viernes, 22 de marzo de 2019

El amor no es eterno

LA LITERATURA Y EL AMOR

(por: Fabián Ariel Gemelotti)

Siempre me gustaron Fragmento de un discurso amoroso, de Roland Barthes y Madame Bovary, de Gustave Flaubert. El tema del amor como condición de "felicidad" es un tema siempre presente en la literatura. El que escribe escribe por amor, no por otra cosa. Se empieza a escribir por angustia, esa angustia que genera la pérdida de alguien que uno amó y te ha dejado. El abandono, que te dejen y se vayan impulsan a escribir. Barthes fue uno de los más grandes semiólogos de todos los tiempos. Un deconstructor de los discursos circulantes en la sociedad. Y el amor es un discurso, algo  que circula y se toma y se incorpora a nuestro inconsciente y se transforma en deseo. Barthes escribe y pública en 1977 un libro fundamental para entender qué es el amor. Ese deseo que a veces es posesivo y enfermante. Ese deseo que mueve a la persona en su interior y transforma la conciencia del sujeto. El amor, creemos cuando encontramos a la otra parte para amar, va a ser eterno; ahoga y hace perder la razón. Uno ama por una eternidad efímera. La eternidad en definitiva es lo que dura el amor. Barthes en su grandioso libro sobre el amor recurre a la literatura, a los fragmentos del discurso amoroso en las grandes obras de todos los tiempos. Barthes muestra usando la ficción que el amor es una construcción idílica que arrastra todo nuestro imaginario sobre el amor. Se empieza a construir al ser amado desde niño. Barthes nos dice que el amor tiene tres etapas bien definidas: la conquista, el sexo apasionado y el desamor. Uno ama y deja de amar con la misma intensidad. Barthes aborda también los amores no concretados, esos amores que quedan atrapados en el tiempo como si fueran prisioneros de un deseo que no puede concretarse por un tabú del inconsciente. Barthes dice que en el desamor (la pérdida del deseo sexual hacia el ser amado) no hay culpa, porque ese ser amado que uno amó y deseó ya no es deseo. Y donde no hay deseo nada importa del ser anteriormente amado. Barthes dice que en los amores no concretados, esos amores corteses o platónicos, el deseo logra fragmentarse en eternidad, porque seguirá siempre en el principio de la conquista eterna y no pasará nunca a la pasión sexual y al desamor. Como en un día de la marmota, quedará detenido en el tiempo de la conquista eterna. Italo Calvino en Los amores difíciles aborda el tema en esos cuentos magistrales sobre la imposibilidad de concretar ciertos amores.
Madame Bovary busca ese amor donde depositar su deseo sexual. Flaubert escribe su novela como si fuera su autobiografía amoroso, porque Flaubert fue un eterno apasionado del amor. Y usa la ficción para narrar su vida, pero pone sus temores y deseos en la piel de una mujer torturada por el amor. Bovary está en la búsqueda eterna, pero nunca puede pasar de la conquista a la pasión sexual. ¿Es histeria y qué es la histeria? Todos somos histéricos, diría Freud. La histeria es parte del amor. Cuando uno desea entra en el juego de la histeria, pero la cuestión es lograr sortear ese paso y concretarlo en pasión. Sino caemos en una telenovela de la tarde, donde nunca se concretan los amores. Migré, ese gran escritor de telenovelas para la TV, supo mostrarnos esos deseos que se estancan en la histeria. Rolando amó a la joven rubia y nunca tuvieron sexo (no recuerdo haber visto pasión de esos cuerpos) Manuel Puig en Boquitas pintadas construye una novela que se lee desde lo epistolar: son cartas de amor para una pasión, y desde ahí tenemos la historia de amor. Pero volvamos a Flaubert. El siglo 19 es el siglo de las cartas. El amor es epistolar. No importa el sexo, porque el amor son palabras. Alejandro Dumas en Los tres mosqueteros nos muestra una historia de amor sin sexo, mezclada entre luchas políticas y espadas afiladas de mosqueteros al servicio del rey. El Conde de Montecristo tiene sus historias de amores en sus 1100 páginas. Y el Conde al final de la novela logra terminar su duelo amoroso y logra un amor pasional en una joven, y olvida a la mujer por la cual había ido a la prisión. Bovary se suicida, porque en ese final tan hermoso de Flaubert vemos el sufrimiento del amor. La muerte es el final de la no concreción de la pasión sexual.
¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Carver usa esta frase para escribir uno de sus mejores libros. En definitiva, y siempre nos tendremos que preguntar: ¿de qué hablamos cuando hablamos de amor? Es la pregunta eterna que vibra en nuestros corazones enamorados.

Fabián Ariel Gemelotti

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