Las pelotudas y los pelotudos (relato)
(f.a g.)
-¡Cómo te vas a coger a una bruta como esa!, mi amigo el Mercurio me dice.
Ahí entre la mierda, muy olorosa penetrando en tu interior.
-Es una ignorante.
La ignorancia es el peor pecado de la gente que me rodea. Manga de pelotudos, todos y todas o todes para no ofender a ninguna boluda feminista y para ser correcto en el lenguaje establecido. Pero no me interesa ser correcto, yo escribo lo que quiero y como me sale. Si no te gusta no me interesa, es tu problema.
-"Te estoy llamando desde ayer y no me atendés"
Ella llama, yo descuelgo el teléfono. Apago el celular. Apago mi computadora. Desconecto el timbre. Me encierro. Leo. Miro películas. Estoy solo y tranquilo. No tengo ganas de verla. No quiero que nadie me moleste.
-Te llamé todo el día y no sabía qué hacer.
-No soy tu padre, no me cargues con problemas.
-Pero necesito que me escuches.
-Escribí un libro, el papel te escucha Ayelén. El papel escucha y no se queja. Eso es escribir.
-¿Qué hiciste ayer?
-Leí, ví dos películas y me masturbé en la ducha.
-¿Leer? ¿Pensaste en mí?
-¿Cuando me pajeaba?
-Claro, cuando hacías eso.
-Pensaba en mi novia del año pasado.
-Esa pelotuda flaca sin culo la veo a veces.
-Es muy linda.
-No tiene tetas.
-Es rubia.
-Yo soy rubia también.
-Tu pelo tiene tintura.
-Vamos a coger.
-Nooooo. Estoy escribiendo. Y me duele la cabeza.
-Voy a tu casa.
-Bueno. Pero no quiero ruidos.
-Nooo. Yo también voy a leer.
Cuando Ella dice leer es leer. Se trae revistas y me cuenta los chismes cotidianos. Yo acá, entre Nietzsche y un diccionario de alemán. Yo acá entre la Historia y la Filosofía. Ella allá, en la otra habitación, con sus revistas y sus redes sociales. No soy el padre, pero ya es como si fuera mi hija.
Fabián Ariel Gemelotti
(sábado 25 de julio de 2020)
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