jueves, 14 de mayo de 2020

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El paradigma coronavirus

(f.a.g.)

El terror no es lo mismo que el horror. Sentimos terror ante algo racional y que podemos palpar, como ser una bomba o la posibilidad del hambre. Decimos: "tengo terror". Pero el horror tiene otra explicación: parte de lo no palpable, de lo sobrenatural, de lo fantasmal. En el siglo 18 en Alemania nace la literatura gótica, ese estilo romántico donde los ambientes son polvorientos y en ruinas. Donde el horror es la trama, pero siempre termina en terror. Lo sobrenatural pierde sentido porque lo gótico explica todo desde la razón pero con estética del horror. Goethe fue un racional que en su romanticismo alemán crea una visión de racionalidad: el Diablo se presenta como un salvador y crea terror. Hay una moral muy grande en Goethe, y esa moral lo hace el literato más grande de la literatura alemana. Eleva al alemán como idioma del pensamiento y del estilo literario. Terror es sinónimo de razón en ese gótico romántico. Aunque Goethe no es considerado un romántico puro, me animo a decir que su obra es romántica y tiene un toque del gótico de la desesperación: "quiero amar y necesito ayuda para que me amen". Amor y desesperación serán la clave del romanticismo inglés y alemán.
Cuando Mary Shelley escribe en 1817 Frankenstein el gótico atraviesa por un período de la razón. El monstruo genial creado por una joven de 18 años rompe con los moldes literarios de su tiempo: se usa el terror a secas, no se parte del horror para explicar el terror. En pleno desarrollo de la industria capitalista, Frankenstein viene a decirnos que la ciencia y el capitalismo destruyen el ideario romántico del horror. El monstruo es una realidad creado por un científico. El capitalismo le da vida a la muerte. La muerte es vida en la obra de Shelley. La novela es muy criticada y no se comprende en su momento histórico. Pero con los años marcará a la Literatura: lo fantástico y sobrenatural será reemplazado por lo real.
Quería marcar el gótico para empezar este ensayo, porque el gótico es el molde que rompe con la tradición histórica de ver a la Historia desde lo sobrenatural y la leyenda. El siglo 18 rompe con este modelo de la Historia: el gótico parte del horror (lo sobrenatural) y termina en el terror (una explicación "racional")
Bram Stoker en 1897 publica Drácula. Es una obra que pone al monstruo como algo real, en un mundo aparente de fantasía. Stoker es hijo del gótico y del positivismo. Toma de uno el terror,  explicado desde el horror y de otro la ciencia positiva. De esa mezcla crea una obra maestra. Drácula tiene una historia real: el terror de un gobernante del siglo 15 de Transilvania y gobernante de Valaquia. Drácula es el monstruo moderno que desde la ficción crea el terror de las sociedades capitalistas. El Empalador de Valaquia ahora es un ser real que chupa sangre. La muerte transmuta en vida por la sangre. El capitalismo es sangre. La sangre hace que el poder transforme la explotación en realidad palpable. Con Drácula nace el mito moderno: la vida es sangre y el terror es posible.
Jack el Destripador en 1888 en Londres sembró terror. Pero se lo explicó desde el horror. Jack era un resorte necesario para atemorizar a los barrios proletarios ingleses. El trabajador sentía miedo: de la casa a la fábrica y de la fábrica a la casa. Era 1888, pleno desarrollo de los Imperialismos en el mundo. La llorona en los pueblos y los sátiros de Buenos Aires sembraron horror pero crearon terror. El terror es el nuevo camino que usará el capitalismo para asentarse y explotar.
El terror es posible (de la literatura se toma esa impronta que servirá para generar terror en el explotado) En Drácula el vampiro puede ser el elemento que acabe con la civilización (el capitalismo)
En 1968 Romero filma su filme de zombies. Ese filme tiene la respuesta: el capitalismo usa el terror y el horror. El terror puede ser la solución. En el final del filme los monstruos (muertos vivientes) son humanizados: los que viven en el error son los vivos.
El siglo 21 ha terminado con los síntomas del horror, porque este siglo no es un siglo de lo fantástico y lo gótico. El coronavirus tiene la respuesta al nuevo paradigma del mundo: un virus nos trae el terror. El aislamiento crea una incertidumbre en la historia moderna: ¿y si el virus es eterno? Ese paradigma moderno en nuestras subjetividades crea terror. El mundo moderno no es fantasmal ni romántico ni polvoriento, porque la lavandina limpia la superficie para que el virus no mate a la humanidad  y si la pandemia se expande nos morimos todos. Por eso la cuarentena como modelo monástico para detener el avance del monstruo moderno. El mundo moderno es un mundo de la supervivencia, no puede pensarse un mundo de "progreso" como pensaban los positivistas y el capitalismo en sus inicios. El mundo moderno se puede transformar solamente en dos cosas: virus y supervivencia. O sea, estamos condenados a un mundo de la lavandina. Y los tapabocas se pueden transformar en los ajos y cruces para detener al Drácula de la Modernidad.
El virus está acá y nos aterroriza, nos calcula, nos mira y se mete en el cuerpo. ¿El virus vino para quedarse por siempre? El coronavirus es como Frankestein, es un rompecabezas armado con pedazos de cuerpos. Y el Prometeo del siglo 21 está fortalecido y va mutando y transformando a la vida en una vida regida por el terror.

Fabián Ariel Gemelotti
(15/05/2020)

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