El último faso
(f.a.g)
-Nos queda un faso y no hay más.
-Lo compartimos.
-Pero no se puede, con tu saliva al chuparlo me podés contagiar el virus.
-¿Entonces?
-Podemos sortear quien fuma primero y se lo pasa al otro y el otro corre el riesgo.
-Estamos sanos.
-Uno nunca sabe, yo no salivo la colilla pero vos con tu saliva asquerosa...
-Yo no hago eso.
-Un pucho es un pucho, y yo merezco fumarlo más que vos.
-No creas, yo soy mejor que vos.
-Yo lo fumo porque yo compré ese paquete en el kiosko un día antes de que escasearan.
-Andate a la mierda.
-Fumamos un rato cada uno y después me voy a la mierda.
-No quiero morir.
-No es feo morir.
-Soy muy joven todavía.
-No creas.
-¿Qué querés decir?
-Lo que escuchaste.
-¿Qué dijiste?
Y agarró un martillo que andaba por ahí tirado en el departamento y lo levantó con furia y le martilló la cabeza y agarró el cigarrillo y se lo puso en los labios y lo prendió y sintió ese alivio a nicotina que ingresaba por su cuerpo y aspiró e hizo bocanadas de humo y miró la cabeza reventada y sintió pena y una lágrima por su cara de deslizó y siguió fumando y terminó el pucho y agarró el martillo y lo elevó y se abrió la cabeza de un golpe y ahí cayó y los dos cuerpos quedaron bañados en sangre y así termina este relato de mierda.
Fin
Fabián Ariel Gemelotti
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