sábado, 14 de julio de 2018

Usurpadores de cuerpos

INVASION OF THE BODY SNATCHERS

(Cine)

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

"La invasión de los ladrones de cuerpos" es uno de los filmes de ciencia ficción y terror más alucinantes de los Estados Unidos. Hay varias remates, pero la original y la primer remake son las mejores. En 1956 Don Siegel filma la original, basada en la novela de Jack Finney. Actúan Kevin McCarthy y Dana Wynter. Y se desarrolla la acción en un pueblo chico de California. Un médico ve cambios en el comportamiento de sus pacientes y empieza a investigar. Unas vainas (especies de sandías gigantes) empiezan a reemplazar a los humanos. Toman el cuerpo de un humano y lo deshacen y las vainas adquieren forma humana idénticas al cuerpo tomado. Son los tiempos de la guerra fría y el odio al comunismo. El filme termina muy bien. Los humanos logran controlar a las vainas.
En los años 50 en Estados Unidos el cine "clase B" y "clase Z" logra plasmar un cine nuevo en Norteamérica; muy distinto al cine clásico y de altos presupuestos. Proliferan directores como Ed Wood y Jack Arnold que hacen películas de muy bajo presupuesto y en muy poco tiempo de filmación. Wood filma "Plan 9", película que se hizo en cuatro días. Tiene miles de errores de producción, actuaciones muy malas, pero el filme es de culto. Reivindicado en los 90 como innovador en el lenguaje y en la impronta individual de un director que con cien dólares hacía un filme. Robert Wise filma "El día que paralizaron la Tierra", filme que marcará una época. El extraterrestre protagonizado por Michael Rennie quedará como un ícono de ese cine clase B. Hay otros filmes muy importantes: "El último hombre sobre la Tierra", la adaptación de la novela "Soy leyenda" de Matheson. Tarántula es otro filme que marcará a los futuros directores. Y "The killer sthrews" otro gran filme. Mujeres bellas de cuerpos pulposos y de miradas inocentes son otra característica de estas películas. Randy Stuart y April Hyde conquistaron corazones y salieron desnudas en revistas de los cincuenta. Es un cine nuevo, que en su tiempo fue tomado por los críticos como malo. Y muchas películas fueron un fracaso comercial y de espectadores. Pero con los años se transformaron en un cine único.
En ese contexto cinematográfico filma Siegel su película en el 56. Es muy buena, en blanco y negro cuando el color empieza a imponerse en todas las producciones comerciales. El blanco y negro se siguió usando hasta los sesenta, era mucho más barato y mucho más estético y artístico. Pero el color era lo que pedía el gran público, y el cine es dinero. El espectador quiere diversión, no quiere arte. El arte es para el intelectual y el crítico de cine.
Pero la mejor de todas es la remake, que junto a Cara Cortada, las remakes superan a la original. En 1978 Philip Kaufman filma la remake del filme del 56 de Siegel. El protagonista es ese grande del cine que siempre hizo deleite en los amantes del buen cine: Donald Sutherland. La remake es más pretenciosa que la orinal. Si la original se queda en la pura ciencia ficción, la segunda va más allá. La de Kaufman indaga en la desconfianza que todos sentimos del vecino o el familiar. Rompe con los modelos tradicionales de relacionarse. Sutherland es un especialista en comportamientos humanos que descubre anomalías en San Francisco. La gente empieza a comportarse en forma rara. Las vainas reemplazan a los seres humanos. Una invasión alienígena está sustituyendo los cuerpos humanos y así exterminar a los terrícolas. Si en los cincuenta el miedo era el comunismo (todo venía del Planeta Rojo y los extraterrestres venían a apoderarse del mundo capitalista ), en los setenta el miedo era otro: el enemigo está frente a vos, a tu lado. Ya no se puede confiar en nadie. Cualquiera puede ser tu enemigo y el ojo del director apunta a esto. Las vainas cambian cuerpos, se apoderan de tu individualidad y la comunidad se uniforma donde "el distinto" pasa a ser el que descubre "el cambio". Ya Matheson había planteado este tema en "Soy leyenda" y "El hombre menguante". Sutherland es el distinto que no puede dormirse, porque el dormir lo haría perder la conciencia y así la vaina se apoderaría de su cuerpo. Tiene mucha acción el filme. San Francisco reemplaza al pueblo chico de la original. Una gran ciudad ahora es la protagonista. El "cambio" se da en una urbe capitalista y no en un pueblo agrario. Los transformados por las vainas pierden el lenguaje y gesticulan y no piensan. Se pierde la conciencia. ¿Una metáfora de los medios masivos? Carpenter en los ochenta retomará el tema en su cine, y especialmente en "They Live".
Es una lucha constante por no dormirse, esa lucha lo lleva al protagonista a vagar por la ciudad. No hay posibilidad de escape. El final es único y no hay esperanzas como en la versión original. ¿Acaso se ha perdido la esperanza en el mundo? El puerto de San Francisco con barcos transportando las vainas a todo el mundo es mostrar que el "mal" no se detiene. Todos vamos a ser transformados. Todos vamos a ser "cambiados" por las vainas. El mundo ha cambiado. Los extraterrestres están acá. Ya no hay salvación.
El cine de ciencia ficción siempre fue muy crítico de la sociedad. Y siempre fue tomado como algo superficial. ¿Acaso el espectador se durmió y la vaina mediática atrapó/ su pensamiento?
Suena la música de "cambio". ¿Tu cuerpo ya no es tu cuerpo? Fuiste cambiado por una vaina de "Cambiemos".
Y esto no es política. Esto es cine. Y el cine es más profundo que la política.

Fabián Ariel Gemelotti

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