jueves, 11 de febrero de 2021

La pendeja

Pendejas

(f.a.g.)

Después de los cuarenta y tanto te empiezan a gustar las pendejas. Es así y no hay vueltas que darles. Tu cabeza ya no aguanta a mujeres de tu edad. No aguanta escuchar quejas y quejas de mujeres que hablan de hijos y ex maridos. Uno quiere coger nada más, gozar y ser libre en lo posible. Uno quiere una piel suave, un culo firme y unas bien paraditas tetas, naturales. Uno quiere ser padre y no hijo y no hermano. Uno quiere ser amante y que los cuerpos gocen. Es así y siempre fue así.
A las mujeres les pasa lo mismo. Una amiga con la cual una vez algo hubo, algo sin amor simplemente un momento en el universo de la vida de cada uno. Mi amiga tiene 45 años y la vi hace unos días y me contó que está cogiendo con el hijo de una amiga. Como sabe que estudié Historia y Derecho y estuve diez en pareja con una psicoanalista y me gusta la Psicología me confiesa con temor. "¿A vos te gusta coger con ese pendejo?", le digo con mucha seriedad. "Mi marido desconfía de algo", me dice con cara afligida. Su marido es un gordo comerciante muy conocido en Rosario. Un hijo de puta y soberbio. Me pone contento que esta mina se eche sus buenos polvos con un pendejo de 25 años. El pendejo se la clava bien adentro. Eso es así. Siempre fue así. También he clavado viejas a los 20, especialmente a la esposa de un jefe maltratador laboral que tuve.
Es la vida así. El hombre envejece y la mujer también. Todos queremos carne fresca. Todos queremos seguir viviendo. Que nuestros cuerpos sigan activos y las tetas, y las vergas y los culos necesitan lenguas nuevas y deseosas del sabor. No todos los hombres saben meterse abajo y chupar ahí. No todas las mujeres saben cabalgar.
El sexo es vida. Chupar, meterla, coger en el suelo y de parado en la ducha y en cuatro y de todas formas. Coger es hermoso. ¿Por qué privarnos de coger?
He salido con muchas pendejas y me la ponen al palo. Hace un tiempo conocí una pendeja de 19 años, flaquita, rubia teñida de pelo corto y un culo hermoso y unas tetitas sabrosas. Y mimosa como ninguna. Se me acuesta en el pecho y duerme y yo le acarició el culo y meto mi mano en su concha y así nos dormimos. Se excita con las chupadas de tetas y esa concha se abre mojada como ninguna. Nos gusta coger en la ducha y ese orto hermoso lo pone ahí y desde atrás la tiro contra la pared y entro en la obscuridad. La tengo al palo. Así podemos estar mucho tiempo.
Es así la vida. Es lindo coger. Pero más lindo es cogerse carne fresca y que la leche termine en su boca y se la trague toda.

Fabián Ariel Gemelotti
(Este escrito forma parte del libro inédito: Me gusta que se traguen la leche, relatos pornográficos 2021)

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