DEL PECADO NACE LA LITERATURA
(Ensayo)
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
Siempre se cogió: la humanidad nace de un polvo. En los mitos mesopotámicos el sexo siempre estuvo presente. Grandes falos para penetrar a la mujer, en sociedades patriarcales. El falo, o la verga como le dirán los escritores en el siglo veinte, siempre firme; esa firmeza del macho para cogerse a su hembra. En los mitos fundacionales hebreos la humanidad nace del polvo, un polvo que representa la suciedad: del barro modelado por el Dios de Israel nace la pareja que serán los padres de la humanidad. Ese dios "creador" prohíbe el goce, y recluye a esa pareja "al paraíso de los placeres sin sexo"; la transgresión al placer sexual condena a esa pareja a ser expulsados del "paraíso del goce sin sexo" hacia "el infierno de los placeres carnales". El Dios autoritario y patriarcal se transforma en el primer moralista que condena el goce. La monogamia hebrea es la condena del placer, contra la cultura politeísta mesopotámica donde el sexo es placer, un goce que va del matriarcado a lo patriarcal. Pero el patriarcado del mundo antiguo también tiene sus mitos feministas: las amazonas son un mito de poder, un mito que en pleno siglo 21 podría recrearse como el primer grito de lucha de la mujer. Siempre se cogió, pero las amazonas como mito tienen dos componentes que producen odio en el patriarcado de la Antiguedad: 1) los hijos varones de las amazonas serán desterrados de la comunidad de mujeres y serán criados por esclavos masculinos. 2) los hombres solamente serán esclavos y trabajarán la tierra y harán los quehaceres domésticos de la comunidad. El sexo siempre fue "pecado" (algo prohibido y transgresor) porque el sexo es poder. La literatura nace como transgresión, no como estética de algo bello para contemplación. Ya Virgilio decía: "el cuerpo de una mujer es algo prohibido" y el Cantar de los cantares bíblicos nos narra ese goce prohibido que es patrimonio del poder del Amo: los reyes hebreos gozan y el pueblo está condenado a no transgredir por miedo a quedar en falta con la comunidad (el pecado). Cátulo en la Roma antigua nos dice: "la concha es la libertad y gritemos viva la concha". La vagina o concha o chocho o kajeta es el grito de libertad. El Kamasutra, ese texto indio que habla del goce, escrito entre los siglos uno a seis de la era cristiana, transgrede la sociedad oriental. Y el Kamasutra se transformará en un gran transgresor y fuente de goce del mundo antiguo. De oriente pasa a Occidente y será citado por todos los escritores transgresores que hablen de sexo. La literatura recorrerá un largo camino, de los mitos bíblicos a los mesopotámicos y de la India del kamasutra a los griegos clásicos y a la Roma de placeres, y de ahí a Sade, Casanova, Joyce, Apollinaire, Carpenter, Manara, Betty Page, Navokow, Bukowski y todo escritor que alguna vez habló de conchas peludas y vergas carnosas. El sexo es parte de la historia, porque sin sexo no habría pecado. Y sin pecado no habría infierno carnal; y sin carne no habría literatura. La literatura nace de la carne y el pecado. Gracias a Dios existió esa moral del polvo de creación para que la transgresión sea la inspiración de la Literatura.
Fabián Ariel Genelotti
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