domingo, 24 de marzo de 2019

El golpe

Recuerdo el 24 de marzo de 1976 como si fuera ayer.

(Por: Fabián Ariel Gemelotti)

En esos tiempos iba a la primaria, muy chico y no comprendía bien muchas cosas que ahora sí comprendo. Pero sí sabía que algo estaba mal y que mi familia corría peligro. Mi tía era militante de Montoneros y junto a su esposo me llevaban a todas partes. Mis abuelos eran dirigentes barriales del Peronismo de base. Mi padre no es Peronista, es radical y no le gustaba que me lleven a las básicas justicialistas. Pero mis abuelos me llevaban todos los días al salón ubicado en Barrio Belgrano, donde me sentía cómodo y era parte de mi infancia. Mi tía iba con nosotros y ahí conoció a su futuro esposo, un joven abogado militante del Peronismo Revolucionario. El 1 de mayo de 1974 me llevaron a ese acto Peronista que fue el quiebre entre la juventud peronista y el General Perón. Ese día, y era muy chiquito, vi a la patota sindical pegarle a los jóvenes Montoneros y a toda la juventud peronista. Ese día me perdí en el acto, cuando empezó la represión fueron tantas las corridas que me solté de la mano de mi tía y salí corriendo por la avenida asustado. Y me puse a llorar y una amiga de mi tía me encuentra. Ella estaba toda ensangrentada, golpeada y también lloraba. Y con ella subimos a un colectivo de la gente de Rosario y volvimos a la ciudad. Al llegar a Rosario mi padre me retó muchísimo. Y se enojó con mi tía: "me tenés podrido con el Peronismo. Lo único que me falta que me hagas Peronista a mi hijo". Yo era Peronista ya, y lo sentía en la piel. Mi viejo me llevaba a la cancha de Newell's y mis abuelos a la básica. Era fanático de Newell's, y muy Peronista en mi inocencia. La amiga de mi tía desde ese día de 1974 se transformó en una "madre". Tenía 34 años, mucho más grande que mi tía, y era una rubia hermosa y muy comprometida con el Peronismo revolucionario. Era hija de un juez federal que también era Peronista. En los ochenta la encuentro a la amiga de mi tía en Humanidades, era docente de Literatura y fue mi amante por varios años. Tenía 26 años más que yo pero fue una de las mujeres que más me marcaron en mi vida. Y todavía me acuerdo de ella. Estuvo presa del 76 al 78. Cuento estas cosas para comprender esos años de la Argentina. Años duros y nefastos y a su vez muy bellos, porque la juventud estaba comprometida con una causa: la patria socialista y Peronista. Recuerdo a esta chica porque soy Peronista de alma por ella. Me enseñó todo y me hizo comprender que el Peronismo es el único camino para el país. No hay otro. Alejandra se llamaba, y digo se llamaba porque se suicidó en los noventa. Pero de eso no quiero hablar, hubo muchos suicidios de amigos míos y es algo que me persigue como un camino que no tiene final. Y a veces me pongo a pensar que el Proceso mató no solamente lo físico, sino también mató la felicidad del pueblo. Y sobre todo la felicidad de una generación comprometida. Y Alejandra, que fue uno de mis cuatro grandes amores, me marcó sexualmente e intelectualmente. A veces pienso por qué nunca tuve un amor de mi edad. Siempre o mucho más grandes o mucho más jóvenes. Y eso lo marcó esos años en los cuales se marcó a, fuego el destino del país y de toda una generación, porque mi generación (los que pasamos los 46 años) éramos niños y también vivimos la represión, pero viéndola con ojos de Infantes. Después en los noventa tuve otra novia también llamada Alejandra, quizás buscando a la otra Alejandra ya muerta.
Pero volviendo a esos años, recuerdo 1974 porque Newell's salió campeón y por ese 1 de mayo, que definiría el futuro del país. En 1975 Isabelita, por orden de la Triple A de López Rega, prohíbe a Montoneros. Mi tía se asusta mucho y me manda a un campito a quemar unos 200 libros de marxismo y Peronismo. Esa fogata marcó mi amor por los libros. De grande traté de buscar esos libros en librerías de viejo. Y así me formé una biblioteca especializada en Historia y Antropología y Literatura, mis grandes pasiones. Mi tía y su esposo estaban mal, yo los veía tristes. Comprendía y no comprendía a su vez. No veía el futuro como ellos sí lo veían. El esposo de mi tía un día llega nervioso y le dice a mí tía: "están matando compañeros". Yo lo escucho y pregunto el por qué: "porque piensan diferentes". Yo no comprendí, era un niño y no comprendía que se pudiera matar a alguien porque pensaba diferente. Y era 1975, año que se asesinó a miles de Peronistas y militantes de izquierda. Llega 1976, y un día en la cancha de Newell's veo a la policía obligar descolgar una bandera de Montoneros. Y llevarse a unos muchachos. Después me enteré a los años, por un amigo mucho más grande, que eran veinte jóvenes peronistas de Newell's que se llevaron y lo cagaron a puñetes y torturaron. Dos murieron en la tortura. Mi padre estaba muy enojado con mi tía, y le decía que ella iba a traer problemas. Mi viejo es anti Peronista fanático. Odia a Kristina y a Perón. Pero lo amo con toda mi alma. Es un radical un poco de derecha, de ese radicalismo gorila de Balbín y para mi padre "el Peronismo es la desgracia del país". Mi familia está dividida, por mi madre todos peronistas, por mi padre todos radicales o socialista del PSP. Pero mi tía era muy Peronista. Y mis abuelos maternos ultras peronistas. Lo vi llorar a mi abuelo en el velorio de Perón. Y lo vi a mi abuelo materno a punto de bajarlo de un puñete a mi otro abuelo que era un anarquista anti peronista. Pero son cosas que pasaban en los setenta, otros tiempos de mucha pasión y grietas insalvables.
El 23 de marzo se olía algo raro. Mi tía llega a mi casa y le dice a mí madre: "algo va a pasar". El 24 voy a la escuela a las ocho y al mediodía al regresar a mi casa en el Ómnibus escolar veo a militares en el barrio obligando a la gente a meterse en las casas. Veo un tanque pasar por mi cuadra. Y mis abuelos espiaban por la ventana. Y en la TV la Junta daba su discurso golpista y muchos vecinos estaban contentos. Recuerdo al vecino de al lado verlo aplaudir al tanque. Y a  muchos vecinos agitar banderas argentinas. Desgraciadamente no tengo fotos de ese día que sirvan como documento en imágenes. Pero la memoria también es un documento histórico. Recuerdo la tristeza. Recuerdo el genocidio de estado como si fuera ayer nomás. Recuerdo ver desaparecer a amigos de mi tía. Recuerdo el día que mi tía y su esposo se fueron del país para salvar sus vidas. Recuerdo el Mundial 78 y el grito de campeón, mientras miles de argentinos eran torturados y asesinados. Recuerdo el rostro de Videla en la TV. Recuerdo a Galtieri en el 82. Recuerdo Malvinas. Recuerdo el dolor y la angustia, y sobre todo recuerdo el miedo a que te lleven. Recuerdo "un país derecho y humano", esa calco que muchos pegaban en los autos. ¡Recuerdo tantas cosas!!!! Recuerdo a Alejandra, a las dos Alejandras, y por un destino de mierda que me persigue, recuerdo dos grandes amores y como una casualidad de la vida las dos se suicidaron. Y no tengo miedo ni vergüenza de hablar del suicidio, porque el suicidio muchas veces es el único escape a la angustia de vivir en este mundo de mierda.

Fabián Ariel Gemelotti

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