personal. No me interesan los consejos ni ese orden académico. Y allá al fondo el diploma como escondido. No sea que alguien vea que uno perdió el tiempo en la universidad leyendo fotocopias y estudiando para rendir. Noooo. Uno lee por pasión, por diversión. Escribir es otra cosa, algo más agotador. Leer es descansar la mente y dejarse llevar por la locura del escritor. Escribir es algo que cansa, porque uno juega con las ideas y palabras y eso cae en cualquiera que lo lee y saca su propia lectura y uno no quiso decir eso y viene el que lo lee y opina y uno dice para qué mierda escribí esto y lo guarda y a los diez años lo vuelve a leer y mierda era bueno el escrito y el idiota que lo vio malo lo dijo de forro que es.
Historieta, un mundo que es parte de mi vida. No sé para qué escribí esto si ya nadie lee historieta ni libros ni a nadie le interesa el papel.
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 12 de abril de 2020, una y cuarenta y seis de la madrugada)
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