El actor inglés de los ojos saltones
(ensayo/cine)
(f.a.g.)
Hoy al levantarme me vino a la memoria ese actor genial de Young Frankenstein, ese actor de ojos saltones y rostro tan particular. Y no podía recordar el nombre, pero mientras desayunaba miel con tostadas y leche tibia y cereales me vino a la memoria el nombre. Terminé el desayuno y me puse a hacer algo de gimnasia, y mientras corría en el patio y subía la escalera y bajaba y volvía a subir y bajar y volver a subir y correr por toda la terraza y volver a bajar y correr por el patio me venía a la memoria todos sus filmes. Recién a la hora de haber desayunado y corrido y hecho abdominales y algo de boxeo y algunos movimientos individuales de yudo me fui al baño y me prendo el cigarrillo de la mañana (fumo dos nada más de mañana y ocho a la noche, diez estrictos al día. Siempre Marlboro en caja, no fumo otra marca) y me siento a cagar. Y ahí mientras cagaba y fumaba me vino todo lo que ahora voy a escribir. Después me pegué un baño con agua bien helada, costumbre del gimnasia de cuando practicaba yudo. El agua debe ser muy fría para que los músculos descansen y circule bien la sangre. Es cuestión de costumbre. El agua caliente no es buena para la piel, ni los músculos ni nada. Mientras escribo y corrijo una novela sobre el aislamiento (ya escribí 200 páginas y me gusta como está quedando) escribo estas reseñas y cosas rápidas para subir a internet. Siempre escribí de corrido y mucho, me resulta fácil escribir. Y estas reseñas me llevan una hora al día nada más, la novela cuatro horas y seis a ocho horas de lectura de novelas y ensayos. Me entró ganas de escribir algo de este actor inglés de ojos saltones, porque en el Arteón en los ochenta me ví todas sus películas. Y también en el Imperial y en el Echesortu pasaban sus filmes de los sesenta y setenta, allá por los ochenta me ví todo. No miro TV ni tampoco pierdo el tiempo en redes sociales (en las redes en su mayoría la gente sube pavadas como memes y esas vulgaridades o frases mal escritas que son repeticiones de frases y pensamientos de periodistas de la TV. No hay pensamiento propio en las redes sociales. Salvo dos o tres personas, todo lo demás es alienante) ni me interesa los diarios (solamente leo suplementos literarios, nada mas) ni nada que me quite tiempo a la lectura de novelas y a mi escritura. Escribo en el procesador, abro internet y subo rápido y cierro y apago internet y me meto en lo mío. Ya no discuto de política ni de nada con nadie. No me interesa intercambiar opiniones. No me sirve para escribir. Una discusión te hace perder el tiempo y te anula la impronta de la escritura.
Alan Martín "Marty" Feldman, de este actor inglés estoy hablando. Nació en Londres el 8 de Julio de 1982. Fue un gran comediante, y el cine le debe mucho a este tipo. Siempre me impresionaron sus ojos saltones, producto de una enfermedad tiroide (enfermedad de Graves) Esos ojos le daban su condición de actor que quedaba grabado a fuego en tu memoria. Me gusta mucho el cine de Mel Brooks y en La última locura de Mel Brooks descubro por primera vez a Marty Feldman. Era un día de mucho frio de 1985 y salía de la Dante y me meto al cine Imperial a ver este filme de 1976. Ese día estaba triste y bastante deprimido. Me había peleado con una novia (me había dejado), y esas cosas producen depresión. Pero este filme me iluminó y me hizo muy bien. Me levantó el ánimo. A la salida me fui a un bar y pedí una cerveza y un familiar y me puse a leer un libro en italiano para una materia. Este filme es muy pero muy bueno. Es un filme mudo, un homenaje y parodia al cine de los años veinte, cuando los actores gesticulaban mucho y los gestos eran muy importantes y el sonido era el piano en el cine. El filme tiene intertítulos como en el cine mudo. Y tiene una ironía, hay un mimo que es el único que habla.
Un sábado de noche de ese mismo año me entero que daban en el Arteón El jovencita Frankenstein, dirigida también por Mel Brooks. Le digo a una chica si me acompaña, lo cual fue muy bueno porque después fuimos a un telo de la Terminal y así pude lograr hacer mi duelo por la chica que me había dejado. Fueron buenos polvos con esta chica que fuimos a ver El Jovencito Frankenstein. El cine acerca a la gente y en la obscuridad un beso es hermoso, porque mientras uno ve el filme los cuerpos se acercan y se tocan. Nos fuimos acercando y vino el beso y la lengua y a la salida la moto fue derechito al telo. Mi moto estaba entrenada y sabía que cuando una mujer subía había que ir al telo. El filme está ambientado en los años 30 y es en blanco y negro. Lo bueno de esto es que Mel Brooks te enseñaba a ver cine. Aprendí mucho de sus filmes. En la escena que aparece Marty Feldman agachado espiando y sus ojos saltones muestran deseo perverso ahí me dije que tenía besarla. Y fue efectivo, porque no vimos nada del filme esa noche. Después la ví completa a los años y la veo cada tanto de vuelta. El filme es una parodia del cine de terror clásico. Respeta el libro de Mary Shelley y se burla Mel Brooks de las adaptaciones de las novelas. Pero también el filme es un homenaje al cine de terror en sus inicios y sobre todo a lo estrictamente clásico, ese cine olvidado ya en los setenta. El filme es de 1974, y en los setenta el cine de terror clásico estaba siendo sepultado por el cine político. Hay una cosa acá interesante que siempre quise decir: hay una generación que odia el cine de terror, esa generación es la anterior a la mía, la que vivió su juventud durante los setenta. Una generación muy prejuiciosa y que no lee tanto como creemos. Mi generación lee más y es mucho más abierta y más curiosa. Quería marcar esto para mostrar que este filme funciona como ensayo también, porque homenajea algo que el cine estrictamente político estaba sepultando. Por eso El exorcista fue menospreciada y subestimada por los intelectuales, por esa intelectualidad tan bolche y tan izquierdizada en sus ideas y costumbres.
Pero Marty Feldman también fue escritor. Ya a los 20 años escribía guiones para la TV británica, en asociación con Barry Took. Y escribieron también para la radio. Lograron cierta fama y prestigio como guionistas. Debuta como actor en TV, la serie At Last The 1948 Show. En 1967 marca un personaje muy recordado. En un sketch el personaje interpretado por Marty acosa a un dependiente de una tienda. Ahí logra meterse en el corazón del espectador. En cine trabajó en grandes filmes de culto, como The Bed-Sitting Room (1969), Every Home Should Have One (1970), In God We Tru$t (1980), Yellowbeard (1983), entre otros filmes muy buenos también.
Feldman muere en 1982 de un infarto en un hotel de México DF. Fumaba mucho, bebía mucho café y no se alimentaba bien. Era muy buen nadador y Michael Mileham (estaban filmando Yelloweard) cuenta que el día anterior nadaron y compraron langostas y quizás se intoxicó.
Feldman está enterrado en el cementerio de Hollywood Hill's, en Los Ángeles.
Fabián Ariel Gemelotti
(domingo 24 de mayo de 2020)
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