Los presos políticos antes usaban gomina
(Ensayo)
(f.a.g.)
"En Argentina no hay presos políticos", dijo un bigotito del gobierno Albertongo. Este Gobierno, que es un tongo, maneja sus discursos como si fuera el Gran Hermano de Orwell. Falta que creen una neolengua y el lenguaje juegue a su favor. Recordemos que en la novela 1984 la neolengua es la lengua que crea el Gran Hermano donde todos los días se modifican las definiciones de las palabras y cambia la semántica. Si hoy "preso político" es una definición de un preso sin delito y que el Estado encarcela solamente por causa dibujada fabricando un delito; mañana "preso político" será un preso con un delito real. Entonces "no hay presos políticos", porque quien está encarcelado lo está "por un delito real". Las palabras en derecho definen si alguien es víctima o victimario. Todo lo que no figura en un expediente no es parte del hecho, norma básica de una causa. Todo lo que se diga fuera del expediente no tiene importancia para juzgar un delito. Pero sabemos que alguien va preso por cuestiones de piel, de pensamiento y de clase. Los que "llevan vida normal" o "están ligados al Poder" nunca van presos. Eso no te lo enseñan en la facultad, eso se aprende solito. ¿Qué es vida normal?, lo normal para la sociedad es llevar una vida sin conflictos con la Ley. Pero la Ley tiene sus vericuetos para meter a alguien preso por transgredir "las normas de convivencia". Ser pobre, negro, falopero, pensar diferente es transgredir la "Ley". Ser patrón, explotador y estafador es ser parte de la normalidad para la estructura jurídica. Así funciona el Derecho. Decir que "no hay presos políticos", esa breve frase encierra un concepto ideológico del Gobierno Nacional: cerrar la grieta, pero se cierra a costa de favorecer los intereses de la oligarquía. Este Gobierno juega con las palabras, un gobierno muy inteligente y que sabe manejar el discurso político. El que escucha todos los días a los medios vive confundido, porque "¿cómo puede ser malo Alberto si el malo era Macri?", entonces para el común de la gente "hay que darle tiempo a Alberto porque el malo de Macri destrozó el país". Macri fue un devorador del país, se lo comió en cuatro años. Eso no quiere decir que después del "malo" viene el "bueno". Pero el gobierno juega con las palabras, y en la moral del ciudadano hay "buenos" y "malos".
En 1984 Orwell tiene un capítulo muy bueno, el mejor de todos; cuando se encuentra el personaje principal con un Jefe del Gobierno el personaje principal le plantea al tipo que el sabe que hay un libro "revolucionario" que sirve para terminar con el Gran Hermano. El Jefe del Gobierno lo mira al personaje principal y le dice risueño: 'a ese libro revolucionario lo escribimos nosotros, porque era necesario tener un imaginario de revolución". El "malo", el "bueno" es un juego de palabras que encierra en su totalidad lo que es el Poder. El Poder necesita de estos conceptos para poder funcionar y dominar.
La neolungua ya está instalada en nuestra conciencia de consumidores de los medios. El Gobierno está ya instalado como "el bueno". Cuatro años de macrismo crearon un Alberto.
Fabián Ariel Gemelotti
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