martes, 5 de marzo de 2019

Amo a los libros

AMO A LOS LIBROS

(CUARTA PARTE)

(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)

Los libros ocupan un lugar en mi memoria (y en mi casa), porque un libro es un objeto que se mete en mi cuerpo y me construye como persona. Sin libros no podría vivir. Pero tampoco podría vivir sin revistas.
Siempre amé las revistas de historieta. Y tengo miles, desde las del Zorro, y Tarzán y esas ediciones "berreta" de los años cuarenta y cincuenta, donde el terror y la ciencia ficción hicieron escuela. Pero hay una editorial que marcó a varias generaciones: Editorial Columba, la de la palomita. Revistas que se vendían en los kioskos de diarios a muy bajo precio. Revista de la clase obrera. Los intelectuales odiaban estas revistas, porque sobresalían en Columba los hombres musculosos y las mujeres rubias de cuerpo delgado. Eso "estaba mal" para la intelectualidad argentina que no cultivaban deportes y no les importaba el cuerpo. Ramón Columba funda la editorial en 1928, con El Tony. Época de folletines literarios, de papel de pulpa con químicos degradables, pero donde los costos se reducen. Época donde Arlt escribe sus Aguafuertes y donde Borges incursiona en los ambientes refinados de la oligarquía. Época de conservadores, y golpes de Estado. Época de sexo alocado en el primer mundo y sexo reprimido en Argentina. En ese contexto histórico surge Columba. Y pronto El Tony se hace popular. El hombre alienado de oficina (tan bien mostrado por Arlt) y el obrero de fábrica se hacen sus consumidores. Ramón Columba era taquígrafo en el Congreso y muy buen dibujante. Un conservador, pero un genio del dibujo. En épocas de Isidoro y Patoruzú y de Editorial Atlántida, la revista El Tony era la preferida del proletariado. En 1945 aparece Intervalo, donde se da prioridad a la historieta femenina. Ironía de las publicaciones, en una revista obrera y "conservadora" surge nuestra primer visión literaria feminista. Amanda es un ejemplo. En 1950 surge Fantasía. Pero es D'Artagnan la que lanza al genio de los genios en historieta nacional. En 1967 surge Nippur de Lagash. Historia de músculos y luchas de guerreros y bellas mujeres en el tercer milenio antes de Cristo. Su guionista es Robin Hood, un paraguayo autodidacta que fue obrero y muy pobre. Un día presenta el proyecto y es aceptado por los descendientes de Ramón Columba. Su primer dibujante, y el mejor de todos, es Lucho Olivera. Después desfilaron por Nippur dibujantes de la talla de Mulko (el más flojo de todos), Leopardi (que fue militante de Montoneros y el más jugado de los dibujantes), los hermanos Villagrán, Zaffiro, Gómez Sierra y algunos guiones de Ferrari. Nippur fue un personaje muy popular, donde la musculatura del personaje fue su fuerte. Y esas mujeres rubias que eran el ideal de todo obrero, algo que se podía alcanzar solamente leyendo historieta. De estas revistas tengo unas quinientas, en cajas. Ordenadas por fecha. Y estoy comprando ahora los cincuenta aniversario. Va por la 23, de cincuenta tomos. Leí los 23. Miles de veces vuelvo a estas revistas. Amo todo lo de Robin Hood, sobre todo Nippur y Dago.
La historieta nacional siempre fue menospreciado. Muy pocos reconocen sus méritos. Hace unos años, cuando El Eternauta es rescatado del polvo del olvido, surge una especie de revisionismo de nuestra cultura gráfica. Se largan ediciones de culto. Y la historieta llega a la facultad. Oesterheld en los cincuenta larga Hora Cero. Y ahí pública El Eternauta. Otra genialidad de nuestra historieta. Tengo todos los números de Hora Cero en mi biblioteca. Los compré a un amigo que se mudaba( hace cinco años ). Los leí a todos, año por año. En 1976 Oesterheld y Sola López publican la segunda parte (anteriormente hay una segunda parte que salió en Gente, pero se toma como tercera parte o parte indefinida). La segunda parte es más política, y aparece la lucha armada. El Eternauta es quizás la mejor historieta de nuestra Historia. Y me atrevo a decir que una de las diez mejores del mundo.
Una biblioteca no solamente está poblada de libros, hay revistas, diarios, y fotos y objetos como autitos y figuritas y muñequitos. Los que amamos a los libros, amamos los objetos. Somos acumuladores, acumulamos conocimiento y ese saber se saca del objeto llamado libro.
Es así la vida. Amo a los libros.

Fabián Ariel Gemelotti

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