martes, 10 de diciembre de 2019

Llegó el día

Llegó el día

(Por: F.A.G)

Hoy 10 de diciembre llegó el día que esperaba con ansiedad desde hace 4 años. Lo esperaba porque sabía que íbamos a volver. En 2015 le digo a mi amigo Socialista (el personaje de mi novela, pero sacado de un combo de muchos amigos): "en 2019 van a pedir de rodillas que vuelva Kristina". Y acá está Kristina de vuelta, después de ser perseguida y a punto de ir presa; pero no lo lograron y volvió a La Rosada. Estoy acá a tres cuadras de la asunción presidencial, sentado en un cordón y fumando un Marlboro (me gustaría prenderme un porro pero hay muchos policías. Y no tengo ganas de discutir cuestiones jurídicas con un policía ignorante). Y en mis manos mi celular y el procesador de texto para escribir. Una multitud, pasan familias enteras: clase media, mucha. Y más todavía gente de Provincia de Buenos Aires, gente de piel obscura y ropa barata pero con sus celulares de marca mejor que el mío. Esa gente pobre y curtida por la pobreza también quiere ser clase media, quiere pertenencia social y quiere "los privilegios de los sectores medios". El Peronismo es eso señores: consumo y ascenso social. No le busquemos la vuelta, ¿a quién no le gusta la buena ropa y arreglar su casa y tener un buen auto? Eso es Peronismo, y ese fue el objetivo de Perón y de Evita: repartir la torta por igual para que el ascenso social sea una realidad.
Veo a los "cabecitas negras" modernos y me acuerdo cuando mi abuelo Italo (que estuvo el 17 de octubre del 45 en la Plaza) me decía: "ese día yo metí mis patas en la fuente, porque quería  ensuciar la fuente de los ricos". Mi abuelo, Ferroviario y Peronista. Y en los rostros de los habitantes del conurbano porteño veo los rostros de los cabecitas negras del 45. Y estoy alegre, y se consume el Marlboro. Y es el tercer cigarrillo del día. No fumo mucho, pero fumo. Estoy en cuero, y el sol penetra en mi piel y los sobacos transpirados y el calzoncillo pegado a la piel y tengo unas alpargatas para caminar tranquilo. En un rato iré al hotel donde paré y me pegaré un baño y emprenderé mi regreso a Rosario en ómnibus. Estoy alegre, y pasa un vendedor de gaseosas y le compro un agua mineral. Me quiere vender cervezas pero le digo que solamente de noche tomo cerveza y los fines de semana nada más. Y me dice el vendedor, morocho de piel obscura de la pobreza: "hoy me hice como diez mil pesos". Y me quedo pensando mientras el agua entra en mis entrañas que en Argentina todos somos agrandados y agrandamos todo. "Es nuestra idiosincrasia de pueblo", me decía siempre un viejo radical compañero de trabajo muerto hace 25 años (el viejo Arturo) Yo era muy pendejo y me decía el viejo radical: "acá se cogen a una mina y te la agrandan que se cogen a veinte por mes. Y de pedo que pudieron cogerse a una". Tiempos aquellos de los noventa cuando todavía se usaba ese lenguaje "machista" pero tan lindo para escribir y hablar. Ahora pareciera que hablar así está prohibido por Ley. 1984. El Peronismo es la libertad de pensar como uno quiere: de ser machista si uno es así; o de no serlo si uno es así. El Peronismo es el olor al sexo y a la transpiración de la piel. El Peronismo es coger con alguien treinta (o más) años más chica, si eso te produce placer y te da bola esa mina. El Peronismo es chupar conchas, tetas y sentir cabalgar a una mujer sobre tu verga y sentir su lengua en tu boca. Los que no entiendan eso no pueden entender al Peronismo como hecho de nuestra idiosincrasia de pueblo. El Peronismo es el minimalismo literario y la soledad de quienes decidimos estar solos y el matrimonio de quienes deciden ese camino para ellos. Perón decía: "somos argentinos".
Hoy es un día de mucha felicidad y de mucha reflexión. Dicen que la grieta hoy se cierra, pero yo creo que nunca puede cerrarse la grieta eterna del país, porque la grieta es entre los conservadores del pensamiento y los liberales del pensamiento. O se es conservador y mojigato o se es liberal y libertino.
Veo pasar a un grupo muy numeroso de homosexuales y lesbianas. No me caen bien los homosexuales, quiero ser sincero como Peronista que soy. Pero también me pone muy contento que los putos en Argentina sean libres y puedan expresar su condición sexual libremente. Y no me molestan, al contrario los saludo. Y se me arrima otro vendedor, un morocho que vende banderas con el rostro de Alberto y de Kristina. El morocho me mira y me pide un pucho. Saco el Marlboro en caja y le doy uno y el morocho me dice: "mierda, muchos putos en el acto". Me río fuerte y le digo: "esto es Peronismo amigo, mirá para allá (y le señalo un grupo de mujeres en una esquina) lleno de guachas. Un culo mejor que otro". Y el morocho me dice serio: "nunca me cogí una pendeja de Capital". Es el Peronismo, es el lenguaje entre marginal y coqueto. Mi abuelo estaría orgulloso de este 10 de diciembre de 2019.

Fabián Ariel Gemelotti

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