Coleccionar
(Por: F A.G)
Coleccionar es una palabra que se subestima, y eso le quita valor a la palabra. Pero todos coleccionan algo, o por lo menos les gusta tener algo. Yo colecciono varias cosas: etiquetas de cigarrillos, figuritas de fútbol, historietas nacionales, libros y soldaditos de plástico. Cosas sin valor en comparación con otras colecciones. Cada objeto tiene un valor especial para mí. He publicado un libro en 2016 sobre el coleccionismo de figuritas, 8 ediciones y todavía me quedan algunos. Quizás sea mi libro preferido de todos mis libros, sobre todo porque me despacho sobre TV y forma de guardar los objetos, lo más complejo. Coleccionar no es un mero acto de poseer por acumular cosas, esto último no es coleccionar. Tener objetos es saber el origen del objeto y sobre todo conservarlos. Una colección es un museo privado, con otra impronta muy personal al museo público. No me gustan los museos, me aburren. Un soldadito de plástico dice muchas cosas, y es apasionante porque te conecta con tu infancia. Soldaditos alemanes y sus uniformes. Soldaditos sureños. Soldaditos japoneses. Esos son los buscados, porque el malo es el que más gusta. A todos nos gusta los muy malos. Los ejércitos alemanes y sus uniformes hermosos. Los sureños y esa impronta marginal. Los soldaditos no saben de ideología, porque la estética es algo que tiene que ver con la vista. ¿Y a quién no le gusta un paracaidista japonés? A todos los coleccionistas.
Después está el mundo de las figuritas. En mí libro de 2026 (La puerta de entrada al Infierno) hablo y hablo y hablo de ese mundo que me apasiona: las figuritas de fútbol. Las de los setenta son mis preferidas. Las redonditas y cuadraditos del 74/5/6 son las que más amo. Y los tarjetones de cartón duro de 1971. Uno va a Parque Rivadavia en Caballito y es un mundo de figuritas. Ahí conocí tipos grandes y "educados" que coleccionan; de todos los estratos sociales, desde obreros a empresarios. Ahí se reúnen los domingos de mañana. Parecen chicos juntando y cambiando o vendiendo. Muchos llevan a los hijos y los chicos ayudan. Y saben los oficios de sus padres. En mi libro está todo ese mundo y un recorrido histórico sobre el tema. Leelo.
Las historietas es un mundo más complejo, porque lo bueno ya no se encuentra. Hay que recorrer librerías y ferias retros y así y todo no se encuentra lo bueno. He escrito mucho sobre el tema. Tengo artículos sobre Columba, Robin Hood y Oesterheld. Y sobre Isidoro, lo amo. Y sobre Condorito un pequeño librito de 1993. Condorito es una genialidad. Una historieta de culto. Pepe Sánchez me daría la razón. Y Nippur diría: "así es la vida amigo".
Libros y libros. Esa es mi gran pasión desde chico. Libros de marxismo debo tener miles. Y novelas y miles que he leído. Amo la novela. Tengo tres novelas publicadas. Y libros de Antropología y Psicoanálisis. Dos pasiones que compro mucho. Y mucha historiografía y Filosofía de la Historia. La Historiografía es mi gran pasión. Y mis escritos históricos tienen esa impronta historiográfica.
Las etiquetas es algo muy diferente, porque es un mundo muy complejo. No es la simple etiqueta nada más. Están las estampillas de precios, las variantes, colores y rarezas. Muchos las desarman. A mí me gustan armadas. Tener un Jockey de los 70 lleno es una delicia. Y todas las variantes y países de Marlboro. Jockey y Marlboro mis preferidos para coleccionar.
Cosa de hombres, y cosa que llena la vida. Y la hace más placentera. Quienes no coleccionan no pueden comprender esta pasión muy individual, muy de uno.
Las mujeres también son una especie de colección, y no lo digamos fuerte: rubias, morochas, flaquitas, morruditas, tetas chicas y grandes. Cada una tiene su rareza. Cada una es un privilegio. Una mujer es lo más lindo que hay. Y es el placer más grande de todos. Una mujer "puede mover montañas" porque ese deseo por lo femenino es lo que hace del hombre que sea pleno. No podría vivir sin mujeres.
No podría vivir sin leer.
Fabián Ariel Gemelotti
(2018)
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