jueves, 9 de abril de 2020

Escribir

Escribir

(f.a.g.)

Me pongo a escribir política y crítica al Estado. Borro y borro, tengo miedo a veces y otra pienso que los escritos muy críticos caen en un vacío muy profundo. Nadie los lee. O te hacés de enemigos. Y te amargás. Pero me gusta y necesito escribir contra el Estado, contra el oficialismo. No quiero callarme la boca. No quiero ser cómplice con el silencio de lo que pasa. Escribir es una tortura casi siempre, uno no sabe quién va a leerte. Hay mucha mugre oficialista dando vuelta, alcahuetes del Gobierno, vigilantes sin chapa y de mala leche. Y ahora los patrulleros policías en las redes. Me dijeron que revisan las redes, no a personas sino hacen conclusiones grupales y así ven el "humor social". El Gobierno tiene terror al "conflicto social", tiene miedo a la explosión y que los pobres se levanten y le arruinen el discurso bien armado que tienen. Siempre hubo control social, no es un invento del presente. En la dictadura los docentes (una gran mayoría) eran el control de los estudiantes, y así armaban listas y así sabían a quién llevarse y matarlo. Pero eran los setenta. Eran tiempos en que el Estado seguía los parámetros de vigilancia de la guerra fría. Estamos en 2020, ya no necesita el Estado vigilar de esa forma. Todo está en las redes, en las cuentas bancarias y las tarjetas y la computadora. Si quieren saber si La Matanza está para explotar lo saben en media hora mirando las redes y con el control de las tarjetas alimentarias. El control social también lo ejercen los medios masivos, ahí tenés el discurso oficialista o el discurso opositor macrista. Juegan al policía bueno (oficialista) y al policía malo (Clarín y TN). El viejo juego del policial negro, esa forma de armar un relato con conceptos del "bien" y el "mal". Es un relato viejo, tan viejo como el mundo. El viejo relato de la mitología y de la Biblia: Jehová y Satán. Lo bueno y lo siniestro. Los sumerios tenían un mito que decía que el dios malo era malo porque el dios bueno necesitaba que haya un dios malo. O sea, el bien crea al mal, el mal nace porque se complementa con el bien. O el bien es "bueno" porque hay un lado obscuro del mal. Creo que Hegel dice algo así. Me quedo con Nietzsche cuando dice: "cuando la oscuridad se apodera de la vida lo bueno y lo malo se unen para gobernar". No hay buenos y tampoco hay malos, hay mercado. Y en los mercados gobierna el dinero y el dinero es poder. No estamos en los sesenta y setenta donde la política era una cuestión más "partidaria" y más de compromiso. Pasaron cosas, el mundo ha cambiado. Los mercados gobiernan. Ni China es mala o buena. Ni Estados Unidos es el demonio o la santidad. En definitiva el que manda son los mercados, y los gobernantes responden a los mercados. Los mercados manejan todo, elecciones, medios y opinión de la gente. Gramsci decía: "la política es hegemonía pura". Y Maquiavelo: "la política es el arte de engañar al pueblo con bellas palabras".
Ahí tenemos a un Gobierno de hermosas y cuidadas palabras, que promete "vida" y prepara las itacas de la Federal para reprimir si "hay descontento social". La sonrisa ahora es un arma y control social se reemplaza con el eufemismo de "quedate en casa". Si te movés de tu casa "te vas a morir o matar a otro". El Estado se transforma así en una "policía del pensamiento", porque el Estado pone límites a tu pensamiento y a tu movimiento corporal. ¿Es tan grave el coronavirus". Al principio no creía pero creo que sí es grave. Si lo trajeron los chinos o los yanquis o los extraterrestres o los zombies no interesa. No interesa porque tanto China como Estados Unidos juegan el mismo juego. ¿Es un virus nada más, algo natural que surgió y listo? Puede ser, la peste negra en la Edad Media surgió así por surgir, por el ratón que venía en los barcos de Oriente. A veces surgen virus, no es la primera vez. Acá lo que importa son las consecuencias del virus, lo que va ocurrir despues que todo pase. El Gobierno tiene al pueblo adormecido con su discurso pero puede despertar. Y cuando despierte se lo puede llevar puesto. Y vendrán de vuelta los malos. Y todo es una rueda giratoria.
¿Es "malo" criticar? Hay libertad constitucional de hablar. Hay libertad de no creer en el Estado. Pero esa libertad se puede terminar "para garantizar el orden". Todo es posible, de un Gobierno casi totalitario y que subestima el pensamiento del que no lo ama podemos esperar cualquier cosa. Todo es posible, puede pasar lo que sea. En un mundo como este los parámetros son otros.

Fabián Ariel Gemelotti
(10/04/2020, una y cincuenta de la madrugada)

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