viernes, 26 de julio de 2019

La izquierda argentina.

EL GORDO TROTSKO CON ALIENTO A VINO BARATO Y LA PENDEJITA QUE NO PUDE VOLTEARME

(Relato de mi única experiencia con la izquierda Argentina)

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

Todo militante peronista alguna vez pasó por la izquierda Argentina, aunque sea unos meses por desidia o fastidio hacia las estructuras dirigenciales peronistas. Puede ser un paso breve o largo, pero es necesario a veces experimentar en la vida. En 1992 estaba muy desilusionado del Peronismo, más que del Peronismo del menemismo. Ser Peronista en esos tiempos no era fácil, porque te asociaban a Menem. El Peronismo estaba fracturado ideológicamente. Estaba cursando las últimas materias de Historia, y tenía una novia del Partido Obrero Revolucionario, que acá en Rosario comandaba Fernando Armas. Gran tipo, al cual aprecio y soy amigo. Un médico que atendía casi gratis en Barrio las Flores. Un trotsko muy culto, con el cual he discutido muchísimo. Odiaba (y debe odiar todavía, hace 20 años que no lo veo) al Peronismo. Mi novia se llamaba Camila, una chica muy linda y de familia burguesa. Me dice un día: "acompañame a una peña del partido". Y fuimos en mi moto Honda 100 roja, una moto que todavía extraño. De Camila me olvidé y no la registro más hace años. Fuimos a la peña y Camila me presenta a todo el grupo trotsko: "mi novio, es Peronista pero lo quiero igual". Esa noche se me acercaban de a uno, como en un templo evangélico a predicarme las doctrinas del Partido. También tuve una novia evangélica, y algún día escribiré sobre eso y de mi abstinencia sexual con mi novia Bautista que no pude tocarle una teta nunca. Pero ese es otro tema. Vayamos a esa noche de 1992. Se me acerca un gordo con un libro en la mano y con aliento a vino y me dice: "nene, ¿vos sos Peronista?", le digo que sí y el gordo empieza: "Perón era un fascista y Evita también. El Peronismo es fascista". El gordo desplega el libro que tenía en las manos y me larga todo su aliento a vino en el rostro. Yo sacudo la cabeza y miro al costado y veo a un barbudo hippie tratando de levantarse a Camila. Y trato de dirigirme hacia Camila, pero el gordo me agarra del brazo y me retiene y empieza a evangelizarme: "nene, vos sos muy chico y debés ser de familia fascista peronista. Yo también fui Peronista, pero encontré la verdad acá en el Partido Obrero Revolucionario". Yo ya no escuchaba al gordo, porque el barbudo (de unos cuarenta años, para mí un viejo en 1992) le estaba tocando el cabello a mi novia. Y el gordo sigue: "mirá nene, yo te digo que Perón era nazi. El Peronismo nunca quiso la revolución. Nosotros queremos hacer la revolución". Yo ya estaba que explotaba y si no fuera por el gordo que me sostenía del brazo lo partía en dos al barbudo. Una hora estuvo el gordo predicándome. Cuando por fin me suelta me voy al lado de Camila y la agarro de la mano y la llevo aparte y le digo que me voy. Me dice: "ahora van a guitarrear". Le digo bueno, un rato más me quedo. Se arma una guitarreada de esas canciones aburridas que les gusta a los militantes de izquierda. Yo ya no aguantaba más. Todos estaban bebiendo vino y cerveza. Nada de drogas, no consumían porros ninguno. En un rincón veo a una rubia muy linda, una chica muy jovencita. Mas chica que yo, unos 18 años. Me acerco y la hablo. Hablamos un buen rato, hasta que Camila se acerca y me dice: "ahora sí nos vamos" y la mira con asco a la chica rubia. Esa noche con Camila cogimos desesperados, por celos mutuos y por pasión juvenil.
Fui a otras peñas con ella, y me hice amigo de Fernando Armas. Discutíamos de Peronismo. Lo iba a visitar a su consultorio en Barrio las Flores. Pasó el tiempo y me peleo con Camila y nunca más veo ni al gordo (que lo había visto en otras peñas, siempre con aliento a vino barato) ni a nadie más del Partido. Siempre me quedé con las ganas de la pendejita de 18 con la cual hablé. La ví en otra peña pero siempre que me acercaba Camila se acercaba también y la miraba mal. Una noche logro convencer a la pendejita de subir a mi moto, pero cuando estábamos por arrancar se acerca el gordo y me agarra del brazo. Y me empieza a predicar. Yo estaba re caliente y no lo escuchaba. Le digo: "gordo, me tenés podrido. Yo soy Peroncho. Vengo a acompañar a mi novia, nada más". El gordo me suelta del brazo y me dice: "estás perdido, chau". Se va. Yo estaba feliz, ya fantaseaba con un polvo con la pendeja. Me imaginaba sus tetas en mi boca y su concha mojada y su carne blanca. Cuando pongo la pierna para dar la patada aparece Camila y baja a la pendeja de la moto de un empujón. Y se sube a mi moto. Y me dice: "arrancá hijo de puta". Yo arranco y nos vamos a toda velocidad. Yo con la pija dura y los sueños del polvo con la pendeja guardados en mi desilusión. Esa noche cogimos todo con Camila. Fue nuestra última encamada, porque nunca más volví a verla en mi vida.
Esa fue mi única experiencia con la izquierda Argentina. Yo soy Peronista, nacional y popular.
¡Viva Perón, Evita, Cámpora, Néstor y Kristina!!!

Fabián Ariel Gemelotti

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