Vivir agota
(f.a.g.)
Es agotador tanta gente pidiendo en la calle. Agota porque uno no puede hacer nada, y porque uno también está agotado. Te sentás en un bar al mediodía, agotado del trabajo y muy estresado, y se te arriman veinte a venderte curitas, pañuelos, pedirte una monedita, a llorar en tu mesa. La comida después te cae muy mal. Agota la calle, agota tanta pobreza y tanta gente revolviendo en los tachos de basura y miles tirando el carro recogiendo cartones y los desechos de la basura cotidiana. Prendés un pucho en la calle y siempre pero siempre sale uno (nunca sabés de donde salen) a pedirte un cigarrillo. O sea, imposible fumar tranquilo en la calle. Soy un fumador solitario, me gusta fumar solo, no fumo cuando estoy con alguien. Entonces es muy molesto el mangueo del cigarrillo. Es molesto porque interrumpe mis cinco minutos de placer de fumador solitario. Esos cinco minutos me enchufan nuevamente con el mundo, los necesito o me muero. Es molesto tanta marginalidad. Nunca me gustó la gente marginal, me molesta el fierita; ese "negrito" que es candidato al menudeo o al choreo callejero o a las fuerzas del orden. Me molesta el habla del fierita. Me molesta la cumbia, el folklore y el rock chabacano. Pero el fierita me molesta mucho, porque el fierita es jodido. Ellos tienen su "cultura de la marginalidad" y uno no pertenece a ese ambiente ni maneja sus códigos de vida. Ellos son diferentes a uno, porque no tienen obligaciones laborales, no tienen que soportar maltrato laboral constante, no cumplen horarios, y muchas veces comen mejor que uno, porque uno apurado a veces se alimenta muy mal.
La clase media sufre horrores la vida, está llena de culpas de clase y encima es constantemente castigada por los gobiernos que la viven ajustando. La clase media debe ser obediente para no morirse de hambre, y de niños le enseñan a obedecer primero al maestro, al patrón y al matrimonio. La vida de la clase media es la obediencia constante. El marginal tiene otra vida. Quizás más corta, pero en algunos puntos no vive obedeciendo. El vendedor de merca está condenado al tiro en la cabeza cuando ya no le es más útil a la policía y al narco principal. También tiene su "marca social" pero esa marca no es la mía. Agota todo en la vida. Agotan las mujeres (una novia me manda treinta mensajes por día), agota el trabajo (me mata hace 32 años y por edad no puedo jubilarme habiendo aportado desde los 18 años a la Caja), me agota la familia, los amigos y las amantes. Si bien tengo una relación muy abierta con una chica hace dos años, tan abierta que si ella quiere salir con alguien yo no digo nada y si yo salgo con otra ella no dice nada. Sabe que estamos en forma informal, no somos pareja. Somos un amor de libertad. Ayer estuvimos juntos y la pasamos bien. Me gusta mucho, es muy linda y habla y habla y habla hasta por los codos. Pero me agota. Ayer estaba muy cansado, tuve una semana laboral agotadora y muy estresante. Ayer (hoy también) el malestar físico me produce agotamiento. Ando con dolor de cabeza y mareos. Necesito tranquilidad, estar solo hoy. Me agota hablar de política y temas actuales. Me agota la gente en sí. Me agota escribir y que muy pocos entiendan lo que quiero decir cuando escribo. Me agota corregir. Tengo sueño y cansancio. Quisiera jubilarme e irme de Rosario y no ver nunca más a nadie y conocer gente nueva. Empezar una nueva vida lejos de todo lo que me rodea. Pero debo esperar, todavía no tengo la edad para jubilarme pese a haber aportado fortunas desde los 18 años. Es muy injusto, porque ya tengo los aportes para retirarme. Muy justo eso.
En enero conocí a alguien en Mardel, alguien diferente. Una chica especial que me pegó mucho. La ví la semana pasada de vuelta y estuvimos juntos dos días. Pienso mucho en ella. ¡Es tan pero tan hermosa! Tan hermosa como mi chica de acá, pero muy diferentes. Una habla mucho y otra no. Una tiene tetas chicas y otra demasiado abundantes. Soy clase media, condenado a vivir como clase media.
Ser clase media es estar condenado al trabajo, a la formalidad y vida de apariencias. Eso agota, porque agota la vida de clase media. Algún día me iré a vivir frente al mar y dormiré sintiendo las olas del mar golpear la playa, y nadaré todo el día y leeré todo el día y escribiré todo el día.
Hoy voy a leer ocho horas. ¡Tengo tanto para leer!! No puedo vivir sin leer. Voy a descolgar el teléfono, a apagar el celular y desconectar el portero. Hoy no quiero que nadie me moleste. Necesito soledad y descansar la mente.
Mañana empiezo la tortura semanal. Una tortura diaria que me puede llevar a la muerte. Haber aportado 32 años para morir antes del retiro. Sería muy injusto, regalar mi plata al Estado.
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 16 de febrero de 2020, dos veintisiete de la tarde)
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