martes, 12 de noviembre de 2019

Bokiboa

Bolivia, un país único.
(Crónica de viajes)

Dedicatoria: al pueblo boliviano.

(Por: Fabián Ariel Genelotti)

Cuando hice el secundario en la Dante tenía un compañero boliviano, el Bolita le decían los profesores y compañeros. Mucho desprecio a Eduar y mucha discriminación por parte de profesores y alumnos. Me hice muy amigo de este chico, pero muy amigo. Fue y es uno de mis mejores amigos. Hijo de coya, su padre era un cocacolero que con muchísimo esfuerzo lo mandó a casa de un tío para que estudie en Argentina. Así gracias a mi amigo aprendí mucha historia de Bolivia. Y a los 20 años le digo a mi novia de entonces: "Ely nos vamos a recorrer Bolivia, decile a tus viejos que te den guita". Y así nos fuimos con Ely a recorrer el país de mi amigo. Eduar nos esperaba en Cochabamba donde estaba en casa de los padres. Con dos mochilas y poca ropa nos subimos al tren hasta Tucumán y de ahí a San Salvador de Jujuy y de ahí  a la Quiaca y de ahí cruzamos a Villazón. Llegamos al pueblo fronterizo de noche y recién al mediodía teníamos un colectivo a Potosí. Nos fuimos a un hotelucho a pasar la noche y Ely me dice: "hay cucarachas, no puedo dormir". Le digo: "vos dormí yo me quedo despierto". No quiso desvestirse y durmió toda tapada y con los ojos abiertos" . Era la Bolivia pobre y sucia anterior a la revolución de Evo. De Vllazón a Potosí fuimos en un colectivo viejo todo destartalado. No había caminos pavimentados y mezclados con indígenas los olores propios de la pobreza se metían en nuestras narices. Ely me decía: "¿dónde me trajiste Fabián?, yo quería ir a Europa". Ella sentía ese desprecio de la clase media acomodada por la pobreza y me lo hizo sentir todo el mes que estuvimos en Bolivia. Pero se la aguantó, como buena chica de 18 años que viajaba con su novio en una aventura que después contaría a sus amigas. Al llegar a Potosí nos hospedados en un hotel enfrente de la Universidad Católica, en un barrio de clase acomodada. Fuimos primero a un albergue muy humilde y Ely se puso a llorar: "quiero a mi mamá, quiero volverme". Agarré las mochilas y nos fuimos del albergue y subimos a un taxi y le digo al tachero: "al mejor hotel". Y así caímos a ese hotel colonial, con más de 200 años de antigüedad. Al entrar en la habitación me dice: "esto me gusta, ahora me puedo bañar tranquila". Le digo: "voy a recorrer la ciudad y vos ordená la ropa". Y así salí a caminar y caminé cuadras y cuadras hasta llegar a Casa de la Moneda, y entré en ese edificio histórico que había leído en las Crónicas de la Colonia, de Vargas Llosa. En esa época yo era muy burgués, pero con amor a la Historia (mi pasión de toda la vida). Ya estaba en segundo año de la carrera. Me gustaba la aventura y todavía no tenía conciencia de clase y no comprendía la opresión del Amo. Ese es un proceso lento que lleva años, porque nadie nace sabiendo y con conciencia clasista.
En Potosí bajamos a las minas, esas minas saqueadas por el imperialismo español. Una experiencia única, bajando por un agujero y agarrándonos de las paredes y con una soga los diez "turistas' guiados por un guía de nueve años. Ya bien profundo en las minas el nene de nueve años saca un paquetito con porros y nos da dos a cada uno. Ely me mira prender el porro y me dice: "nunca te ví fumar marihuana" Y le digo: "con los pibes del colegio íbamos a fumar al Parque Independencia". Y asi, frente al falo del Tío (un diablo con una pija enorme que es un fetiche de los mineros), nos bajamos los porros. A Ely le pegó fuerte, porque era su primer cigarrillo de marihuana. Estuvimos cinco días en Potosí, y la recorrimos de punta a punta. Ely dormía y dormía porque la altura la afectaba mucho, y se sentía cansada todo el tiempo. Chica flaquita y muy tímida, no hablaba con nadie. De Potosí emprendimos nuestra gran aventura a La Paz. He viajado mucho en mi vida, y lo digo con justicia: La Paz no le debe envidiar nada a ninguna otra ciudad del mundo. Pero la gente ve a esas ciudades coloniales con la mirada del desprecio, y entonces dicen despectivamente: "yo amo París". Es en vano, la clase media come mortadela para ahorrar y hacer su peregrinaje a Europa, porque las ciudades europeas después son un tema de conversación para las reuniones laborales. ¡Si lo sabré!!!! En La Paz Ely se sentía mejor, ya su cuerpo acostumbrado a las alturas. Ahí fuimos a la catedral del siglo 18, una cosa única en América. Rodeada de puestos de libros usados y antigüedades, Ely se ponía loca viéndome comprar libros y libros. En La Paz caminábamos y cogíamos. Entre la altura y los picantes y el sexo adelgazamos diez kilos.
Una tarde nos fuimos a los Altos de la Paz, la zona pobre y muy marginal. Ahí al lado de un cementerio tiene su estadio el Bolívar. Para llegar al Alto se va en combis porque los caminos son de precipicios y angostos. Recuerdo que Ely me decía: "Fabián nos vamos a caer" y lloraba. Al llegar al Alto es como estar en una gran favela (estuve en dos en San Pablo y Río), mucha marginalidad y mucha pobreza. Ahí vi hambre en serio. Evo lo primero que hizo en su gobierno es darles agua potable, gas natural y pavimentar. Por eso lo aman a Evo en los Altos. De ahí salieron los líderes populares de Evo. Esos líderes salidos de las clases pobres, líderes indígenas. No los líderes de la izquierda tradicional boliviana, eso líderes de izquierda salidos de la universidad que nunca comprendieron al indio, porque la izquierda boliviana eran los hijos de los Amos que tenían sirvientes indios en sus casas. Por eso Evo es la revolución indígena, una revolución de clase que trasciende las fronteras del clasismo arraigado en la cultura de América.
De La Paz fuimos a Cochabamba de mi amigo. Ahí fuimos recibidos por sus tías cholas y sus padres curtidos por el sol de la pobreza. Gente humilde de una hospitalidad única. Gente que comprendía lo que era ser explotados. Aprendí más de ellos que de cualquier docente con discurso marxista. Ahí vi los sembrados de coca y las cooperativas indígenas. La hoja de coca es una riqueza fundamental para Bolivia. Honestidad y buena gente, algo que quedó grabado en mi memoria. De ahí salió Evo Morales. De ahí salió la revolución más grande del Continente, y me animo a decir más importante que el Peronismo. Estuvimos cuatro días en Cochabamba.
Después nos fuimos a Santa Cruz de la Sierra, la Media Luna. Ahí vi racismo, bolivianos blancos hijos de la inmigración europea. Ahí vi desprecio al indio. Ahí vi racismo arraigado de generación en generación. De esa zona salió el golpe de estado del domingo 10 de noviembre. Después fuimos en avión al Beni, la zona más aislada de Bolivia. Muy difícil llegar y zona de pantanos y salinas.
Y volvimos por el llano e ingresamos por Salta y de ahí a Rosario. Al llegar a la ciudad me dice Ely: "lo mejor de mi vida, te amo".
Al año nos peleamos. Y nunca más la ví. Me enteré hace cuatro años que se recibió de Antropóloga en los noventa y vive en España desde esa época.
Toda crónica de viaje es un pedazo de la memoria de uno compartida con el lector.

Fabián Ariel Gemelotti
(Martes 12 de noviembre de 2016)

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