domingo, 3 de marzo de 2019

Lubros

AMO A LOS LIBROS

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

Recién mientras me bañaba pensaba que en mis bibliotecas no hay casi libros de poesía. Hay dos o tres muy específicos. No tengo libros de medicina ni de cocina (no sé cocinar), no tengo libros de matemáticas ni de química. No tengo libros de música, no me gusta la música. No tengo equipos para escucharla. No sé tocar ningún instrumento. No me interesa. Mis bibliotecas están repletas de libros de Historia, de cine, de Antropología, de Filosofía, y de Fotografía. Eso es lo que me interesa como lectura. Y miles de novelas y ensayos sobre autores. A veces pienso que he gastado fortunas en libros, y que ese dinero no vuelve más. Antes compraba unos 400 libros por año. Ahora soy selectivo, me queda poco espacio para guardar libros. Hay libros que ya se han perdido mezclados con otros libros. Los libros de Soriano no los encuentro, y los he leído a todos. Pero no sé dónde los puse. No encuentro las novelas de Hevel Hassen y no puedo encontrar un libro autografiado por Borges que me regaló una ex novia.
Una biblioteca es un desorden, porque cuando se tiene más de cinco mil libros al ordenar y volver a ordenar miles de veces se pierden libros. Sé que nunca más voy a encontrar las novelas de Víctor Hugo, viejas ediciones que no me acuerdo donde las puse.
Hay libros que son visibles en mis bibliotecas. Tengo a mano las obras completas de Borges. Y todo lo que escribió Milcíades Peña, mi historiador preferido en Historia Argentina. Y los catálogos de filmes de terror, tengo como veinte. Todos a mano. El diablo enamorado, esa magnífica novela del siglo 18 escrita por Cascote, está en primera fila de la biblioteca del fondo. A su lado descansan diez ediciones diferentes de El desierto de los tártaros, mi novela favorita. Y un ejemplar todo roto, pero muy valioso, de Corazón en italiano.
Hace un año ordené todo definitivamente. Todo lo que sea marxismo lo puse a mano. Y en otra biblioteca al lado puse todo lo que sea Peronismo. Ordené las historietas argentinas y los mangas japoneses en otra biblioteca. Y en otra biblioteca ordené las novelas policiales y de terror, unas dos mil. Creo, no las conté pero son esa cantidad. Estoy seguro. Cinco mil libros ocupan mucho espacio. Quince bibliotecas en dos habitaciones y cada tanto pasar un trapo al polvillo inevitable. Y todo lo que es Historia Universal ocupa dos bibliotecas abarrotadas a punto de explotar. Y en carpetas programas de cine, unas treinta carpetas numeradas.
Las chicas que entran a mi casa lo primero que miran son mis libros y el viejo televisor de 1990. Una me dijo un día: "comprate un plasma, y tirá los libros". No me interesa un plasma, mi TV andá muy bien y veo todo el cine de culto en ese viejo televisor. No necesito un plasma gigante para ver cine. Y lo justifico con un artículo que tengo colgado al lado del viejo televisor. Es un artículo que salió en la revista El amante hace diez años donde un crítico de cine alemán dice que mira cine en un viejo televisor en blanco y negro que debe golpearlo cada vez que lo prende,  para que ande. Mi TV es en color. Pero me gusta el cine en blanco y negro. Mi madre odia ver tantos libros y dice que juntan polvo. Y mi hermano  dice que él tiene solamente lo esencial para leer. Mi perro no entra a las habitaciones de libros. Ya lo sabe. Y por más que las puertas estén abiertas, Cascote no entra.
Tengo libros hasta en mi dormitorio. Y una biblioteca colgada en la pared arriba de la cama. Una vez se desprendió y cayeron todos los libros sobre la cabeza de una ex novia. Le hizo un chichón y me puteó y se fue y yo me puse a ordenar los libros en un costado de la habitación. Al otro día llamé a un carpintero y arregló la biblioteca ( se había roto el soporte por el peso y una maderita ) y la volví a poner en la pared y puse los libros. Gracias a esa caída pude darle un nuevo orden. 
Tuve una novia que amaba los libros. Y he perdido libros por ella. Se llevaba muchos y nunca me los traía de vuelta. Un día se fue y no volvió más. Creo que se ha llevado unos 300 libros de mi biblioteca. Al tiempo conocí a otra y odiaba los libros. Me regaló 300 libros que eran de su tío que había muerto.
Siempre regalo libros a la gente que quiero mucho o cuando estoy enamorado de una mujer. Trato de regalar buenas ediciones y libros de calidad intelectual. Mi libro preferido para regalar es La conjura de los necios o La Biblia del Diablo. Siempre les gusta a todas.
Un libro es un objeto que habla en Mi vida. Un libro es un buen compañero de aventuras. No podría vivir sin mis libros.

Ayer compré tres libros nuevos. Son lecturas para este mes de marzo de 2019.

Tengo suelo. Y dormiré y soñaré con libros.

Fabián Ariel Gemelotti

No hay comentarios.:

Publicar un comentario