martes, 26 de enero de 2021

K

ElCaída al vacío

(f a.g.)

Me gusta Mel Gibson, me gusta muchísimo Arma mortal. El capitalismo tiene mucho del policial. Últimos días de la víctima desafío el capitalismo de la dictadura. Pero hablemos de Arma mortal. El asalariado es como el suicida, el capitalismo es un suicidio que está ahí esperando despertar y como en Destino final acomoda la muerte y no es fácil desafiarla. En Arma mortal hay una escena que es fascinante. Mel Gibson sube a un edificio donde hay un suicida. El tipo se va a tirar. Mel Gibson le grita y le habla canchero, con su pelo largo y aspecto de vagabundo más que de policía. El tipo quiere tirarse y no escucha. Mel Gibson tiene sus esposas ahí y en un descuido se las pone al tipo y le dice que no lo va a soltar y que si caen se caen los dos. Mel Gibson tiene un cigarrillo entre los dedos y es todo fascinante esa escena: las esposas puestas en la muñeca del tipo y de pronto se caen al vacío. Mel Gibson no lo abandona, porque si alguien va a saltar las esposas siempre deben estar ahí y así pegadas a las manos del suicida nos matemos los dos.
El capitalismo actúa con el miedo (ya lo he dicho mil ochocientos veces desde que escribo ensayos desde mis 14 años. Aunque creo que dos mil quinientas veces lo dije) y el miedo es su soporte. Sin miedo no hay capitalismo. El asalariado tiene miedo y sufre de pánico. El asalariado siempre está solo. La clase obrera no va al paraíso pero a veces se pone su mameluco y piensa que sí va a ir a la fiesta del capitalismo. Pero la fiesta capitalista no es para la clase obrera. El asalariado vive de la ilusión y de la esperanza. Tiene esperanza de ser un capitalista alguna vez. Sin ilusión y sin miedo no habría capitalismo. El capitalista sabe que al asalariado hay que repartirle algo y mantenerlo en una ilusión constante.
Meld Gibson está ahí con sus esposas y se hace carne con el suicida. Mel Gibson  le pone las esposas y juntos caen al vacío. Nada es gratuito en el capitalismo. Nada es por amor a la camiseta. Nadie transpira la camiseta por el asalariado. Y el asalariado va a saltar y es un suicida desesperado. Abajo todos miran como si miraran el noticiero de la noche. Pero alguien está ahí y le tiende una mano y no lo suelta, porque soltarlo sería dejarlo solo en su desesperación de muerte. La clase trabajadora está sola y desunida. Necesita unas esposas que se prendan y que al caer al vacío sean dos y no uno, porque sin unión no hay fuerza para combatir nada.

Fabián Ariel Gemelotti
(26/01/2021)

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