Los telos de Rosario
(Por: F.A.G)
El telo es un sentimiento, al igual que el choripán y la Coca Cola o el Marlborito. ¿Quién no fue alguna vez a un telo? Todos hemos ido al telo, porque el telo o el albergue o el hotel alojamiento es el refugio de los amantes y de la trampa y también de los grandes amores. Coger es una palabra que a muchos les molesta decirla y no la consideran literaria; pero coger es literatura pura. Las novelas románticas hablan de coger y los minimalistas norteamericanos dicen coger en sus escritos miles de veces. Coger es literatura. El telo no es un invento exclusivo de nuestros tiempos, porque telo hubo siempre. Los romanos tenían tabernas donde el vino y la cerveza eran las delicias de los amantes. En los barrios bajos de Roma estaban los lupanares, lugar de marginales y amantes. Ahí estaban las prostitutas de la ciudad, pero también era un lugar de escape para la trampa de los amantes. Las costumbres romanas prohibían el sexo oral matrimonial, y el romano iba con su amante a practicar lo que en casa estaba prohibido. Sociedad patriarcal la romana, la amante podía ser una esclava joven (había esclavos sexuales en Roma o podía ser una amiga libertina). En las tabernas romanas había cuartos diseñados para el amor de trampa: cama doble, mesita y agua en jarras y toallas. Los sumerios también tenían telos, sociedad la Mesopotámica muy liberal en cuestiones de amor. Tanto el hombre como la mujer gozaban del amor "clandestino" y tener amantes no era condenado por leyes civiles ni morales. La cerveza, la bebida más antigua del mundo, era la droga cotidiana de los amantes de las tabernas de Mesopotamia.
El amor y el sexo siempre caminaron de la mano en la Historia. Y llegamos al siglo veinte cargados de religión moralizante y amores pasionales. El telo a principios del siglo veinte se hace popular en Argentina. Siempre hubo trampa, y siempre hubo engaños de todo tipo. El ser humano no nació para un solo amor, no es monogámico. Nuestros bisabuelos y bisabuelas gozaron del sexo, pero todo era a escondidas, la moral de la época condenaba el adulterio. Como hubo hombres tramposos también hubo mujeres tramposas, que gozaron el deleite del sexo oral y de la masturbación y del sexo anal. Las primeras feministas modernas lucharon por la libertad de coger y no ser condenadas moralmente. Las comunidades anarquistas practicaban el amor libre. Hubo muchas en Brasil y pocas en Argentina. Pero ya tanta Historia cansa al lector, vayamos a lo lindo, vayamos a recorrer los telos de Rosario.
La Terminal de Ómnibus es el lugar de Rosario donde más telos hay. No voy a dar calles ni nombres, simplemente recorrer con la imaginación lugares y habitaciones de esos telos. Enfrente del Patio de la Madera hay cuatro telos interesantes. Uno me trae nostalgias, porque iba a los 18 años con una novia. Todavía existe y es el más barato y precario. Queda enfrente del local de comida rápida del Patio. Tiene habitaciones humildes y una más cara con cama doble y sillones. Es romántico por su precariedad, pero no recomiendo las habitaciones del primer piso porque los techos son bajos y es fácil golpearse la cabeza cuando tu novia se pone en cuatro y vos detrás. Me he lastimado un par de veces. Otro telo es el que está saliendo por la entrada del Patio de Comidas por Santa Fe, ya en una calle principal. Este telo es el mejor de la zona. Tiene dos habitaciones con jacuzzi, uno redondo y otro grande. Tenés que pedir la habitación 7 para el redondo y la 8 para el grande con cama redonda. En la habitación ocho resbalé una vez y me abrí la cabeza. Fui a emergencia con mi novia y el enfermero se reía cuando le dije que me caí del Jacuzzi. Me dieron seis puntos. Me podría haber denucado. Ya en una cortada también enfrente del Patio de comida hay un telo muy lindo. Hay dos, uno pegado al lado del otro. Uno cerró, la crisis también afectó a los telos. Ese telo tiene espejos por todos lados, y un diseño setentista. Es el preferido de una compañera de trabajo con la cual hacíamos trampa el año pasado. Le gustaba verse el culo reflejado en los espejos. La disposición de los espejos lo permite. Ese telo me trae recuerdos de una mujer, de una mujer grande, de un amor clandestino de mis 24 años. Es muy lindo. Me gustan sus espejos.
Enfrente de la Terminal por Santa Fe en la cortada Casas está el telo emblemático de la zona. Todo el mundo fue a ese telo. Una vez estaba con una amiga y yo en mi inocencia le digo: "¿te gusta?" y me dice: "ya vine un par de veces". Yo romántico y machista la creía una chica inocente. Esa tarde comprobé que el inocente era yo. Me hizo bolsa en la cama. Ese telo tiene una habitación con hidromasaje, un piletón enorme donde todo el cuerpo se expande a lo ancho. Es lindo e ideal para hacer el amor debajo del agua. Una práctica recomendable, pero que agota. Ese telo me trae nostalgia del año 2000, cuando salía con uno de mis grandes amores. Chica muy linda y muy suave, pasábamos noches enteras en el telo. Pagábamos la noche y nos quedábamos a dormir. Y a la mañana íbamos a trabajar bañados y agotados. Mi jefe me decía: "siempre cansado vos".
Después tenemos el telo nacional y popular enfrente de la plaza, ese telo que era consumo obligatorio después del boliche en los noventa. Te levantabas a una chica e ibas a ese telo. Ese telo donde doblan los ómnibus de la Terminal. Polvos históricos todos nos hemos echado ahí. Tengo una amiga que tiene novia, no es heterosexual y me dice el otro día: "voy siempre con una chica y me hacen cara cuando entro, pero me dejan entrar" y le dije: "nadie puede impedirte entrar porque estarían discriminando, y eso es un delito". Los telos en la actualidad son para todos, no solamente para heterosexuales.
Después por la otra calle paralela a Santa Fe hay dos por unas cortadas, uno es simple pero lindo. Y tiene habitaciones amplias y es silencioso al extremo. Y otro tiene una habitación con hidromasajes, la habitación 12. Muy linda con sillones. Y un detalle: tiene fierros en las paredes donde podés agarrarte firme. Amigo vos sabés de lo que hablo.
En la zona sur tenemos El Paquito, lo más berreta del mundo. Ahí los gritos se juntan. Una vez de pendejo estaba con una novia y sentíamos a una tipa decirle al tipo: "¿cuándo se te va a parar amor?". A la media hora sentimos un grito y la tipa decir: "ahora sí, la tenés dura". Mi novia se cagaba de risa. Éramos pendejos y nos divertíamos con esas cosas. Más llegando a Amenábar había tres, cerraron hace años.
Un telo que me gusta mucho es el de Pichincha, ese hotel que fue un prostíbulo en los años veinte. Ahí hay habitaciones temáticas. Recomiendo la de pileta para nadar. A Jazmín le gustaba mucho. Amaba el agua. Es muy caro. La última vez que fui una habitación buena dos mil pesos.
En la ruta hay buenos hoteles, los tradicionales: Las Brujas, el Gato Negro... todos históricos. Los nombro porque ya son parte de la ciudad. Son los telos patrimonio de Rosario. Hace unos años tenía relaciones con una chica gordita, y yo en mis prejuicios no quería que me vean con ella. Siempre tuve novias muy flacas. Mi preferencia son delgadas y de tetas chiquitas. No me gustan las tetonas. Pero esta chica era gordita y tetona. Íbamos en auto a Las Brujas. Pagaba siempre ella los telos. Nunca me vieron con ella. No era linda, pero en la cama era una diosa. Los telos de la ruta son para la escondida.
Después hay un par de telos en los barrios, muy precarios pero ideal para la trampa. El año pasado tenía tres novias, y una iba a mi casa, pero con las otras a telos. Un día se enteraron y me dejaron las tres el mismo día. Me quedé sin telo y sin amor.
Un recuerdo especial para un telo emblemático de Rosario: el Belgranito. Es el telo pintado de rosa por calle Córdoba a un par de cuadras de los cines, enfrente de una ex fábrica metalúrgica. Un amigo mío trabajaba en esa fábrica y sabía todos los engaños. Me contaba: "la esposa del carnicero se encama con un pendejo./ La abogada Leonor se acuesta con un gordo. /La pendeja hija del dueño de la librería X va siempre a coger con el amigo del padre. /La dueña del Ciber se baja a todos los pendejos. Y el marido se coge a la gorda sin dientes dueña del mercadito". Mi amigo es muy observador y en esos tiempos vivía espiando a los que entraban a ese telo. En ese telo me pasó algo curioso. Fue en 2014. Salgo a tomar algo con una chica y entre hablar y hablar nos vamos al telo. Ya en la habitación al desnudarse me dice: "¿te la vas a aguantar conmigo?". Era muy flaquita y rostro inocente. Yo la miro y me río. La verdad que me reventó. No se cansaba nunca. Salimos dos o tres veces más. La ví hace poco. Había ingresado a la policía y era oficial. No la saludé, me hice el distraído. Nunca me gustó la policía, tengo algo contra las fuerzas del orden que me repelen.
La vida sin telos sería aburrida. Aunque tengas un departamento a todo trapo, una novia oficial o esposa oficial yo recomiendo cada tanto ir a un telo. Ahí es como una aventura, donde el placer se hace pecaminoso y el sexo se transforma en un alimento para la fantasía.
Fabián Ariel Gemelotti
(Viernes 15 de noviembre de 2019, una y media de la madrugada)
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