DE LA BANANITA DOLCA A LOS TAZOS (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)
La BANANITA DOLCA es lo más sabroso que hemos comido. La BANANITA de chocolate que venían chicas y grandes. Era dura o blanda, según el hambre que uno tenía. No era ni cara ni barata. Moneda nacional de ese tiempo. También estaban los alfajores Tatin y las masitas Manón. Y el chupetín Topolino. Era un sobre tipo figurita y adentro venía un chupetín con un muñequito de plástico. Larguirucho era el más difícil. El Topolino era barato. Y era correr al kiosko para sacar el muñequito y saborear el chupetín. Los Angelitos, eran una cajita con un chocolate merengado adentro. No venían sorpresas, pero eran populares en el barrio. Había Angelitos negros y blancos. Yo elegía el negro, porque era transgredir las normas de la fe familiar católica.
Pero lo que más amábamos eran las figuritas. Las chapitas te lastimaban, te hacían tajos en la mano y se oxidaban. Eran hermosas, y uno prefería las que venían jugadores de fútbol. Los chapines del 76 eran tipo los tazos de los 90, fabricadas en Rosario. ¡Las redonditas de cartón!!! Eran para jugar al chupi y a la arrimadita. El album nunca se llenaba y si se llenaba era canjeado por una pelota número cinco. El campito era la cancha. Ahí el desafío era por la Coca y los alfajores. La camiseta de Newell's no era cosa común en esos tiempos. Casi todos los pibes eran de Central. Yo me ponía la Rojinegra y me metía en el picado. Como era bastante bueno, me respetaban cuando se armaban equipos en el barrio.
Integré planteles gloriosos. Carmona, los hermanos Danieli, el arquero de Central Bonano fueron mis compañeros de equipo. Todos mis amigos de Central, y yo fanático de Newell's. La Lepra no tenía la cantidad de hinchas de ahora. Uno veía un carro y arriba un gorro de Central. El pobre era de Central. La clase media, a la cual pertenecía yo, era de Newell's o de River. En los noventa cambia todo. Por eso amo a Eduardo López, solamente lo puede entender alguien que se crió rodeado de canallas. Ahora uno ve que los pobres son de Newell's y la clase media acomodada de Central. Todo es distinto. Bielsa, los noventa y López le dieron otro perfil social a Newell's. Después podemos discutir otras cosas, pero esa es la verdad. Yo la viví y no me vengan con pavadas.
Las figuritas de Newell's eran mi desesperación. Un pibe del barrio tenía a Zanabria y a Santamaria y me faltaban. Lo fui a buscar. Llevé cien comunes para canjear. Me pidió cien por cada una. Le dije que no. Y le ofrecí cien por las dos. Me miró con lástima y me las dio. Y le di las cien comunes. Al llegar a casa me puse tan feliz que al otro día fui contento a la escuela a soportar a la vieja cascarrabias de la maestra.
Ser de Newell's no era fácil. Todos te cargaban. En la Dante había muchos de River y de Independiente. Y de Newell's éramos algunos, no pocos; en un colegio caro había mucha clase media y Newell's en esos tiempos era eso: clase media. En la cancha había pibes pobres de Newell's, eran la barra brava. Me gustaba mezclarme con ellos y sentir el olor a villa y colgar los trapos. En los noventa cuando Newell's se hace popular todo fue distinto; ir a Arroyito ya era imponer miedo con los rostros de los barras marihuaneros y con olor a vino barato. No sé si está bien o mal, no me hice ni me hago planteos morales. No sirven. El fútbol es otra cosa.
El Topolino, la BANANITA, el chicle con tatuaje, y las figus. ¿Y los soldaditos? Soy de la época de los soldaditos de plástico duro; y uno armaba ejércitos y peleaba las guerras. Uno miraba Combate y se volvía loco. Los alemanes eran los malos, y de adulto leyendo libros bélicos me di cuenta que en la guerra ningún soldado es malo: es soldado. Uno veía el Gran Chaparral y Bonanza y quería ser terrateniente. ¡Por Dios!!! Los indios eran los malos, y los vaqueros los buenos. Yo instintivamente quería ser indio. Y me gustaban los soldaditos de indios.
¿Y las guerras de piedras? Eran hermosas, formar ejércitos y cagarse a pedradas con otro barrio. Una vez llevamos la guerra a la escuela. Nuestro odio en primer año era contra el Superior de Comercio. En la Dante yo era el más pobre y me había criado en un barrio obrero. Mis compañeros eran pibes finos, y no sabían de gomeras ni de piedras. Entonces los entrené. Me convertí en General. Armé un ejército para pelearle al Superior. Nos citamos en el Parque Independencia. Yo fui con la camiseta de Newell's y un gorrito de lana negro y llevé las manoplas y la cadena de la bicicleta. Mis muchachos pelearon bien, pero nos ganaron. Me dejaron un ojo morado y me abrieron una herida en el costado de la frente. Todavía tengo la cicatriz. Cada tanto veo a algún compañero y recordamos esa pelea. Los del Superior nos odiaban. Los del Politécnico nos detestaban. Los del San José también nos buscaban para pelear. Éramos la Dante, el colegio fino de Rosario. Éramos un colegio donde todos leían literatura.
Los temerarios, el trompo y el yo yo de Coca Cola y de Fanta eran otras delicias.
De grande uno busca por internet o en las ferias esas cosas. Y cada tanto encuentro. Hace unos años compré un catálogo de figuritas, escrito por un historiador de la UBA y así pude ordenar mi pasado y armarme una colección interesante.
Y las botellas de vidrio y los tarros de dulce de leche. Los paquetes de cigarrillos. Y las revistas de Fitito y Condorito.
Y en los noventa vienen los tazos. Y en 2005 salen los tazos de chapa. El Maxi era chiquito y le compraba miles de paquetes de papas fritas. Y le abría los paquetes y me quedaba con los tazos. Un día se dio cuenta y se puso a llorar. Y mi madre me dijo cómo iba a hacer eso con el nene. ¡Pero esos tazos de chapa eran hermosos!
La BANANITA todavía se vende. Cuando estoy enamorado de una mujer le compro una BANANITA DOLCA.
¡Aguanten las figus!!!!
Fabián Ariel Gemelotti
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