ÚlTIMO TANGO EN PARÍS Y LA VIOLENCIA SEXUAL COMO GOCE (POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTT
El cine Italiano ha dado las mejores películas eróticas de todos los tiempos. Y ese erotismo ha derrapado en sadismo, pornografía y violencia. Una violencia sexual que es muy gore y ha hecho escuela. Tiziano Longo es quizás el cineasta que ha llevado el sexo vulgar y sádico a su máxima expresión. Ya he hablado de él, y ahora le toca el turno a otro grande del cine europeo: Bernardo Bertolucci. El director italiano en 1972 filma: Último tango en París; un filme polémico y cargado de una sexualidad edípica y sádica. Elige para los papeles principales a Marlon Brando y a María Schneider. Es una historia violenta, y tiene una escena que ha marcado al cine: casi cinco minutos dura la escena de la manteca. Marlon Brando haciéndole sexo anal a la joven de 19 años María Schneider. Es una escena muy cargada, casi una violación, y donde Brando, un viudo pisando los cincuenta años, le llena el ano a la joven con manteca y se la coge y la chica llora. ¿Llora de goce?; el espectador puede hacer su propia lectura, si en esa violencia sexual hay goce o hay violación. Las lágrimas de la joven mientras Marlon Brando la penetra y la coge son lo que le dan condimento al filme, y lo hacen filme de culto. Después vendrán las polémicas, los arrepentimientos y los odios encontrados. El cine nace polémico y sexual. Nace como goce. Y después viene la diversión. El filme tiene muchas cosas que en estos tiempos levantarían el odio de cierto feminismo puritano de izquierda y de organizaciones de defensa de la mujer. El arte es otra cosa, pisa los límites del goce y el arte es locura sobre todas las cosas. No hay arte si no hay transgresión. Y el cine eso lo lleva en sus entrañas; por eso el cine es transgresor. Literatura y cine transgreden y juegan con los límites de la provocación. Nabokov en Lolita juega con la seducción de una adolescente casi niña hacia su padrastro. Y ese juego erótico es un recurso del autor para transgredir normas establecidas en la sociedad capitalista. Tinto Bras en Calígula pone en imágenes el discurso del incesto. Y ese discurso es molesto para la sociedad. Y Pasolini muestra al fascismo a través de la mierda y la violación. Pero después se redime en El Evangelio según San Mateo. De la transgresión al arrepentimiento siempre hay un paso, por no decir que todo artista es obligado por las normas sociales a arrepentirse de sus toques morbosos y alocados. Así funcionan las sociedades. Así funciona la vida. Y esto va más allá de ideologías políticas. Las sociedades en ciertas cosas de la vida funcionan de la misma manera en el capitalismo como en sociedades Socialistas o anarquistas. El artista está sobre toda ideología social; siempre busca transgredir el orden que establecen las ideologías. De eso se trata la literatura, de eso hablamos cuando hablamos de cine.
Y volvamos al filme de Bertolucci. El filme carga con dos cuestiones muy chocantes. La primera y fundamental es el sexo anal a una joven por parte de un hombre grande. La chica y el hombre se encuentran casualmente en un departamento en alquiler. Y surge una atracción sexual espontánea, y tienen sexo ahí mismo, en ese primer día que se conocen. Y quedan de acuerdo en encontrarse cada tanto nada más que para coger. Ella tiene novio, un cineasta muy intelectual. Ella siente una atracción por Brandon edípica y él ejerce una violencia verbal hacia ella muy marcada. Esa violencia es para someterla a su dominio masculino. Hay un orden de la masculinidad que se hace evidente en el filme en su lenguaje violento. Y hay un sometimiento de lo femenino. Bertolucci a mi entender quiere marcar que el sexo está marcado por pautas sociales, donde el goce se da cuando hay violencia del hombre hacia la mujer. El macho penetra, y la mujer sufre y ahí se da el goce, en ese sufrimiento y esas lágrimas derramadas por la joven.
Lacan decía: " para gozar hay que gozar de a dos". En este filme el goce sexual es de a dos, pero uno goza sometiendo y otro goza sufriendo. Las lágrimas, y no quiero ser reiterativo, son fundamentales en el filme. La chica llora y en ese llanto está el llanto de toda su vida de sometimiento. Hay un toque feminista en el discurso de Bertolucci.
Y la segunda cuestión es la de la muerte. Marlon Brando venera a su esposa muerta. Es a ella a quien ama, no a la joven. La pérdida de su esposa le hace derramar lágrimas frente a su mujer muerta. Es muy morboso ver a Brandon bajando al sótano para ver el cajón de su esposa embalsamada y llorar frente a ella. Siente culpa del goce sexual. La culpa está presente en el filme.
Freud dice: "el sexo está cargado de culpa". Y si el sexo es culpa, el goce redime de la culpa pero a su vez cuando se termina el goce, vuelve la culpa. Sin culpa no puede haber goce, se podría decir. En esa culpa de los dos personajes del filme se redimen las imágenes en un goce para aplacar las cargas emocionales. El llanto de la chica al ser penetrada y el llanto de él al sentir pena por la esposa muerta, se liberan en el acto sexual transgresor. En ese acto de puro goce sexual está la liberación a las cargas emocionales y sociales de ambos.
Bertolucci hace una crítica del puritanismo de izquierda en este filme y pone a la pulsión sexual sobre toda ideología. El filme es revolucionario en ese aspecto, porque el novio izquierdista de la chica no puede satisfacer sus deseos pulsionales que sí puede satisfacer Marlon Brando en ese sexo salvaje y desprovisto de normas sociales. En la transgresión generacional se da el goce pleno. A eso apunta el filme.
El filme deja cosas fuera del filme, polémicas y odios encontrados. La escena de la manteca no figuraba en el guión y fue improvisada. La actriz nunca más se habló con el director, pero sí mantuvo una amistad con Marlon Brando. Esas cuestiones le dieron condimento de culto a la película.
Se habló de escena de sexo forzado. Bertolucci lo desmiente. María Schneider dijo en una entrevista: "fui engañada y sometida". Después de este filme hizo varias películas más, entre esas "Memorias de una puta francesa". Este filme tiene mucho sexo pero no transgrede normas.
El cine siempre estará rodeado de esa cosa maldita que lo hace ser un arte maldito. Sin condimentos ninguna comida es sabrosa.
El guión de Último tango en París es de Betolucci y de Franco Arcacci. Gato Barbieri hace la música. El Rosarino hincha fanático de Newell's le pone el toque mágico que hará de esa música el sello indiscutible e inolvidable del filme de Bertolucci. La película es producida por: Produzione Europee Associate, y Les Productions Artistes Associes. Distribuida por: United Artista. Es una producción en conjunto entre Italia y Francia. LA DURACIÓN ES DE 129 MINUTOS.
Fabián Ariel Gemelotti
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