viernes, 14 de febrero de 2020

Confusión

El vacío del pensamiento

  (ensayo)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Nunca vi en toda mi vida algo como lo que pasa en Argentina. De niño vi entrar a mi casa a los servicios y buscar a mi tía dirigente de Montoneros. Vi revolver todo, llevarse bolsas de libros marxistas y peronistas. Pero yo sabía que eran "los malos". El terror, el malo y el asesino estaban identificados. No creo en la teoría que "nadie sabía nada". Durante la dictadura se sabía que desaparecía gente y había asesinatos políticos. Pero la gente tenía "miedo" o era "indiferente" a lo que le pasaba al Otro. Después vino Alfonsín, y la facultad y la militancia en la JP y la lectura de Marxismo y Populismo y toda la literatura de izquierda. Uno al terminar la facultad sentía un alivio, porque empezaba la etapa de leer Literatura; de meterme de lleno en los clásicos y sacarme los prejuicios de la izquierda e incursionar en los norteamericanos y el minimalismo. Disfrutaba de eso. Un año dando clases me sirvió, por lo menos para conocer gente nueva. Empezaba el proceso de "ser grande" y no más "adolescente/jovencito".
En los 90 vino Menem y me hizo percha. Yo un Peronista de lectura y militancia que voté al Turco, veía que Menem no era Peronista. ¿Cómo laburar eso en la cabeza? Un día me dice mi novia, que era troska, "Menem vino a privatizar y a entregar al país al Imperialismo". Yo la  quería y acepté sus palabras. Pero uno ya sabía el tercer día de asunción que Menem era un guacho. Estaba todo mucho más claro en el país. La Historia era más lineal, podríamos decir que la dictadura y Alfonsín linearon los procesos históricos. Alguien con lectura se podía dar cuenta de lo que era Menem. En 1995 la Marcha Federal fue multitudinaria. Y los peronistas sabíamos que Menem no era Peronista.
Se fue Menem y vino Néstor. Un tipo que uno dudaba al principio, pero después me enamoré de él. Yo a Néstor lo quise mucho. Lo conocí personalmente y me cayó muy bien. Hubo química. Un día en una reunión gremial apareció y nos dio la mano a todos. Y me gustó que hizo un chiste machista, no sé por qué pero me encantó ese chiste. Eran otros tiempos, había libertad para hacer chistes machistas. No era nada del otro mundo, simplemente un chiste. Y vino Kristina en 2007 y me enamoré de Ella. Fui un kirchnerista apasionado. Me enamoró la integración de género. Me hizo sacar el machismo de encima. Aplaudí el matrimonio igualitario. Y las leyes de minoridad. El Kirchnerismo fue revolucionario en 2011/12/13. Aplaudí el bienestar y la distribución y la industria y todo. Sobre todo me enamoro 2008 cuando se enfrenta al Campo. Fue un enamoramiento de revolución. Uno sabía que los "buenos" eran los K y los "malos" la oligarquía.
En 2015 sufrí muchísimo el triunfo de Macri. Y publiqué un libro contra Macri en 2016. Sufrí los cuatro años de macrismo. Yo quería un estallido, que la gente reaccione. Pero nadie reaccionó y le dejaron el camino liberado a Macri. Apoyé al Frente de Todos el año pasado, con miles de escritos defendiendo a Alberto y lo voté. Veía la alegría del pueblo y esa era mi alegría. Y quería que Macri se fuera. Uno sabía quién era el bueno y quién el malo.
Pero enero me hizo bolsa. Vi girar al Gobierno hacia la derecha. Ya desconfianza de esta gente, pero estaba ciego. Y me animé y empecé a escribir contra Alberto. Empecé a ver otras cosas. Empecé, sobre todo, a darme cuenta que Alberto era la continuación del macrismo. Me sentí muy mal, pero escribir me salvó.
El Frente de Todos es un menjunje de un Peronismo vacío de contenido y que giró a la derecha (¿o siempre fue derecha?) y es fiel al FMI. Un Macri derrotado y sin credibilidad para los mercados ya no les servía más al Imperialismo. Y ahí apareció Alberto en escena, el candidato ideal para que el FMI siga gobernando. ¿Kristina es cómplice de todo esto? Creo que lo es, ya no es la de antes. Si Perón nos traicionó por qué no puede ser traidora Ella también. En definitiva la que pone el rostro y ¿elige? a Alberto es Kristina.
Estamos viviendo tiempos muy complejos desde lo ideológico. Ya no es tan fácil distinguir al "malo" y al "bueno". Esa confusión permite que Alberto tenga aceptación por parte de la mayoría de los peronistas, que creen que los íconos peronistas están sobre la clase trabajadora. Entonces aceptan cualquier cosa y se comen todos los sapos del Gobierno. El Gobierno dice que bajó la inflación y aplauden. El Gobierno dice que da $1500 a jubilados y aplauden. El Gobierno dice que no hay presos políticos y lo envuelven en palabras y justifican eso. Falta que Alberto se abrace con Bolsonaro y algún Albertista/Peronista salga a decir "es para la integración de los mercados". Estoy seguro que lo van a decir. Este Gobierno juega con la confusión y un discurso nefasto donde mezclan choripanes, ajuste y Kumbia villera. Es lo que se llama "los tiempos del cambio", donde se desarticula el discurso y se lo arma de a pedazos en pos de ideas de saqueo. Y la gente compra, "porque si Macri fue el malo Alberto debe ser el bueno". Esa idea de "malos y buenos", una idea ancestral del discurso literario es transportada a la política actual. Así funciona el Gobierno. Así se compra al pueblo. Así logra el apoyo de la mayoría.
Ya no hay clase trabajadora, ahora hay una grieta que cuando se abra puede pasar dos cosas: se hunde todo y nos caemos al abismo o simplemente se va a aceptar de Alberto lo que se le cuestionaba a Macri. Porque Alberto "es el bueno".
Hemos caído en el vacío del pensamiento. Los medios y la política han alineado y alienado al pueblo argentino.

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