Romper a martillazos los televisores
Me dice una amiga que "no me apresure y le de tiempo al Gobierno". Yo no me apresuro querida amiga, lo que ocurre que no me gusta ser ingenuo y caer mil veces en desilusiones políticas. En 1989 siendo muy pero muy joven pequé carteles de Menem en la calle. Y Menem fue mi gran desilusión. Me sentí un imbécil cuando ví a mi padre perder el laburo en Ferrocarriles Argentinos. "Todos los ferroviarios son vagos", repetían a diario todo el mundo. Hasta se hicieron programas cómicos para ridiculizar al trabajador estatal. Gasalla y su empleada pública y la Tuerca y el arbolito y el mate del Ferroviario y los teléfonos de telefónica y los bancarios de cuello blanco y así se preparó a la sociedad para las privatizaciones. Y Menem lo hizo posible: primero fueron los ferroviarios que fueron echados del estado. Después privatizaron el petroleo. Después los teléfonos. Después Aerolíneas. Y así y así Menem implantó un modelo económico en Argentina que era el nuevo capitalismo. El neoliberalismo se instauró como moneda nueva. Pero primero se preparó el terreno para que la sociedad repita como loros en su vida cotidiana y Menem pueda laburar tranquilo las privatizaciones. En 1995 ganó de vuelta y el uno a uno y la heladera y las cuotas fueron las banderas del menemismo. Muchos intelectuales apoyaron a Menem, desde Piero a Charly García al Turco Asis. Menem seducía y así todos compraban.
Uno confía o quiere confiar. No se puede vivir nadando contra la corriente. He escrito artículos de euforia albertistas. Lo he apoyado públicamente. Fui a Capital al acto de asunción. Pero también he escrito contra él y no lo hice público, le mandé escritos en privado a amigos o gente que consideraba inteligente para que lean. Pasé de lo negativo a Alberto a apoyarlo con euforia. A veces uno escribe con miedo, porque cuando se escribe se juegan muchas cosas, y sobre todo el rechazo social (mi escritura generalmente es rechazada y no se lee, por lo menos así creo yo) y el miedo al ridículo y al rechazo de un escrito hace que a veces uno sea complaciente y escriba para quedar bien y ser aceptado. Eso me pasó con mis escritos de euforia al nuevo Gobierno: no quería nadar contra la corriente. Pensé: "quizás estoy equivocado y Alberto es un buen tipo y su elección es correcta. Debo defenderlo". No podía salir a escribir todos los días cosas "negativas" porque eso genera odio y rechazo a mi persona. Y eso es perjudicial para la salud de uno. A veces el que escribe necesita la caricia complaciente, eso que necesitamos todos los escritores: que nos lean. Escribimos para ser leídos, por eso publicamos. Pero también esa necesidad afectiva del escritor lo perjudica, porque le pone límites a su escritura. Uno se hace blando y escribe para agradar. Eso me ha pasado con muchos escritos: no quería quedar afuera de la "euforia del momento", entonces uno escribe boludeces como "viva Kristina" o "Macri puto". Son cosas imbéciles, porque eso es para el aplauso de la gilada. Es como decirle a una chica: "nunca amé a nadie como a vos". Uno sabe que es mentira pero lo dice para poder levantarse a la chica.
He publicado 14 libros y cinco plaquetas. Pero no todos mis libros publicados son para el aplauso. Entre calenturas y otras cosas (1996) es mi libro más amado y el que más dolores de cabeza me trajo. Ahí me despacho bien contra todo el mundo. Pero lo amo, porque es un libro donde no me interesó agradar. Es un libro que genera odio en la gente. Quién lo lee me va a odiar. Y 13, un libro de cuentos es otro libro del odio. Cuentos que hablan de drogas y sexo con una libertad muy grande. No cayó bien este libro. Pero a mí me gusta. Uno no puede pensar cuando escribe si le va a gustar al amigo y a la amiga y al panadero de la esquina. Se escribe y listo, caiga bien o mal en el que lee. Me ha pasado que me han dicho: "no podés decir eso" y yo pregunto: ¿por qué no puedo? Por qué no puedo escribir sobre sexo si me gusta coger y por qué no puedo hablar de alguien que amé si la amé. Pero es así escribir, es algo que trae desilusiones más que alegrías. No es un placer escribir, más bien es un riesgo, porque mis escritos producen rechazos social. Soy conciente y ya estoy quemado y no puedo "cambiar".
A mí no me cierra Alberto. Mejor dicho, no me gusta este tipo. Nunca lo soporté, porque no me gusta sobre todo su rostro y lo veo falso. Hoy comprobé que sus palabras me molestan mucho. Hoy cuando hablaba del 82% me hizo mal. Se metió con ni laburo y mi gente y mi salario. Me hizo retroceder al Menemismo. Pero sé que muchos me van a decir: "pero no hay pija que te venga bien". Hace tres días publiqué algo eufórico sobre Santiago Cafiero y fue algo sincero: creí en su discurso. Yo pensé que "se podía ser revolucionario" e íbamos a lograrlo. Pensé que el enemigo era el campo y los banqueros y no trabajadores. Y me llevé una desilusión.
¿Y Kristina? La aprecio y no hablo de ella. Pero eso sí, primero soy trabajador y recién después Peronista. Se fue Macri y Alberto es su continuación. Lo dije le guste a quien le guste. Ya no escondo mi rechazo a Alberto Fernández. No tengo química con él.
Fabián Ariel Gemelotti
(Viernes 20 de diciembre de 2019)
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