sábado, 10 de agosto de 2019

Osvaldo Lamborghini

Osvaldo Lamborguini y la poesía del ojete

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

La poesía es un género muy particular, porque generalmente se la asocia con lo frívolo o lo romántico. Es un género despreciado por los prosistas, porque la prosa permite desarrollar una idea en muchos párrafos. La poesía puede ser una idea o no serlo, porque un poema no necesariamente es una idea. La idea nace como una perfección de la búsqueda de la verdad, porque la "verdad" es lo que todos buscan. ¿Qué es la verdad? Esa es una respuesta difícil de dar, porque "verdad" es un término más ligado a lo metafísico y a la religión y a las Ciencias ocultas. La poesía es otra cosa, algo más ligado a la estética individual. Algo que sale del interior y del dolor o de la "felicidad". En definitiva un poema es un estado de ánimo, pero con una estética literaria. La literatura no necesariamente es una "verdad", porque la ficción no es verdad. Lo ficcional es parte del imaginario del escritor, y juega con la razón aplicada a lo sentimental.
Osvaldo Lamborghini fue nuestro poeta maldito, nuestro fiord nacional. Escribía "para el ojete", alguna vez leí de un crítico. Otros dicen que escribía "con el ojete" y "fue el más grande de todos". La crítica siempre fue boluda, escritores fracasados que escriben en los suplementos dominicales. Fracasados de ideas y de "puro sentimiento", porque de guita la levantan con pala.
"Envuelto en una paz cotidiana
el tipo miraba la cocina,
las hornallas, el fuego encendido:
la cocina, empapelada ciertamente
con hojas o páginas
de diarios y revistas"
Osvaldo le escribía a su conciencia, y decía como mirando a un espejo: "Baudelaire era más concreto/hablaba de lo irreparable". Osvaldo era un maldito, no por su vocabulario más que nada por su impronta de la paja y el ojete: "Existía, claro/la tengo en la punta de los labios, existía/la ensalivada pornografía,/las pajas escondidas en la batea/a toda hora/por el culo revistado de Blanquita Amaro/excitadas más todavía/por el crimen de sangre (página de al lado de la revista Ahora)/¡Ahora!". Osvaldo le escribía a las vergas duras y a los culos perforados sin vaselina. Osvaldo hablaba de coger con naturalidad, y eso molestaba: "Porque toda rima ofende/Cito de memoria y con premura,/Cometí pecados de en verga dura./Oriné los parques más aquendes,/Lo más otrora,/Los más verdes"
Osvaldo escribió el cuento más profundo de nuestras letras, porque El niño proletario fue escrito para provocar. Que los burgueses se cojan a un chico pobre y con alambres le corten la verga fue provocador. Pero como toda provocación, fue escrito para que las conciencias burguesas se sientan molestas en sus "deseos imaginarios de estancieros".
Sus novelas son inconclusas, porque nunca tenía tiempo para terminarlas. Coger y leer eran más importante que escribir, una vez dijo en un reportaje. Venerado en vida por pocos, y odiado por muchos, recien unos años después de muerto pasó a ocupar una página importante de nuestras letras.
"Lo que pasa es que tengo una verga muy dura y es tan dura que necesita un culo potable para ablandarla", escribió en sus diarios personales.
Osvaldo será por siempre el escritor de la poesía del ojete.

Fabián Ariel Gemelotti

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