EL AMOR LIBRE
(POR: FABIÁN ARIEL GEMELOTTI)
El amor es la gran preocupación del hombre como género humano a lo largo del tiempo. Sin amor no hay vida, y la vida está armada a la medida del amor. Todos necesitamos amar y ser amados, en dosis de ternura y necesidades de carne. El amor es sexo y ternura. Pero también el amor es posesión y muchas veces termina ahogando a los que aman.
No es un concepto meramente de la psicología o de las ciencias ocultas o religiosas, porque simplificarlo a esos parámetros es reducir al amor a algo unitario de los valores de los procesos economicos de los pueblos. Hay que hablar de dos clases de amor: el amor en su pureza de la carne. Y el amor regido por los valores culturales de los pueblos. El hombre primitivo no se regia por la propiedad privada y no tenía un estado que regulara sus valores y sus sentimientos. Vivía en la naturaleza y tomaba lo que necesitaba para sobrevivir. No había lucha por el poder entre los hombres, porque no había clases sociales y la naturaleza era de todos y todos consumían por igual. No había un amor unitario de parejas y los niños eran del clan. No existía la noción de padre ni de madre. Los bebés nacían y eran criados en conjunto por todos. El amor era libre, porque el sexo no estaba regulado por la propiedad privada ni por los valores que el Estado depositaba sobre los individuos. Con el estado el hombre pierde esa libertad de la comunidad, y surgen las clases sociales: el rico que posee tierras para la labranza y el funcionario estatal que regula la vida jurídica de los ciudadanos. Surge el amor como concepto de clase. Cuando el hombre descubre (y es un proceso de miles de años para llegar a este punto) que puede usar a otro hombre para que trabaje la tierra y unir fuerza con los de su misma condición, surgen leyes y el Estado. Un monarca se hace cargo de la nueva comunidad. Y surgen jueces para regular la ley y concejos de ancianos y una clase burocrática que vivirá del trabajo del campesinado. Surge el comerciante, que venderá los productos elaborados por los trabajadores. Surge la acumulación como bien tangible de riqueza de unos y el empobrecimiento de otros. Surge la desigualdad entre los hombres. Ya el hombre se someterá a la voluntad de la clase dominante, porque hay leyes que regulan su vida cotidiana. Y surgen dioses y un concepto elaborado de la religión. El sacerdote se comunicará con el dios supremo de las leyes morales, y esa moral religiosa creará una hegemonía de conciencia que creará culpas y valores de vida. El amor pasará de ser libre a ser regido por los valores morales religiosos y a las leyes de la clase dominante. Los egipcios tenían una moral muy rígida. Y el faraón era el dios encarnado en hombre. El esclavo era un objeto, una posesión como si fuera un mueble o un perro. Y el ciudadano pobre no tenía derecho a un amor puro, se unía en un amor por necesidad de clase. La clase dominante se casaba entre sí, porque era la forma de mantener a una clase dominante alejada del pueblo.
El amor estaba entrelazado por la cuestión de pertenencia. El monarca decidía cómo se amaba. El amor en su esencia erótica y carnal sufría el marillo cerebral de la moral del pueblo.
El hombre se hace esclavo de su fe religios.
(Continuará)
Fabián Ariel genelotti
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