Fumar es uno de los grandes placeres de la vida
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
Fumar es un placer. Fumo desde los 16 años. Pero mi primer cigarrillo fue a los 12 años, como una travesura de niño cuando iba a las prácticas de yudo en el Club Libertad de barrio Azcuénaga. Tenía un sótano el club y ahí con otros chicos nos fumamos un 43/70 cada uno. Fue nuestro primer cigarrillo. Después le robaba a mi padre un Jockey cada tanto y me lo fumaba en un campito. Eran los primeros cigarrillos de un futuro fumador. A los 16 en cuarto año de la Dante empecé a comprar cigarrillos. Compraba los Imparciales diez (que dejaron de salir a fines de los ochenta ) Y fumaba nada más que los fines de semana. Pero no podías ir al boliche con Imparciales, porque era un cigarrillo que tenía un olor muy particular. Las chicas no fumaban Imparciales. Entonces empecé a fumar Marlboro importados. Los vendían en la Terminal de Ómnibus o en un kiosko que estaba al lado del bar El Cairo (cuando El Cairo era un bar bodegón y no un bar de caretas). Ese kiosko vendía de todos los países. Uno fumaba de Inglaterra, Estados Unidos y hasta de Israel. Eran los tiempos de la dictadura y la destrucción de la industria nacional (empezaba el proceso de saqueo y nacía el neoliberalismo en el mundo) Entonces uno fumaba importados, que no eran baratos. Pero siempre tenía una moneda para comprarlos. Pero con el tiempo me hice de Marlboro, el de paquete de papel. El clásico. Marlboro nacional. Ese cigarrillo que identificaba la vida con el deporte. Yo siempre hice deportes, pese a fumar diez cigarrillos por día. Hice natación, corrí picadas en moto y artes marciales y fierros. Pero nunca pude dejar de fumar. Amo fumar. Soy fumador por placer.
En la facultad se fumaba en el aula. Era pura humareda. Algunos docentes abrían las ventanas para que el humo huya de los salones hacia el patio de Humanidades. Todo el mundo fumaba, y el que no fumaba era "raro o moralista" (ese concepto era muy de los setenta). Pero eran fines de los ochenta. Los muchachos de la JP fumaban Jockey (nacional y popular) Y los muchachos de la izquierda fumaban armados (se hacían los pobres). Yo fumaba Marlboro. Nunca me gustó hacerme el pobre, porque no soy pobre. Tampoco soy rico. Soy clase media con buenos ingresos. Nada más. Entonces recuerdo esos cuestionamientos idiotas de la izquierda a mi persona porque yo fumaba Marlboro ("sos un burgués" "bla bla bla bla bla bla") Ellos siempre se metían en la privacidad de uno. Si iba a la facultad en moto deportiva: "¡sos un burgues!". Si aparecía con una novia rubia de ojos grises: "es una burguesa". ¡Mierda, la izquierda siempre fue moralista!!!! Entonces el Marlboro era el cigarrillo revolucionario de mi revolución personal. Yo fumaba Marlboro por placer, porque el placer es superior a cualquier pertenencia ideológica. Ahí está el individualismo que te hace libre. Marlboro era el cigarrillo que amaba. Amaba su diseño y porque era provocativo en cierto modo. Después en los noventa se impone la cajita sobre el paquete común. Esa cajita de Marlboro tan bella y tan revolucionaria, esa revolución del individualismo pequeño burgués de la vida de la clase media. Después salieron otras cajitas: de diez anchita (la más bella de todas) y coleccionables (la negra de diez con líneas rojas; la metalizada y otras que ahora forman parte de mi colección de marquillas). El Derby fue desplazando al Jockey en los noventa, porque el Derby era más barato. Su paquetito también era muy bello. Y vinieron series limitadas del Mundial y turismo de carretera.
Fumar es un placer. Casi todas mis novias fueron fumadoras. Salvo dos que no fumaban y les molestaba el humo. Fumar es un gran placer, porque es lindo fumar después de comer, cuando se defeca, y sobre todo el cigarrillo que uno fuma después de hacer el amor es el más placentero de todos. Tirado en la cama desnudo, con tu novia recostada sobre tu pecho y el cigarrillo compartido y ese humo que se expande por la habitación. Sexo y tabaco siempre fueron aliados.
La modernidad del siglo 21 viene con todo un discurso anti tabaco. El tabaco pasa a ser "algo sucio y demoníaco". La gente deja de fumar en tropas moralizantes. Primero es Córdoba, que prohíben fumar en los bares. Después toda Argentina prohíbe el pucho en lugares cerrados. Y los fumadores cagados de frío en pleno invierno fumando en las puertas de los bares. El fumador pasó a ser "un paria social" marginado y discriminado por los no fumadores. Y las tropas moralizantes de ex fumadores se transformaron en "evangelistas" del "bien" contra "el mal". Ser fumador pasó a ser un pecado para la modernidad neoliberal. El neoliberalismo impuso estilos culturales y una moral que ataca constantemente los placeres individuales. El neoliberalismo es "un colectivismo de muerte de la subjetividad". Del desenfreno y el individualismo creativo pasamos, en un par de años de ajustes y saqueos, a la muerte de la individualidad. Y eso se empieza a marcar en los nuevos paquetes de cigarrillos con fotos intimidatorias sobre "enfermedades físicas" que producen el fumar. Entonces uno ve a una mujer embarazada o un feto o un pulmón negro en la cajita de cigarrillos. Esa morbosidad impuesta por ley fue festejada por los saqueadores de la subjetividad.
Pero repito, fumar es un placer. No fumo mucho. Solamente diez por día. Los cuento. Fumo por placer, y tengo mis dos cigarrillos mañaneros. Mis tres cigarrillos de la tarde. Mis cinco cigarrillos de la noche. Diez por día. No podría vivir sin fumar, porque me gusta fumar después de comer, cuando voy al baño y sobre todo tirado en la cama desnudo y sentir el calor de una mujer y que el humo se mezcle con los olores del sexo.
Fumar es un placer.
Fabián Ariel Gemelotti
No hay comentarios.:
Publicar un comentario