La revolución
(relato)
(f.a.g.)
Auriel se quedó mirando a la joven y la chica se quedó mirándolo. El tapaboca de Auriel era negro y cubría su rostro duro y sus ojos verdes miraban a la joven y la joven vio en esa mirada unos ojos que la devoraban.
-Me recuerdas una hamburguesa de barbacoa - Auriel extendió una mano y trató de tocar el cabello de la joven, y la joven retrocedió asustada.
-Está prohibido Uriel, ya lo sabes que no se puede tocar a nadie- Uriel agachó la cabeza y sintió escalofríos en el cuerpo y miedo a esa respuesta.
Un policía de la Guardia del Señor observó la mano de Auriel que quiso tocar a la joven. El policia hizo una seña y dos hombres de la Brigada de Blanco interceptaron a Auriel y le tiraron una soga y la soga hizo lazo en el cuello de Auriel y los hombres de la Brigada de Blanco tiraron de la soga y Auriel cayó al piso y lo arrastraron hasta un camión blanco sanitario y ya junto al camión hicieron un rodeo a unos metros de Auriel y le sacaron la soga de un tirón. Y lo obligaron a incorporarse y a ingresar al camión sanitario.
Auriel se acomodó en el camión, un amplio espacio con dos asientos de madera y techo aislante y un respirador al fondo. Auriel sintió terror, tuvo mucho pero mucho miedo. Se comentaba que los infractores a la Ley del Señor eran derivados a un lugar muy feo y tenebroso. Auriel sintió pánico y se sacó el tapaboca porque quiso tocar su boca y al instante de sacarse el tapaboca sintió un golpe en el rostro: una mano mecánica salió de algún lugar y lo golpeó y vio Auriel cómo la mano subía hasta el techo del camión y desaparecía escondiéndose en lo invisible de la baja intensidad de luz de ese camión sanitario. Auriel se puso el tapaboca y la sangre le chorreó y sintió que se ahogaba y fue empujado por dos manos mecánicas que salieron no del techo sino de otro lugar que Auriel no pudo darse cuenta, y fue empujado hasta el respirador y varias manos mecánicas lo sujetaron y le colocaron el aparato de Respirar en la cabeza y el aparato limpió su sangre y Auriel pudo respirar bien y ese ahogo producto del golpe desapareció en un placentero sueño de placer y Auriel quedó dormido ahí con el aparato cubriendo su cabeza.
Auriel en ese sueño pudo soñar algo placentero. Auriel se vio sentado en una silla y una bella joven desnuda traía en una bandeja una hamburguesa con picantes y una cerveza en lata y la joven dejó la bandeja en una mesita y apoyó sus tetas en los labios de Auriel y la lengua de Auriel lamió esos pezones gruesos y después subió con la lengua y dejó toda la saliva en las enormes tetas de la joven. Auriel apartó a la joven con las manos y la joven se fue rápido y el culo de la joven era bien redondito y Auriel sintió deseos y su pene se puso duro. Y un hombre de negro le dijo a Auriel que tenía que elegir entre esa joven o la hamburguesa con picantes. Y Auriel eligió la hamburguesa porque sentía mucho hambre y porque extrañaba las hamburguesas con picantes, y el sueño era muy real pero a su vez Auriel se daba cuenta que esa realidad era un sueño. Y Auriel agarra la hamburguesa y se la mete en la boca y siente que una mano le quita la hamburguesa de la boca y despierta de su sueño y se abre la puerta del camión sanitario y el respirador asciende al techo y Auriel ve a muchos hombres con trajes blancos y lo obligan a descender y Auriel desciende y lo hacen caminar hasta un edificio rosa y lo hacen entrar y lo hacen entrar a una habitación. Auriel y su nuevo tapaboca están ahí porque le dieron uno nuevo al bajar porque el otro tenía sangre y este tapaboca nuevo era marrón y un marrón color tierra de descampado. Y Auriel en la habitación se sentó en una silla, se sentó porque lo obligaron y los hombres que lo llevaron hasta ahí estaban a una distancia prudente y Auriel sentía miedo de ver a esos hombres con tapabocas de color negro con un dibujo de un dragón. Y se abrió una puerta y un hombre alto apareció e hizo una señal con las manos y los hombres del tapaboca negro con el dibujo de un dragón se fueron y cerraron una puerta blanca y la habitación parecía enorme y ahí el hombre alto se sentó frente a Auriel, manteniendo una distancia prudente, esa distancia que todos debían obedecer.
-Me llamo Rodolfo - el hombre alto lo miró a Auriel y tenía un tapaboca que cubría su rostro dejando ver unos ojos negros penetrantes.
-¿Qué hago acá? - Auriel pregunta la pregunta que todos hacen al hombre alto cuando están sentados en esa silla en esa habitación.
-Infrigió una Ley. Usted sabe que no se puede acercar a nadie y menos tratar de tocar a alguien.
-Es mi esposa.
-No se puede.
-Su pelo nada más.
-No.
-Soy un fiel servidor del Señor.
-Tendremos que proceder por su falta.
-No hice nada malo.
-Transgredió la Ley.
-No quise hacer eso.
-Vamos a proceder .
-¿Qué van a hacerme?
-Lo vamos a reformar y saldrá de acá obediente.
-Soy obediente.
-Mire Auriel...
-¿Cómo sabe mi nombre?
-Sabemos todo de todos.
-Tengo miedo.
-Le voy a explicar Auriel, acá costó mucho lograr este mundo de igualdad y orden. ¿Usted sabe cómo era esto antes que el Señor lograra la revolución del orden?
-Vivíamos en la desigualdad y los ricos eran ricos y los pobres muy pobres. Yo sé que el Señor logró la igualdad.
-Auriel, el mundo se estaba desintegrado y tuvimos que ordenarlo y crear una nueva humanidad.
-Ya lo sé, yo participé de esa revolución del orden.
-Auriel antes de esta humanidad todos nos tocábamos y vivíamos en un mundo de pecado capitalista. La gente comía hamburguesas con picantes, fumaba, tenía sexo con cualquiera, la gente no se lavaba las manos y lo que es peor había desocupación y nadie obedecía las leyes. Y nosotros hicimos la revolución y la gente dejó de consumir drogas y de fumar tabaco y de comer hamburguesas con picantes. Y terminamos con la desocupación. Y aplicamos un salario universal y una moneda única y obligamos por amor a la humanidad a que nadie se toque, porque tocar a otro es traer la enfermedad a la piel. Y los matrimonios lograron la felicidad con el sexo virtual, y logramos que no haya enfermedades y que todos gocen con la masturbación universal.
-Es el virus, por eso dejamos de tocarnos -Auriel lo dijo convencido, era un fiel ciudadano del orden.
-Auriel usted es inteligente.
-Yo soy obediente no quise transgredir la Ley.
-Usted quiso tocar el pelo de su esposa.
-No lo toqué.
-Quiso y eso es lo mismo que tocarlo. Y si permitimos que la gente piense y quiera tocar de vuelta a alguien la revolución se terminaría.
-Pero estábamos en la calle solos, nadie nos miraba. Me tenté pero no lo toqué.
-Las cámaras ven todo Auriel. Nosotros vemos todo. Tuvimos que poner cámaras para observar a la gente y quienes transgreden la Ley son culpables y deben ser reformados.
-Soy obediente.
-Auriel el mundo se desintegraba, había crimen, prostitución, gente hambrienta y nosotros logramos igualar y creamos este nuevo mundo del orden.
-Pero soy obediente y nada quise hacer.
-Auriel yo era maestro de escuela y enseñaba Historia y a nadie le interesaba. Yo sufría Auriel. Y vino la revolución y destruimos todos los libros inmorales capitalistas. Y destruimos todo lo que sea pecado del capitalismo. ¿Y Sabe Auriel que era pecado mortal?
-La literatura capitalista.
-Muy bien, destruimos toda la literatura y voluntariamente la gente nos entregó sus bibliotecas y las quemamos en esa gran hoguera pública que purificó a la humanidad.
-¿Qué me van a hacer?
-Lo vamos a purificar.
-Tengo miedo.
-Auriel no tema, lo hacemos por el prójimo, porque el prójimo es más importante que usted y que yo.
-Soy inocente.
-Auriel sabé por qué no puede tocarse la gente.
-Por el virus.
-Auriel el virus es un pretexto, algo que ocurrió e hicimos creer que era mortal y llenamos la televisión de noticias del virus y asustamos a la gente y la gente nos agarró miedo.
-Pero es real el virus, por eso usamos tapaboca y no nos tocamos -Auriel estaba convencido del virus y era un fiel ciudadano.
-No nos tocamos Auriel porque tocarse es pecado y el pecado es el vicio del capitalismo.
-¿Qué van a hacer conmigo?
-Auriel queremos un mundo de igualdad y de orden y de bienestar. Nada más. Nosotros amamos a la libertad y vamos a luchar por esa libertad y quien transgreda la Ley debe ser purificado.
-Soy un buen hombre, no quise transgredir la Ley. No toqué a mi esposa.
-Uriel si un ojo te hace transgredir la Ley, debe ser extirpado porque la Ley no puede ser quebrada. Y si tu mano quiere tocar y ser inmoral debe ser purificado el cuerpo, porque somos la revolución. Toda revolución se basa en la obediencia para que haya igualdad.
-Yo soy obediente.
-Uriel su mano y su conciencia están contaminadas. Usted quiso tocar a su esposa. Debe ser purificado. ¡Uriel!!!, extienda su mano pecadora -Uriel extendió la mano y el hombre alto la observó.
El hombre alto se levantó y fue hasta un armario y abrió una puerta y sacó un hacha y fue hasta donde estaba el brazo extendido de Uriel y se colocó a prudente distancia y levantó el mango del hacha y en un golpe certero cortó la mano pecadora de Uriel. Y el filo del hacha se llenó de sangre y una mano mecánica descendió del techo y curó y vendó la mano de Uriel.
-Uriel, usted es hijo de la revolución de la igualdad. Ya puede irse, el dolor del corte no durará mucho. La mano mecánica le aplicó una droga eficaz y no corre peligro de nada.
-Gracias por purificar mi carne. Prometo no pensar en tocar más a nadie.
-Uriel, recuerde que bienaventurados los ciudadanos de la nueva humanidad porque de ellos es la revolución de la igualdad.
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 3 de Mayo 2020)
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