De libros y mujeres vivimos los hombres
(Por: Fabián Ariel Gemelotti)
Un libro es la felicidad total, por lo menos es lo que yo entiendo como felicidad. No podría vivir sin libros. Tampoco podría vivir sin mujeres. Pero puedo estar un mes sin sexo, pero nunca pude estar un día sin leer algo en papel (libros, revistas o periódicos). La lectura digital no me molesta, pero necesito el papel, sentir el olor a libros, sentir en mis manos el peso del libro y dar vueltas las hojas. Necesito de todo eso para poder vivir. Mi biblioteca es mucho más importante que cualquier mujer que tenga. Las mujeres van y vienen. Hoy están, y mañana se pueden ir. Y conseguir otra mujer siempre me fue fácil. Muy pocas veces he estado solo. El libro no tiene retorno. El libro se mete en tu piel, en tu alma. El libro te habla. El libro te hace pensar. El libro me sirve para escribir. Un libro es un orgasmo en papel. Un libro te acompaña y te escucha cuando estás deprimido o cuando una mujer te deja. Un libro no te discute, porque un libro es un amigo fiel.
Mi casa está poblada de libros. Libros y libros, por donde mires. Ya me queda poco espacio para poner libros. Quince bibliotecas y cajas y cajas con libros. Libros, afiches de cine, etiquetas de cigarrillos, figuritas antiguas de fútbol, y periódicos y revistas. Y mucha historieta, miles. Amo los cómics y la historieta nacional. Cuando alguien entra a mi casa se queda asombrado. Y me preguntan siempre lo mismo: "¿leíste todos los libros que tenés?" Esa es la pregunta de quienes no leen libros. El que no es lector no puede comprender que alguien tenga tantos libros. Por supuesto que no he leído todo, pero eso no tiene importancia. El libro no es solamente para ser leído, también es un objeto (el libro objeto) que ocupa espacio en tu vida. No me interesa tener un plasma de última generación o cuadros o un buen equipo de música (odio la música, no escucho música. No me gusta la música). No me interesan los lujos ni las apariencias sociales. Mi casa son libros. Todo ordenado y limpio y en su lugar. No hay desorden. La historieta ocupa un lugar de privilegio junto a los textos de Filosofía y las novelas policiales. Después vienen la Historia y la Antropología. Y todo lo demás. Estudié Historia y amo la Historia. Pero mi pasión es la Literatura, la ficción. La novela es mi género preferido. Y el ensayo es mi arma para escribir. Amo las novelas largas de más de 400 páginas. Leo y leo. Leo mucho de noche y los domingos todo el día. Leo en los descansos laborales. Leo cuando voy al médico o al odontólogo. Leo en el Rosarino cuando voy a Capital. Leo con mujeres a mi lado durmiendo. Pero sobre todo necesito soledad para leer. Las novelas se leen estando solo.
Me molesta la gente que no lee. No soporto a la gente inculta. Hace una semana entro a mi casa con un chica y la veo mirar para todos lados y me dice: "¿tenés plasma?" Me sentí vacío, y me dio mucha bronca. Una especie de novia que hace un tiempo conozco(pero que nunca antes la había llevado a mi casa). Hacer el amor con ella es un vacío total. Es coger nada más, porque después no podemos hablar de nada. No lee libros. Le interesa la ropa y el shopping y el cine pochoclero. Es terminar de coger y prender un cigarrillo y mirar el techo, y ella me habla y me habla y las palabras rebotan en la nada. Me siento vacío. Me siento triste. Con otras mujeres me pasa lo mismo, es sexo nada más. Un sexo carnal sin nada de intelectualismo. Eso no me pasaba con Alejandra, porque era lectora y muy culta. No me pasaba con Leonor, porque era muy lectora. No me pasaba con Isabel. Eran otros tiempos. Era más joven, mujeres mucho más grandes que yo me ilustraban. Ahora los años que te acercan a la vejez te acercan también a mujeres mucho más jóvenes, de 20 o 24, una generación que no lee libros. Una generación muy diferente a uno. Alejandra era de la generación comprometida. Las nuevas generaciones son una generación más libre en el sexo (mucho más abiertos que nosotros) pero muchos más cerrados que nosotros políticamente y culturalmente. Uno tenía impronta, individualidad, uno se comprometía con una idea y se la jugaba. Ahora no. Y no lo digo con maldad. Es algo coyuntural que escapa a la moral de los tiempos actuales.
Un libro es todo en mi vida. Un libro es ni felicidad. No podría vivir sin libros. Pero sí podría vivir sin mujeres. Eso creo mientras escribo este texto con una mujer desnuda durmiendo a mi lado.
Fabián Ariel Gemelotti
(Domingo 28 de abril de 2019, 11 de la mañana)
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