¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
Carver en su libro de culto ficciona sobre el amor. Siempre fue un obsesivo sobre el tema. El más grande de los escritores norteamericanos de la modernidad. Su libro me llega mucho, al igual que Catedral y toda su poesía publicada. Siempre me pregunto de qué hablamos cuando decimos amar. Estoy pasando un momento de duelo amoroso, una separación definitiva de alguien que amé mucho. No es la única, hay otras mujeres en mi vida. Siempre hay otras, nunca hay una sola. Soy un burgués, y necesito muchas mujeres para vivir. Pero siempre hay alguien que te obsesiona y que te llega más que otras. Puede que sea el concepto que uno tiene de mujer, y lo que siempre he buscado en una mujer: mujeres delgadas, blancas, rubias y sobre todo con impronta. No podría estar con una mujer obesa o morocha, no me atraen. Entonces (por lo menos en mí persona así funciona) el amor primero es visual, el aspecto físico de alguien. Después vendrán todo lo demás, "inteligencia" e impronta personal. Pero si alguien no te atrae en lo físico no hay amor. En épocas de redes sociales, donde hay un juego del amor: una seducción de palabras a alguien que uno no ve, hay desiluciones cuando se ve al otro personalmente. Odio las redes sociales. Nunca conocí a nadie por las redes, no ando chateando. Uso las redes para subir escritos nada más. No pierdo mi tiempo ni me interesa hacer amigos virtuales. Mis amigos y mis amores son de carne y de huesos, no imaginarios. Eso en mí no funciona. Y no discuto sobre el tema porque puede ser que en otros funcione. Es algo muy personal, de cada uno. Hoy me levanté pensando en Jazmín, una chica que conocí el año pasado en una villa. Hice militancia política en villas miserias con amigos de la Cámpora. Íbamos a enseñar Historia y Economía. Y sobre todo a llevar alimentos. Ahí conocí a una chica muy linda, pero muy pobre. Al principio la veía desde mis prejuicios de clase media acomodada. Esa clase media que no sufre el ajuste, y vive bien pese a Macri o a Menem. No nací rico, pero tampoco pobre. Y los años me fueron dando buena calidad de vida económica. Lo digo porque no ando por ahí haciéndome el pobre, no me interesa eso. Quizás hace veinte años fui clase media baja, y mis escritos de hace veinte años eran otros porque me identificaba con ese sector que sufre los ajustes. Jazmín me gustó de un primer momento; su pelo rubio, su piel blanca y su juventud de 19 años. Y sobre todo porque ví en ella mucha ternura. Una mujer debe ser tierna sobre todo. No me atraen las mujeres que te discuten todo o agresivas. No me gusta la gente que agrede. No me atraen. Y me enamoré de alguien de otra clase social. Y fue amor mutuo. Jazmín al entrar a mi casa me dijo: "¡para qué tantos libros y no tenés una TV grande!!!". Me hizo reír mucho, porque es verdad no tengo televisión grande. Tengo un viejo aparato de TV de 1990, que todavía funciona. No tengo lujos en mi casa, solamente libros y libros en muchas bibliotecas y afiches de cine y carpetas con mis colecciones de figuras antiguas y etiquetas de cigarrillos. No me interesan los lujos. Nunca me gustaron las viviendas lujosas con tecnología. Una simple computadora y un buen celular me bastan para escribir. Nada más. Jazmín fue lo mejor que me pasó en los últimos diez años, y eso que hubo más de veinte mujeres en esos últimos diez años; mujeres burguesas, finas y con estudios universitarios. Pero Jazmín y su pobreza me llegó mucho. Y todavía la veo. Ella siempre me dice: "tu novia esa pelotuda te hace sufrir, es una gil fina". Ahora que estoy atravesando mi duelo por mi novia burguesa me salva de caer en la melancolía Jazmín. Hoy la llamé y hablamos un rato. Y le fui franco, siempre soy franco con las mujeres (ser tan franco a veces no sirve) y le dije que la quiero.
Hablo de mí, mi escritura es muy autobiográfica; salvo mis ensayos históricos y económicos. Guste o no guste, soy un escritor que escribe cosas personales. A quien no le guste no me lea, no hace falta agredirme de mala gana. Hay libertad de expresión y puedo escribir lo que quiera en el momento que quiera y en el lugar que yo decida publicarlo. Es muy simple y no le busquemos la vuelta.
No sé si mi estilo es bueno o malo. Eso no me interesa. Yo escribo así. No puedo tener otro estilo. No puedo escribir otras cosas. No me interesa escribir simbólico o escribir para agradar al lector. Diez libros publicados y miles de artículos en diarios, revistas y redes sociales. Quizás sean mis escritos una porquería, y quizás no sirvan para nada. No me interesa, uno no escribe para educar o para que sirva para algo un escrito. Se escribe porque tengo la necesidad de escribir, y ese es el único motivo que hace que alguien escriba. No hay otro. Todos los que escribimos lo hacemos por una necesidad egocéntrica y porque se escribe para hacer más fácil eso que se llama las ganas de vivir y no morir.
Hoy pensaba. Siempre pienso. Y no voy a dejar de pensar. Amo el amor. No podría vivir sin una mujer. ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
Fabián Ariel Gemelotti
(Lunes 19 de agosto de 2019)
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