viernes, 28 de febrero de 2020

La política

La política es un gran negocio (ensayo)

(f.a.g.)

A veces pienso que no se puede ser tan intenso y sincero cuando se escribe, porque eso hace que uno caiga en la pasión. Y la pasión no es la razón. Y no sirve, porque te llenás de enemigos sin ninguna razón. Hoy subí algo a internet muy pasional, esos escritos cortos que no me sirven a mí y tampoco sirven para explicar algo. Y alguien me dijo algo ofensivo: "te vas a quedar solo si seguís pensando así. Y creo que no estás preparado para eso  Y yo también voy a alejarme". Digo ofensivo porque en esa frase se encierran cosas personales, y es como decirle a alguien: "sos un infeliz porque pensás así". Es una especie de chicana bien armada para destrozar la voluntad de alguien. Pero yo estoy preparado para eso, y acostumbrado a los golpes de la vida. Mi familia sufrió la dictadura, mi tía exiliada, un tío muerto e ingresaron los servicios a mi casa en 1977 y revolvieron todo a punta de pistola en la nuca de mi padre y madre y a mi hermano y a mí también nos pusieron una pistola en la cabeza siendo niños. En los 90 mi padre pierde el trabajo por las privatizaciones. A mí en 1996 me censuran mi primer libro publicado y lo sacan de las librerías y secuestran los ejemplares. Único caso en la historia de la ciudad de censura y prohibición de una obra literaria. Y miles de cosas más. Si sobreviví a todo eso, puedo sobrevivir a miles de cosas más.
Hoy pensaba en todo esto y me amargaba. Y lo hablaba con amigos que conozco de hace años y saben de mi vida. Hoy también pensaba si uno no comete un error en criticar tanto y esas críticas terminan embarrando lo que uno quiere decir. Mientras pensaba me suena el teléfono a las seis y pico de la tarde. Era María Sol desde Capital Federal. Y me preguntaba si estaba llegando a Retiro. Le dije que no iba este finde. Ella me esperaba. Pero salí mal del trabajo hoy, muy estresado y cargado de tensión y me subí a un taxi y me vine a mi casa a dormir unas horas y me olvidé de avisarte que no iba. Esa conversación me hizo bien porque María Sol me dijo que me ama y me extrañó muchísimo. Tengo que admitir que tengo mucho ego con las mujeres. Necesito que me quieran las mujeres. Necesito tener muchas mujeres. Muchas. Y soy pretencioso, mujeres muy lindas. Y de clase media. En eso tiene razón mi detractor que me dijo que voy a quedarme solo y no voy a bancarme la soledad . Tiene razón que no me bancaria la soledad, la soledad femenina nunca me la bancaria. Necesito del sexo como el borracho del alcohol. No puedo vivir sin mujeres ni sexo. Creo que nunca estuve más de diez días sin hacer el amor. Ahí sí tiene razón, yo no puedo bancarme esa soledad. Amigos hombres tengo muchos, pero la amistad es algo sagrado. Cuatro grandes amigos se suicidaron, y tengo cinco amigos leales ahora nada más. Los demás son conocidos. Y mis grandes amistades son del trabajo. Y un solo amigo por fuera de mi trabajo. Creo que la verdadera amistad es algo de clase. No podría tener un gran amigo por fuera de mi actividad laboral. Sería muy difícil sostener esa amistad. Ni muy ricos ni muy pobres. Clase media, diríamos. No es por desprecio ni nada de eso, simplemente por una cuestión de identidad y temas afines. Uno de mis mejores amigos es alguien importante. Lo conozco hace más de veinte años de la facultad. Un gran tipo. Una persona humana. Un laburante a destajo. Se baja de su gran cargo y hablamos a lo llano. Hemos militado juntos hace años en el trotskismo revolucionario. Un tipo muy leído y muy inteligente. Más grande que yo y aprendí mucho de él.
Creo en las clases sociales. Me crié en un ambiente Peronista, pero siempre fui crítico al Peronismo. Y creo que la política es un gran negocio. Mientras yo me peleo con alguien trabajador como yo por política, los políticos hacen sus negocios. Es un negocio ser diputado o senador, y no hablo de corrupción, hablo de negocio. Negocio porque toda la familia de los políticos terminan ubicados en puestos en el estado. Eso es algo que nadie ve, entonces el kirchnerista, el macrista, el radical y todos se emparentan porque viven del negocio política. Hoy le toca a X y mañana a Y. Y mientras tanto bajan línea para que nosotros nos vivamos peleando e insultando y agrediendo gratuitamente. Ellos hacen el negocio. Cuidan lo suyo, porque viven de la política. Por eso me parece una jugada jodida eso de cuestionar a jueces y funcionarios de carrera judicial, porque el juez es un trabajador jerarquizado. Nada más. Aporta a una caja y labura. El político no aporta y se jubila y vive de los aportes previsionales de otros. Y yo me peleo con X y X me dice "fracasado y te vas a  quedar solo en tu pensamiento". Pero X es un trabajador, es mi misma clase social. Es lo que Maquiavelo decía "divide y gobierna". Entonces se inventan los partidos políticos, y se divide a la gente en peronistas, radicales, troskos, Socialistas y lo otro. Y católicos, evangelistas. Y abortistas y no abortistas. Entonces todos se viven insultando y peleando. Mientras tanto el político hace sus negocios. Y vive de la política. Así pasa también con el sindicalista. Pero los que laburan son las bases, que sufren el maltrato laboral y ponen el cuerpo ante la patronal. Lo que Cicerón decía: "la política es el arte del engaño para que el esclavo sea esclavo".
Todo pasa por las clases sociales, y la conciliación de clase es un engaño del político para mantener su negocio. ¿De que sirve pelear entre laburantes K y M y T?  De nada, porque los tres son clase trabajadora. Los tres deberían unirse contra los verdaderos opresores que son los políticos de clase que son los que negocian con la patronal la opresión del trabajador. Esto que suena tan simple es lo que casi nadie pude asimilar. Entonces viene alguien laburante y dice: "Kristina Yegua" y van otros laburantes también y lo revientan a trompadas. En esa pelea se pierde la identidad de clase.
No sirve ser tan intenso en una sociedad tan tibia y tan ganada por el negocio de la política. No sirve escribir tanto porque nadie lee con la razón. Se lee como se ve un partido de fútbol y en la tribuna de la vida el Peronista obrero se abraza al empresario explotador Peronista. Se abrazan porque en ese abrazo se rompe la conciencia de clase en pos de ideales políticos y no clasistas.
Es así. Pero cuesta entenderlo.
Ahora sí me como la hamburguesa y me tomo mi cerveza. Me lo merezco porque soy un laburante y nadie me regala nada.

Fabián Ariel Gemelotti (sábado 29 de febrero de 2020, una de la madrugada)

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