Rosario una ciudad en decadencia
(f.a.g.)
Siempre que me preguntan cuál es la ciudad más linda del mundo yo no lo dudo: Capital Federal. He viajado bastante, conozco trece países y miles de ciudades. Pero la ciudad más linda del mundo es Capital Federal. Ninguna ciudad es tan bella como Capital. Después viene Los Ángeles, California. Una ciudad muy pero muy parecida a Capital Federal. En Los Ángeles se puede caminar. La gente camina mucho. Eso hace de una ciudad que sea potable. Después viene Nueva York, ciudad con miles de librerías. Ciudad de un encanto muy particular.
Una ciudad para ser bella debe tener librerías de usados y mercados de antigüedades, si eso no existe o hay pocas no me interesa. Rosario es una ciudad linda, pero no hermosa. Rosario está en decadencia en librerías hace unos veinte años. Rosario fue achatándose, y se fue cerrando poco a poco. De ser una ciudad pujante en los 60/70/80 fue decayendo. Supo tener miles de cines y fueron cerrando. Miles de librerías y fueron cerrando. Quedan dos o tres librerías para mis gustos de lector, todas las demás son chatas y pésimo material. Al Pez Volador de calle San Lorenzo voy seguido, me gusta la atención y porque encuentro libros raros y ediciones antiguas. Después me gusta mucho una librería en Barrio Echesortu, en la cortada Marcos Paz y Lavalle (soy malo para ubicarme, creo que es Lavalle o una cuadra después viniendo desde el Centro); esa librería es muy chiquita, en una esquina. A simple vista es una librería de libros comunes para viejas gordas y gente que no lee. Ahí está lo bueno, porque uno debe revisar las mesas de saldos. Ahí tenés de todo, desde libros del siglo 19 hasta ediciones que no se consiguen en ninguna otra parte. Una librería única. El desorden es lo que ahí predomina. Todo desordenado en mesas, y adentro imposible moverse de lo chico del local. Pero el material ahí es excelente. Los precios muy buenos. Ahí encontré Cujo, primera edición en español. Ahí encontré la colección completa de Grandes Biografías de Salvat de 1985. La tengo completa comprada en los ochenta, pero la compre al verla en esa librería para regalar a un amigo por su cumpleaños. Mil pesos la colección completa. Un regalo. Baratísima. Mi amigo se puso contento, un compañero de trabajo que aprecio mucho. Un compañero que lee mucho. Esa es la librería de Leo. Mi barrio, Echesortu. Después queda otra librería muy buena, la de enfrente del Patio de la Madera. Una librería rara, porque ahí hay de todo: boletos de Ómnibus, etiquetas de cigarrillos, monedas, bonos, fichas, juguetes, afiches y de todo pero de todo. Abre los sábados nada más. La tierra es lo lindo de esa librería, ahí los libros con tierra y ese polvo que levantan cuando uno busca hace hermoso estar ahí revolviendo y encontrando tesoros. Ahí encontré una edición en francés del siglo 19 de mi libro preferido de poesía maldita: Las flores del mal. Ahí encontré miles de etiquetas de cigarrillos de los ochenta y noventa, pero miles. Ahí encontré afiches eróticos del Cine Capitol, que fueron a parar ahí cuando cerró el cine. Todo el erotismo que se vio en el cine en los ochenta estaba en la librería esperando que yo los encuentre. Fue una alegría llevarme eso a un precio muy pero muy económico. Ahí vi fotos de cine. Ahí vi boletos de trenes, los de cartón chicos. Miles de boletos. Amo esa librería y quiero mucho al dueño, un gran tipo y un gran librero. Nadie es como él, sabe y no te mata con los precios. Y te da libertad de buscar y buscar horas y horas.
Rosario está en decadencia, ya no quedan librerías buenas, salvo esas tres que nombré. No me gusta comprar por internet, me gusta caminar, ver libros y revolver. Ahí está el goce del que ama los libros. Buscar entre la tierra en librerías de viejo. Odio las librerías ordenadas y de nuevos y odio las librerías que venden caro. No me gusta que se abusen en los precios.
Rosario fue hace miles de años una ciudad hermosa poblada de librerías de viejo. Ahora Rosario es una ciudad triste, vacía y en decadencia. Rosario se ha transformado en un anclaje donde la mediocridad y la vulgaridad es patrimonio de la mayoría de sus habitantes.
Fabián Ariel Gemelotti
(domingo 26 de julio de 2020, dos y cuarenta de la tarde)
Posdata: apago el celular. Descuelgo el teléfono. Desconecto el portero. No estoy para nadie. Voy a leer todo el día y noche hasta las 23 horas. Mañana a las siete prendo el celular. Chau)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario