Los zombies
(f.a.g)
Los zombies no son un invento del cine de terror ni de la Literatura. Los zombies existieron siempre. En la Antigüedad hubo zombies y están registrados en documentación. El prefecto Tulio Moscatto en su libro Los Cristianos son un buen bocado para los leones, dice que los muertos se levantaban de las tumbas y atacaban a las gentes en las calles. Un ejército de zombies atacó una tarde el circo romano y mataron a todos. Ya en la Edad Media se habla también de zombies. En su libro La carne fresca, el alquimista Luciano Perlutti cuenta que a la peste negra la trajeron los zombies. En un barco anclado en un puerto de Roma se encontró un manuscrito que decía: "queremos cerebros". Perlutti cuenta que en el Monasterio de los Frailes de la Hueva tenían un zombie atado y querían convertirlo al Cristianismo. Fue tan tenaz esa forma de luchar por convertirlo que al final el zombie aprendió a rezar el Padre Nuestro y el Ave María. Pero en un oficio matrimonial llegan otros zombies al templo y se comen los cerebros de los religiosos y del futuro matrimonio campesino. Desde ese día el Monasterio fue habitado por zombies. Y el zombie religioso logra convertir a todos los zombies en buenos creyentes.
En Rosario se registraron diez casos de zombies. Hace treinta años fue el último caso. Un joven amigo conoció a una chica rubia, la invita a comer y comen hamburguesas y se van a un hotel alojamiento y ahí son atacados por zombies en la circunvalación. Un zombie se come los cerebros de los dos. Ese zombie es detenido y juzgado y encarcelado. Sale en libertad a los quince años y ahora tiene una carnicería en Zona Sur. Pero el caso más emblemático es el del concejal Pepe Lagarta, concejal por el Movimiento al Socislismo Capitalista Populista y Nacional y No Popular. Este concejal era hijo de un zombie que se había casado con una de las herederas del diario más prestigioso de la ciudad.
Los zombies siempre se integran. Al contrario de los vampiros que sufren de aislamiento social.
Fabián Ariel Gemelotti
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