THE EXORCIST (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)
El cine de terror, junto a la ciencia ficción y al policial negro, logran plasmar lo que otros cines no logran: aterrorizar desde la ficción. El cine nace en los burdeles de París, no en los salones cultos como los manuales de cine populares y escolares narran. El cine nace al compás del comics y juntos recorren el siglo 20 y asientan los miedos y felicidades de la gente. Los primeros filmes fueron pornográficos, destinados a los obreros de fábricas de París. Y de ahí pasa a Estados Unidos. En Norteamérica el cine se hace popular y llega a todos los estratos sociales. Nace el cine de terror y el policial. Nacen las versiones de aventuras y Julio Verne es llevado a la pantalla grande. Hollywood es el gran sueño del capitalismo. Ahí nacen los grandes héroes. En 1938 nace Superman y un año después Batman. Nace la historieta de súper héroes. Nace DC y nace Marvel. Nace el Capitán América durante la Segunda Guerra Mundial y en los sesenta el Hombre Araña. El Pato Donald y Los Tres Chanchitos. El Mago de Oz y Blanca Nieves. El cine es la cultura Norteamericana en esencia.
Durante la Guerra de Vietnam se llevan a Saigón pantallas gigantes y se proyecta cine. La Guerra se pierde pero se gana en el cine: Pelotón; Nacido para matar; Nacido un 4 de julio; Apocalipsis ahora. El cine bélico es la esencia de Estados Unidos. Un gran país. Un país que camina de la mano de su industria cinematográfica. Un país que nace libre en 1776 y crece libre. Pero a su vez un país que coloniza y se hace imperialista.
Y solamente un país tan culto y con una industria tan desarrollada en cine podía dar un filme tan extraordinario y tan visual como "El exorcista". En 1973 William Friedkin filma su gran película. Elige para los papeles principales a la adolescente Linda Blair. Y a la consagrada actriz Ellen Burstyn. Y para el papel más obscuro y luminoso a Max Von Sydow. Y a Jason Miller como un sacerdote alcohólico y que ha perdido la fe en la Iglesia, ¿y en Dios?
La película empieza en una excavación arqueológica, donde el padre Lankester Merrín encuentra una estatua de Pazuzu, un demonio muy maligno. Uno ve a perros ladrando y el rostro del padre inteligente y cansado. Y la acción se traslada a la gran ciudad donde una actriz (Ellen Burstyn, una actuación consagratoria) vive con su hija adolescente (Linda Blair, inolvidable y genial). La chica empieza a comportarse en forma rara. Y la madre piensa que es una anomalía psicológica. Le hace estudios, y todos dan perfectos. Está sana. El espectador se tensiona en el cine. Hay miradas al compañero de butaca. El pochoclo se deja de comer. Y de pronto se escuchan ruidos en la casa. La madre sube al altillo y todos en el cine se tensionan más aún. Hay algo de miedo. La pajita de la Coca Cola es sorbida despacio. Vuelve el ruido y la chica en el cine Radar abraza al novio. No hay nada en el altillo.
Mientras tanto un cura alcohólico se plantea su fe. Va en el subte y ve algo borroso. El espectador empieza a sentir frío en el cuerpo. El miedo empieza a recorrer su cuerpo. Y de pronto la chica grita y la madre sube la escalera. Y abre la puerta del cuarto, y la cama se mueve y la chica también. Y el espectador sufre y le tiembla el cuerpo. Siente miedo. Y el muchacho aprovecha y besa a la novia. La novia lo rechaza y manotea el pochoclo. Y come con miedo. Hay miedo en los rostros del mirador de cine. Y la madre no sabe qué hacer. Y recurre al padre alcohólico y que perdió la fe. El padre fuma y toma mucho alcohol y ama el boxeo. Y sale a correr. Es un atleta y un psiquiatra. El espectador no entiende nada, su religiosidad entra en conflicto. El director lo sabe. Y por eso pone un padre edípico y alcohólico y deportista. La madre del cura se está muriendo. Muere. El padre sufre. Se siente culpable. El cura acude a la casa de la madre. La madre lo lleva a la habitación. La hija adolescente lo vomita. La madre le lava la camisa. El espectador está muy asustado. El cine está en silencio. Y el Diablo puede ingresar y sentarse al lado de tu butaca. Las ambulancias en la puerta del cine esperan a los primeros descompuestos. Tres espectadores en Argentina murieron en 1974 en salas cinematográficas viendo El exorcista. Ambulancias en las puertas de los cines fueron obligatorias. Muchos infartos. Se quiso prohibir el filme. No se logró. No estábamos acostumbrados a ese terror. El padre dice que no hay demonios. Pero duda. Grava voces. Y recurre a la jerarquía eclesiástica. Y se recurre al padre Merrín. Este ingresa a la casa y sube a la habitación y encuentra a la joven levitando y a la cama enloquecida. Hay vómitos y obscenidades. La chica insulta. Merrín sabe que el Pazuzu lo persigue y es a él a quien quiere. Se queda solo con la adolescente. El demonio es más fuerte que él. El padre muere. Y el cura sin fe lo encuentra muerto en la habitación. Y agarra a la chica y la golpea. Y la insulta. Y se ve la imagen de un demonio que se apodera del cuerpo del cura. Y ya el espectador se ha orinado encima y el pochoclo queda desparramado. Y la chica abrazada al novio. Y en el fondo un hombre infartado. Entran a la habitación y encuentran la ventana rota y al cura que se ha tirado y caído por las escaleras a la calle. Un suicidio. La chica se cura. El demonio se ha ido de su cuerpo.
La escena de la cabeza que gira es innovadora en cine. En esa escena se infartaron muchas personas. Era 1973/4 y nacía un nuevo cine de terror; ese terror que penetraba en el espectador. Después todos copiarían este filme. Candidata a diez premios Oscar y bien recibida por la crítica.
Estados Unidos es un país que sabe hacer cine. No hay otro cine que le haga sombra. Podríamos decir que el cine Alemán e Italiano logran esa conjunción espectador/actor. Pero no pueden superar al cine Norteamericano. Un país que es único en el mundo. Un país que ha dado la mejor historieta del mundo y la mejor literatura mundial es un país que merece el respecto en su cultura.
Apago la luz y voy a dormir. Escucho ruidos. Prendo la luz. Y veo una sombra al lado de mi cama. Tengo miedo. Apago la luz. Algo toca mis pies. Prendo la luz. Y veo a Pazuzu mirándome con ojos de muerte.
Fabián Ariel Gemelotti (lunes 16 de julio de 2018, Capital Federal)
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