Johon O' Brien y Pierre Louys
(f.a.g)
Hay dos libros que son necesarios, necesarios para la destrucción personal; esa destrucción que construye literatura. Uno es Adiós a las Vegas, el libro de O'Brien. Una historia de amor que destruye y construye a s su vez a dos seres sin fuerzas para vivir. El alcohol y la muerte y el sexo y la desesperación. Cuando lo leí por primera vez en 1999 ya había visto el filme, pero el libro fue un canto al desencanto de vivir. Libro nihilista como pocos. Tengo que reconocer que no creo en nada ni en nadie, y este libro se fue transformando a lo largo de mi vida de lector en una Biblia del fastidio de vivir.
Las canciones de Bilitis es otro libro que destruye. La literatura es destrucción personal sobre todas las cosas, porque "se escribe para no morir"(Céline). El libro de Pierre Louys es salvaje porque toma "las buenas costumbres de la sociedad burguesa" y las transforma "en las malas costumbres de un degenerado". Es un libro denso y difícil de leer, y al igual que Las Once mil vergas de Apollinaire es un canto a la pornografía literaria. Es un vómito y la sangre menstrual del sexo en una sociedad pacata y regida por la falta de placer. Es uno de los primeros libros de libertinaje entre jovencitas, ese amor lésbico de sexo oral y caricias en la vagina y lamidas en el ano. El autor fue a parar a la cárcel por este libro, pero siguió escribiendo este tipo de literatura. Veinte años después de muerto sus obras fueron consagradas como las iniciadoras del sexo explícito en la literatura culta.
El alcohol, el sexo, y el libertinaje en dos libros de culto.
Fabián Ariel Gemelotti
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