viernes, 17 de abril de 2020

El demoledor

Sexo virtual versus sexo carnal  (ensayo)

(f.a.g.)

Tengo una amiga en Capital Federal y me despierta hoy a las once de la mañana con la noticia que el Gobierno recomienda el sexo virtual. Estaba muy dormido y no entendía. Me hice café, y tostadas y lo acompañé con una cerveza y jugo de naranja. Después me prendí un marlboro y busqué la información en internet. Siempre chequeo todo, no hablo sin estar seguro de una información, costumbre de la facultad cuando era estudiante, todo chequeo y leo antes de escribir sobre un tema. No me gusta improvisar. Y era verdad. Termino el pucho y voy a la heladera a buscar otra latita de cerveza. Y mi perro me miraba, porque le gusta también la cerveza. Pero le hace mal y no le doy. Soy egoísta con mis cosas, la cerveza es para mí solito que soy el patrón. Amo el capitalismo (lo amo en serio), amo la ropa de marca, las zapatillas caras, ir al cine y comprar libros y amo a la mujer burguesa y me gusta la plata. No podría vivir en un Socialismo, no me interesa eso. Leí mucho marxismo y me encanta y lo uso en mis ensayos (el materialismo histórico es perfecto en su teoría; pero prefiero el anarquismo y el nihilismo. Amo la sociedad de consumo, la urbe, la contaminación, los marboros (diez por día), el gimnasio, viajar, coger, y las cervezas alemanas. Me gusta Celine, Ayn Rand, Fante, Miller, Manuel Puig. Me gusta el cine yanqui e italiano, mis preferidos. Me gusta la libertad, y que nadie me diga nada y me de consejos, me molestan las personas moralistas y que aconsejan. Cada uno con su vida hace lo que quiere y coge con quien quiere. La vida es una sola. Y cada uno lee y escribe lo que quiere.
Mi amiga o novia o amante (o no sé cómo decirle) se reía de lo que el Estado propone: la paja virtual. Todos hacemos nuestro llamadito a la amiga y nos calentamos y la verga se pone al palo. Toda mujer se moja y se la toca cuando habla con alguien que le gusta. Siempre fue así, desde el hombre primitivo hasta San Martín que tenía muchas amantes (¿no la sabían?); San Martín cogía mucho, al igual que Mariano Moreno y Lavalle. Fueron los más cogedores. Sarmiento también, pero esa es otra historia. Dicen que Rosas también, pero era muy católico. Pero San Martín era un león. Mina que veía se la bajaba. Lavalle también, un tipo raro. Y Moreno un señorito de sociedad, un intelectual de la burguesía de la época. Mi amiga me despierta siempre a las once de la mañana, es un reloj. Me pongo al palo con su llamado, y ahora que está permitido lo digo. Hace un mes que no la veo. La extraño.
Y pienso y pienso sobre libros y filmes que hablen de lo que pasa en el mundo. Y siempre caigo en 1984. Y pienso sobre el libro y me viene a la memoria que el personaje cogía. Se encontraba con su amante en una habitación de los barrios proletarios y ahí a escondidas (estaba prohibido el sexo de amantes) se garchaban. Ellos creían que en los barrios proletarios el Gran Hermano no vigilaba. Pero un día entra la policía y se los lleva, porque en esa habitación del garcheo había una TV oculta que los vigilaba. Y el Gran Hermano los miraba garchar y como estaba prohibido coger se los llevan presos. Esa historia de amor es la esencia del libro. Toda sociedad totalitaria prohíbe coger, tocarse y besarse. Me viene a la memoria otro texto, Un Mundo Feliz. La mujer con cuerpo de neumático desea al primitivo, pero no me acuerdo si garchan. Creo que no, hace mucho que no leo el libro. Y me viene a la memoria El hombre en el castillo. Y esa sociedad donde el camionero garchaba. Y el personaje no garchaba. Y me viene a la memoria miles de libros y filmes. Pero un amigo me manda una foto de un filme de Stallone: El demoledor. Un filme de ciencia ficción, donde está prohibido tocarse, hacer el amor. Me viene a la memoria una escena. La tipa le dice al tipo que quiere coger y el tipo se ilusiona porque también quiere coger. Se sientan en el piso y la tipa le pone al tipo una maquinita en la cabeza y la tipa también se pone una y la tipa lo agarra de la mano y le dice al tipo que se concentre. El tipo esperaba chupones de lengua y sexo y el perrito y chupar una teta. Pero la tipa al rato dice que ya está. O sea, eso fue sexo virtual. Un filme muy bueno. Es de 1993, cuando no teníamos la más puta idea que una pandemia nos haría tan pajeros. A todos nos gusta coger, y a quien no le gusta o es impotente o un boludo. Boludos pajeros hubo siempre, esos que no cogen nunca. La paja es algo muy lindo (lean mi ensayo sobre la masturbación) y es lindo que te hagan la paja y hacerle la paja a tu amante. Pero que el Estado recomiende la paja virtual ya es sádico, muy perverso. La sexualidad es libertad, sin sexo no hay vida. Hasta una persona de ochenta años quiere coger. Y cuando no funciona el amiguito usa la lengua, porque habiendo lengua no hay viejo al pedo. A todos nos gustan los besos, tocar una vagina, chupar una teta. A toda mujer le gusta que se la martillen bien duro y que el macho la tenga bien al palo y la haga gritar. El sexo virtual es como mirar una porno, se anula la imaginación y satura y aburre. Y me viene a la memoria un libro erótico italiano. Lo leí hace más de veinte años, no me acuerdo el título ni la autora (una mujer lo escribió) y es la historia de una tipa que atiende un teléfono erótico y se masturba con las voces. Un texto muy bueno, un libro de unas cien páginas. No sé dónde estará en mi biblioteca. Y me viene a la memoria un filme Chileno, La ballena. Es una historia rara, un joven que se masturba pensando en su maestra. El chico sabe que eso está "mal" y que la maestra es casada y grande. Pero se masturba junto al mar, y un día lo ve la maestra. Y la maestra se acerca y le acaricia los cabellos y lo besa. Y el chico sale corriendo y va a la casa y se ahorca. Lo prohibido trae culpas y las culpas son un detonante del suicidio (Psicoanálisis puro)
Pienso y pienso que el Estado crea personas culposas, moralistas y sádicas. Las sociedades moralistas empiezan por la sexualidad y las prohibiciones de ese orden. Y no es la Iglesia, que en definitiva es menos moralista que los estados de control. Cuando un Estado logra controlar la vida sexual de los pueblos logra controlar la vida de la gente. Y de ahí no hay retorno.
El virus existe, es real. Estoy hablando de otra cosa, y quien quiera oír que preste atención y a quien no le interese no me lea.

Fabián Ariel Gemelotti
(Sábado 18 de abril de 2020, una y cincuenta de la madrugada)

Posdata: me viene a la memoria otro filme. Es futurista donde se trafica un aparatito de sexo virtual. El que hace de malo usa bigotitos y tiene panza.

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